Si toda sociedad debe dotarse de un sistema o modelo en el que mirarse para avanzar, deberá hacerlo también la ciudad que quiera progresar. Al debatir y pensar a veces se confunde lo mejor con lo equidistante.

Cómo si entre frío y caliente, la mejor opción siempre fuera lo tibio, cuando la cerveza sabe mejor cuanto más fría y el café más bien caliente.

No defender una idea, se entiende a veces como ser equilibrado. En este deseo de ser correcto el pensamiento urbano de hoy toma partido por lo templado, por lo ambivalente.

Se gusta a sí mismo equidistante entre la ciudad compacta y la ciudad abierta, a favor y en contra de la trama ordenada, ambiguo entre la ciudad y la no ciudad.

La ciudad que no está muerta crece por naturaleza. Nuestra ciudad está muy viva, crece a ojos vista. Es bastante probable que experimente una transformación brutal en los próximos 40 años. Sin una pauta clara que encauce su crecimiento, quedará como un buque sin rumbo, su devenir será su deriva.

La ciudad radiante fue un modelo de ciudad proyectada por le Corbusier para un crecimiento ordenado. Una apuesta por una ciudad abierta en oposición a la ciudad histórica, donde la calle tradicional no estaba bien vista.

A pesar de sus defectos sirvió para ordenar el crecimiento rápido de ciudades, en los años 60, garantizando que los rayos del sol penetrasen en el interior de sus edificios sin calles. Este modelo fue aplicado a ciudades de todos los climas, aunque en ellas el soleamiento no fuera una necesidad.

En Málaga es obvio que el interior de nuestras casas precisa poca exposición al sol, para ser habitable. La ville radieuse, además de sanear interiores, tenía como objetivo el plano libre, dejar
el suelo siempre libre y despejado al caminante.

Sin embargo, aquí para urbanamente caminar largo, precisamos aceras arropadas de edificios que nos regalen sombra. El plano libre, no es modelo para el crecimiento de Málaga, tampoco la trama reticular.

Nuestra ciudad ha crecido sin una trama clara como Barcelona que asegura un crecimiento equipotencial, es decir con las mismas posibilidades en muy distintos puntos. Tampoco dispone de un callejero antiguo ordenado, que le pueda servir de apoyo para extenderse y absorber a núcleos vecinos como hizo Barcelona con Badalona y Mataró o Madrid con Carabanchel y Vallecas.

Hubo un tiempo que la vida de Málaga se iba camino de la Costa y apostó por edificar junto a los arcenes de la carretera de Cádiz.

Aquel camino edificado ha devenido con el tiempo en un barrio reordenado, siendo de los más valorados por los malagueños. De la misma manera la ciudad se alargó camino de Almería, edificando el Palo y el Rincón de la victoria ciñéndose al recorrido de la antigua N-340.

Málaga creció sin orden establecido apoyándose en sus caminos de Almería y de Cádiz. Puede que no tenga otra manera de crecer: cabalgar sobre las carreteras de Cártama, Alhaurín, Almogía y Colmenar.

Ese crecimiento histórico y natural que es la edificación de sus caminos, puede ser base o principio de su reconsideración como ciudad.

Tiene un esqueleto de caminos, una estructura radial que puede ser la base desde dónde proyectarse hacia el futuro. Málaga no puede ser una ville radieuse a la manera de le Corbusier, pero sí puede ser una ciudad radiante.