Alberto Toval, ajedrecista profesional, en Calle Larios.
Jaque mate a la soledad: así se organizan las partidas de ajedrez en los bancos de Calle Larios
Es una iniciativa altruista que reúne a curiosos y aficionados para fomentar la interacción fuera de las pantallas.
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Todo empezó en 2020 y con una persona: José Antonio Sánchez. Iba solo con un tablero de ajedrez a un banco de Calle Larios y esperaba a que alguien se sentara con él. Fruto del interés de los viandantes, compró un par de tableros más y, a los pocos meses, el fenómeno de jugar en plena calle ya ocupaba un banco entero con tres tableros.
A finales de 2023, llegó Alberto Toval, ganador del Open Internacional de Nuevas Generaciones en 2014 y fundador de la escuela de ajedrez Chesscul. Forjó una buena relación con el organizador y empezó a ayudarlo. Poco después, fundó su propia escuela y unieron fuerzas: “La combinación del ajedrez social de la calle con el ajedrez terapéutico fue un combo perfecto”. Tras el fallecimiento de Sánchez en 2025, diez administradores se han hecho cargo de la gestión.
“Calle Larios fomenta la interacción social y sirve para que la gente desconecte no solo de las pantallas, sino de sus problemas o enfermedades”, comenta Toval, que es pionero en la aplicación del ajedrez terapéutico en personas con patologías o enfermedades específicas, como el Parkinson. “Ayuda tanto a niños como a adultos a salir del entorno digital y conectar con los demás”.
Esta práctica no solo se lleva a cabo en Málaga; otras capitales europeas ya la han promovido, pero es raro verlo en la arteria principal de una ciudad: “En Madrid se juega en El Retiro, pero en una cabaña muy escondida, no tiene la visibilidad de Calle Larios. Lo que hace especial a Málaga es que está de cara al público, en plena ruta turística”.
El aporte de Chesscul es esencial para traer materiales, como tableros o piezas, y ayudar económicamente cuando hace falta. La meta es promover el ajedrez en Málaga como herramienta de beneficio social.
“Ahora hay nueve tableros, dieciocho sillas y unos cinco o seis relojes. Cuando falta material, contribuye la escuela o hacemos una colecta en un grupo de WhatsApp de unos 500 miembros”. Cada día se organizan entre diez administradores para decidir quién monta y desmonta.
Nadie está excluido y cualquiera puede jugar. “Se reúne gente de todos los niveles: turistas que pasan, personas que no saben nada, jugadores de competición y aficionados de toda la vida. Nuestra labor principal es promover el juego, así que si vemos a alguien que no sabe, le enseñamos los movimientos básicos”. La gran mayoría está dispuesta a aprender tácticas y estrategias y, a base de estudio y práctica, se puede obtener una gran soltura.
“Hay algunos que quedan para jugar online, organizan quedadas para torneos de partidas rápidas o incluso acaban uniéndose a clubes. Hay un núcleo de personas que va casi siempre y se conocen entre ellas, pero siempre llega gente nueva”.
Lo valioso es que los motivos por los que cada uno juega son diversos y nunca se sabe quién hay enfrente; puede ser un profesional o un principiante que ni siquiera sabe para qué sirve cada ficha. Cualquiera puede ganar.
El tiempo de la partida depende del jugador y el ritmo que prefiera. Hay quienes prefieren partidas cortas de cinco o diez minutos y quienes pueden estar una o dos horas con una sola. “Los ritmos rápidos requieren reflejos y táctica; los lentos permiten más estrategia y planificacióna largo plazo”.
Altruista pero con poco apoyo institucional
Con estas partidas no se busca una contraprestación económica, solo dar una buena imagen de este deporte. “Muchos niños empiezan a jugar y se pueden dar cuenta de que es lo que realmente les apasiona”. También interesa que las personas con patologías se beneficien del ajedrez y tengan un sitio donde jugar. El único beneficio es la satisfacción de ayudar.
Según Toval, el papel del Ayuntamiento de Málaga en este sentido es escaso. “No nos ponen problemas para usar los bancos, pero tampoco hay una financiación o un apoyo activo”. Ayudaron a buscar un sitio y el alcalde se ha sentado a jugar alguna vez, pero los organizadores echan en falta más apoyo institucional.
Aunque José Antonio ya no está para mover las piezas, su tablero sigue abierto para cualquiera.