Una paloma en un parque.

Una paloma en un parque. Istock

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Científicos lo confirman: las palomas pueden reconocer a las personas y distinguen las caras "familiares y desconocidas"

Ignoradas y marginadas por la sociedad, estos animales esconden una inteligencia refinada, al igual que otros mamíferos.

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En las calles de muchas ciudades europeas, la escena es siempre la misma: bandadas de palomas picotean migas de pan mientras la gente pasa sin prestarles demasiada atención.

Sus plumas grises nos espantan, porque nos han educado a creer en que son portadoras de enfermedades y siempre hemos interpretado sus roles como insignificantes dentro de nuestra sociedad.

Pero, no es así. Estos animales marginados por la sociedad, esconden unos hábitos sanos y una inteligencia refinada, al igual que otros mamíferos.

Los científicos de Comunidad Biológica revelan que detrás de esa imagen rutinaria se esconde una capacidad que no podíamos imaginarnos: el reconocimiento individual de personas a través del rostro.

El experimento de Paris

Un experimento realizado en París puso a prueba esta sorprendente habilidad. Dos investigadoras comenzaron a visitar de forma regular un mismo parque. Eran similares en edad, complexión y tono de piel, pero vestían con batas de colores distintos para facilitar su identificación a simple vista.

Durante varios días, ambas se acercaban a las palomas, pero con comportamientos bien diferenciados: una se limitaba a alimentarlas de forma tranquila, mientras que la otra las ahuyentaba y espantaba de manera insistente.

Sin necesidad de sofisticados dispositivos, el propio espacio público se convirtió en un laboratorio a cielo abierto. Pasado un tiempo, las reglas del juego cambiaron. Las dos mujeres regresaron al parque, pero esta vez ninguna de ellas espantó a las aves.

Caminaron entre las palomas sin gestos agresivos, como dos paseantes más. La reacción de los animales, sin embargo, fue reveladora: evitaban con claridad a la persona que antes las había perseguido, mientras se mostraban mucho más confiadas ante la que había sido "neutral".

Un recuerdo vivo

El recuerdo del trato recibido seguía muy vivo. Para descartar que las aves se guiaran únicamente por detalles superficiales, las investigadoras dieron un giro más al experimento: intercambiaron sus batas de colores.

Si las palomas se fijaban sobre todo en la ropa, deberían haber cambiado también de "enemiga". Pero no fue así. A pesar del cambio de vestuario, continuaron evitando a la misma persona de siempre.

El mensaje era claro: las palomas no estaban reconociendo un color, sino a un individuo. Este comportamiento apunta a que las aves utilizan rasgos estables —como la cara o la forma general del cuerpo— para identificar a las personas.

No se trata solo de una reacción instintiva al movimiento o al tono de voz, sino de una memoria visual más compleja, capaz de asociar un rostro concreto con una experiencia pasada, buena o mala. En otras palabras, recuerdan quién las trató bien y quién las persiguió, y actúan en consecuencia.

Fotografías y pantallas

En paralelo, estudios de laboratorio han reforzado esta idea utilizando imágenes y vídeos. En ellos, las palomas aprenden a distinguir entre caras humanas "familiares" y "desconocidas", y responden de manera diferente según hayan visto esa cara antes o no.

A través de fotografías y pantallas, estas aves demuestran que pueden trabajar con representaciones bidimensionales de rostros y, aún así, mantener la capacidad de reconocer a individuos concretos, algo que hasta hace no mucho se consideraba propio de cerebros mucho más grandes.