Nuria, en el banco gigante de Istán, el primero que se colocó.

Nuria, en el banco gigante de Istán, el primero que se colocó. CEDIDA

Turismo

De la política a los miradores: Nuria Rodríguez y la ruta de bancos gigantes que revoluciona el turismo rural

La exdelegada de Turismo de la Junta en Málaga lidera desde Agrobroker una red de 33 bancos gigantes de madera en miradores y plazas para impulsar la economía de los municipios.

Más información: Árchez (Málaga) se suma a la ruta de los 'bancos gigantes' con un asiento de 2,3 metros de altura

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Las claves

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Nuria Rodríguez, exdelegada de Turismo, es la creadora de la Ruta de los Bancos Gigantes, una iniciativa que impulsa el turismo rural en Andalucía.

Los bancos gigantes, de madera y cuatro metros de ancho, están ubicados en 33 lugares de Málaga y otras provincias, atrayendo a miles de visitantes.

El proyecto busca que las visitas para hacerse fotos se traduzcan en beneficios económicos para los pueblos, favoreciendo el comercio y la hostelería local.

Cada banco mantiene un diseño único, con toques personalizados por cada municipio, y pronto estarán conectados mediante códigos QR e información turística.

Si has pateado los pueblecitos de la provincia de Málaga y alrededores en los últimos años, es casi imposible que no te hayas cruzado con alguno, pues no pasan inadvertidos.

Un banco gigante de madera de cuatro metros de ancho, encajado en mitad de un mirador, con una pequeña escalera en el centro para encaramarse y sacarse la foto que triunfa después en redes sociales.

Lo que muchos desconocen al posar para la cámara sentados en estos divertidos bancos es que detrás de esas imágenes virales no hay solo una idea de marketing por parte del municipio que los coloca, sino la firma de una expolítica: Nuria Rodríguez, exdelegada de Turismo de la Junta de Andalucía en la provincia de Málaga y creadora de la Ruta de los Bancos Gigantes.

"Mucha gente puede pensar que es simplemente un banco grande y por eso llama la atención. Pues no: el banco es solo la excusa para que vayas a visitar el lugar; luego la verdadera experiencia te la llevas allí", expresa Nuria, en conversación telefónica con EL ESPAÑOL de Málaga, muy orgullosa de todo lo conseguido con su proyecto y de la mano de una empresa 'made in Málaga': Agrobroker.

La historia de los bancos gigantes arrancó a finales de 2022. Tras cerrar su etapa institucional en la Junta, fichó por Agrobroker, una empresa de Antequera especializada en madera. Aceptó el puesto dedicado a las relaciones institucionales, pero con una condición innegociable que le trasladó a su jefe: "Acepto, pero tengo que seguir aportando mi pequeño granito de arena a los pueblos".

Pero aún no había pensado cómo hacerlo. La bombilla se encendió durante una reunión con un alcalde que la retó a inventar algo en madera donde la gente pudiera sentarse. Rodríguez recordaba haber visto en redes sociales algo parecido en otros países —un diseñador italiano comenzó a montarlos en 2010—, aunque jamás los había visto en persona.

Se pusieron a diseñar sobre el papel. La primera idea llevaba unos troncos para trepar, pero a Nuria se le ocurrió pedirle a los carpinteros que tallaran unas pequeñas lascas para disimular la subida y que no se notara el esfuerzo al posar. Cuando le trajeron la muestra al taller, lo tuvo clarísimo: "¡Dios mío, si esto parece un robot! No es lo que yo quiero".

Nuria, en Árchez.

Nuria, en Árchez. Cedida

Así fue fraguándose la forma de banco. El diseño final incorporó una escalera muy estrechita en el centro. Y no fue por casualidad: querían evitar que la gente, sobre todo los niños, subieran y bajaran como en un columpio de parque infantil, dejando el paso justo para sentarse para la foto. "Tenía que ser grande para que la gente se subiera y se sintiera especial. Las fotos quedan chulas porque pareces diminuto", recuerda. El primer banco vio la luz en febrero de 2023.

Lo que empezó como un proyecto para Málaga pronto se extendió por Granada, Sevilla, Jaén o Córdoba hasta convertirse en una ruta en toda regla. Hoy suma ya 33 ubicaciones repartidas principalmente entre rincones rurales y miradores de interior, pero también ciudades y pueblos costeros: desde Manilva, Benahavís, Istán, Benalmádena, Cártama, Alozaina, Montecorto, Arriate o Fuente de Piedra, pasando por el distrito de Campanillas en Málaga capital, Coín, Cuevas del Becerro, Almargen, Cuevas de San Marcos, Rincón de la Victoria, Villanueva del Trabuco, Casabermeja, Canillas de Aceituno, Sierra de Yeguas, Torremolinos, Ojén e Igualeja. La huella de la ruta alcanza también La Herradura y Almuñécar en la costa granadina, la Alpujarra en Ferreirola y Capilerilla, o municipios como Lora del Río en Sevilla y Porcuna y Jamilena en Jaén.

Chavalería en uno de los bancos.

