Un niño con un lagarto.

Un niño con un lagarto. Istock

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Alerta y preocupación por la presencia de animales prohibidos en España: reptiles ilegales de más de 2 kilos

La nueva Ley de Bienestar Animal prohíbe la tenencia de estos animales que nunca deberían salir de su hábitat natural para vivir en domesticación.

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En España, la presencia de reptiles prohibidos de más de dos kilos se ha convertido en un motivo creciente de alerta y preocupación. No se trata solo de una cuestión de "mascotas raras", sino de un problema que mezcla seguridad ciudadana, bienestar animal y protección del medio ambiente.

Cada vez que aparece en los medios la noticia de una pitón abandonada en un río, un varano suelto en una urbanización o una iguana de gran tamaño en un parque, aflora una realidad incómoda: hay muchos animales que nunca deberían haber salido de su hábitat natural para acabar en un salón, una terraza o un trastero.

La normativa actual en España va en la dirección de cerrar la puerta a este tipo de tenencias. La Ley de Bienestar Animal, junto con el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras y otras normas complementarias, delimita qué animales pueden ser considerados de compañía y cuáles quedan directamente prohibidos.

En el caso concreto de los reptiles, se establece la prohibición de mantener como mascotas a los ejemplares venenosos y, de forma general, a los reptiles que superan los dos kilos de peso en la edad adulta, salvo algunas excepciones muy concretas como ciertas tortugas.

Esto afecta a muchas especies de serpientes de gran tamaño, como boas y pitones, a grandes lagartos, iguanas y varanos y a otros reptiles exóticos que, hace no tantos años, se ofrecían con relativa normalidad en tiendas especializadas o a través de venta online.

Más allá de lo legal

El problema no es solo legal. Estos animales requieren instalaciones específicas, espacio suficiente, control de temperatura y humedad, dietas adecuadas y atención veterinaria especializada. En manos inexpertas, un reptil grande puede convertirse en un riesgo para las personas que conviven con él y para quienes tengan que intervenir si algo va mal, desde veterinarios hasta agentes de emergencias.

Cuando crecen más de lo esperado, se vuelven difíciles de manejar o sencillamente dejan de resultar "atractivos", la salida fácil, y por supuesto ilegal, ha sido demasiadas veces el abandono en el medio natural. Ahí comienza otro conflicto: la posible conversión de estos animales en especies invasoras que compiten con la fauna autóctona, depredan sobre aves, anfibios o pequeños mamíferos, y alteran ecosistemas que ya están bajo presión por otras causas.

Ante este escenario, las autoridades han intensificado las inspecciones y las campañas de concienciación. Cuerpos policiales, unidades especializadas y agentes medioambientales realizan intervenciones en domicilios, naves industriales o espacios públicos donde se detecta la presencia de reptiles ilegales.

Cada decomiso, además de un alivio inmediato para la seguridad, termina revelando una cadena más larga: importaciones irregulares, tráfico de especies, desconocimiento de la normativa y una cultura de la "mascota exótica" que todavía no se ha superado del todo.

Las sanciones no son menores: la tenencia, cría o comercio de animales prohibidos puede acarrear multas que van desde cantidades moderadas en los casos menos graves hasta cifras muy elevadas cuando hay riesgo para las personas, reincidencia o daño al medio ambiente.

Un cambio de modelo

El debate de fondo apunta hacia un cambio de modelo. En lugar de listas interminables de especies prohibidas, cada vez cobra más fuerza el llamado "listado positivo": un catálogo cerrado de animales que sí se pueden tener legalmente como mascota, bajo determinadas condiciones.

Todo lo que no esté en ese listado, incluidos la mayoría de reptiles de gran tamaño, se considera no apto para la vida en un hogar. Esta lógica pretende cortar de raíz la llegada constante de especies nuevas al mercado doméstico, reducir el número de abandonos y aliviar la presión sobre los centros de rescate y los ecosistemas.

Al final, la alerta por los reptiles ilegales de más de dos kilos es solo la punta visible de una reflexión más amplia: qué tipo de relación quiere mantener la sociedad con los animales, y hasta dónde es razonable llegar en nombre de la afición por lo "exótico".