Chavalería en uno de los bancos. Cedida

Además, el proyecto ha saltado las fronteras andaluzas con instalaciones en Torrebaja (Valencia), Riosa (Asturias) y, en las próximas semanas, Salamanca. Uno de los que más le emocionan está en Calaceite (Teruel), donde no lo levantó un ayuntamiento, sino una almazara local: "Lo han colocado en mitad de un olivar con ejemplares de 400 años de historia. Es para morirse de bonito", expresa.

Esa vocación por conducir hacia los pueblos, disfrutando de sus paisajes, no le viene de nuevo. En su etapa en la administración ya recorría los municipios de la provincia. Recuerda con una sonrisa cuando llegaba a un pueblo y el alcalde le decía que "era la primera vez" que venía un delegado de Turismo. "Les preguntaba si creían que podían tener visitantes y, cuando dudaban, siempre les decía: 'No nos pongamos techo. Si un alemán llega a Madrid y en un salto se planta en Andalucía, ¿le vamos a poner nosotros puertas al campo?'".

Esa misma filosofía sostiene la ruta hoy y toda su forma de trabajar. La estructura es fácilmente vendible en los tiempos locos que corren, según relata Rodríguez: "Hoy llevamos la vida muy deprisa. Un banco casi te obliga a sentarte, te para y te invita a disfrutar del paisaje". El objetivo final es que esa parada para la foto se traduzca en economía real para el municipio que lo coloca: consumiciones en el bar, compras en la tienda local o noches de hotel para disfrutar de su encanto.

Uno de los casos de mayor éxito es el de Jamilena, en Jaén, cuyo alcalde la llamó profundamente emocionado: "Me dio las gracias porque hoy Jamilena recibe miles de visitas y llevan el banco a las ferias de turismo como su gran reclamo. Se cumple el objetivo de verdad".

Un señor mayor sentado en uno de los bancos de la ruta, en Alozaina.

Un señor mayor sentado en uno de los bancos de la ruta, en Alozaina. Cedida

La ruta de los bancos gigantes ha generado bonitas historias de viajeros. Como la de Ana, una mujer asturiana que contactó a Nuria por redes sociales tras recorrer los bancos de la Costa del Sol. Cuando Rodríguez le adelantó que iban a colocar uno en Asturias, Ana esperó a su instalación, viajó hasta Riosa y le envió un vídeo del momento: "¡Se está haciendo la ruta de punta a punta! Es un encanto", asevera.

Eso sí, entrar en el mapa no es cuestión de comprar mobiliario urbano sin más. Nuria tiene claro que el objetivo de Agrobroker y la ruta "no es poner bancos por poner". Exigen unos cimientos de hormigón para garantizar la seguridad y que cada ubicación tenga un paisaje o una historia que contar.

Todos los bancos son físicamente idénticos: 4 metros de ancho por 2,40 de alto, con el asiento a 1,30 metros del suelo para que las piernas queden colgando en el aire. La madera es la única protagonista entre sus materiales "por su sostenibilidad y por cómo mimetiza con el entorno rural".

Cada municipio le da luego su toque: en Arriate, el pueblo del amor, lo han decorado con pintura, pudiéndose leer "Enamórate, estás en Arriate". Pegado a Ronda y poco conocido hasta hace poco, su banco acumula peticiones de mano, reportajes de boda, apariciones en televisión...

"Hay quien le ha puesto eslogan, quien los pinta... Yo les voy dando recomendaciones para que queden cada vez más bonitos", indica. Pronto incorporarán, además, explica Nuria, una chapa con un código QR para enlazarlos todos. Muchos de ellos tienen al lado un panel con información turística del pueblo. El de Ojén, por ejemplo, añade un hashtag para compartir las fotos que se saquen los turistas y vecinos en redes: #OjénElParaíso.

Nuria, en otro de los bancos.

Nuria, en otro de los bancos. Cedida

Rodríguez cuida la esencia del diseño de sus 'hijos de madera' con mucho cariño. Con la escalera más ancha que instalaron en el municipio malagueño de Cártama mantiene su particular batalla: "Si lo pones tan fácil, pierden la gracia. La gracia es ver cómo te las apañas para subir".

Si le preguntan por su favorito, se niega a elegir: "Es como preguntarle a una madre a cuál de sus hijos quiere más". Por ellos han pasado familias enteras, bebés y personas de más de noventa años. Recuerda con especial cariño a un vecino mayor al que ayudó a encaramarse en uno de los pueblos: "El día que vi a ese hombre subir, me di cuenta de que allí se sube todo el mundo: objetivo conseguido.

Para Nuria, el proyecto es la prolongación natural de lo que ya hacía en la política, uniendo lo público y lo privado sin perder la cercanía. De hecho, muchos de los alcaldes con los que se reunía como delegada la reciben hoy como trabajadora del ámbito privado: "Me dicen siempre que no he cambiado, que sigo siendo la misma; y me alegra".

Parte de una familia de autónomos, conoce de primera mano el esfuerzo titánico que cuesta levantar un negocio en un pueblo. Y aunque reconoce que lo pasó muy bien como delegada, sigue siendo muy feliz en su nueva vida, donde "el éxito" sigue estando en lo más humano y orgánico, como siempre ha disfrutado: "No hay regalo más grande que con tu trabajo a un comercio local le resulte más fácil subir la persiana o que un pueblo comience a recibir visitantes; como delegada y en Agrobroker sigo trabajando bajo el mismo lema".