Una imagen de Silvia Melero sujetando uno de sus vestidos.
Silvia Melero, 20 años convirtiendo a cada novia en la Gioconda: "Hemos sido hormiguitas trabajando"
La propietaria de la tienda de novias de calle Compañía repasa dos décadas de trato cercano y esfuerzo cargas de anécdotas, lágrimas y muchas alegrías.
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En tiempos en los que parece que miremos más al móvil que a los ojos de la persona que nos importa, sorprende el trato cercano que da Silvia Melero cuando entras a La Gioconda. Cuando cruzan la puerta, las desconocidas que le dan su confianza para vestirse de novia pasan a convertirse en parte de su familia. La malagueña cumplió este verano 20 años al frente de la histórica tienda de novias y fiesta de calle Compañía, un hito trascendental que se comprende con solo conocerla unos minutos. Se preocupa por sus clientas. Las escucha. Las abraza y se asegura que estén brillantes en el día más feliz de sus vidas.
Hace más de dos décadas, Silvia Melero se probó su propio vestido de novia y algo no le terminó de encajar. Quería que se le vieran las clavículas y que luciera el colgante que su abuela le regaló. En la tienda le dijeron que no, que el diseño no se podía tocar y que así "quedaba bien", la intentaron convencer de ello. Pero sin éxito. Se llevó el traje a casa, llorando, y acabó modificándolo con su modista, Loli. De aquel desencuentro, nació La Gioconda, donde Silvia quiso verter todo aquello que no le dieron en un momento tan importante para ella.
Lo que empezó siendo un local pequeñito, con un solo probador, es hoy un negocio con más de una decena de trabajadoras y que trabaja con reputados diseñadores nacionales e internacionales que le han hecho crear una importante cartera de clientas repartidas por toda España.
Pero antes de embarcarse en esta aventura, Melero vivía en Alemania y se dedicaba a otra cosa radicalmente distinta: el mundo del turismo. Hablaba alemán e inglés y trabajaba para un turoperador. "Estaban contentísimos conmigo", recuerda.
La vida le dio un giro cuando a su madre, dueña de la tienda de comuniones Bambino, se le puso enferma una empleada en plena campaña. Su jefe, Pedro, "más bueno que nada", le concedió un mes libre para ir a ayudar a la familia. "Yo te doy un mes, tú te vas y ayudas a tus padres, que la familia es lo primero", le dijo. Ella nunca volvió.
De aquellos años en Bambino dice que le quedó el gusto por el trato con el público y una intuición de lo que le esperaba en el futuro que no esperaba encontrar tan pronto. Vestir a niños de comunión, explica, es como un de ensayo de una boda en miniatura. "Las niñas de comunión eran y son pequeñas novias", resume, y añade que en aquella tienda familiar, gracias a su madre, cogió las tablas que después aplicaría en La Gioconda.
Silvia, en uno de los desfiles de novia.
Fue en ese mismo periodo cuando se casó y descubrió lo que no encontraba en ninguna tienda malagueña de novias. No era que la atendieran mal, dice, sino que le faltaba esa persona capaz de decirle "aquí se saca el mejor partido a tu cintura, aquí disimulamos el defecto que quieres tapar". Aquella indecisión suya, sumada al episodio del escote de su vestido, terminó de decidirla. "Pensé que podría dedicarle a la novia esa profesionalidad, ese asesoramiento que a mí me hubiera gustado tener", resume.
El nombre de la tienda no fue idea suya. Fue su padre quien lo propuso una tarde, buscando cómo llamarla. "¿Qué te parece la Gioconda de Silvia Melero?", le dijo. El apellido se acabó perdiendo por el camino, aunque el guiño al retrato de Leonardo da Vinci se mantiene hasta hoy en la puerta del baño de la tienda.
"Me convenció porque esa mujer fue la primera modelo que posó públicamente para un gran pintor", dice Silvia, que quiso trasladar esa idea a sus novias: que cada una se sienta especial y única el día de su boda, como una gran modelo o una princesa. Para los 20 años, la tienda ha estrenado además un nuevo logotipo y una nueva imagen, un rebranding.
La inauguración tuvo lugar en julio de 2006. Melero organizó un acto para familia, amigos y compañeros del sector, fotógrafos, videógrafos, las primeras wedding planners que empezaban a moverse en Málaga y organizadores de eventos con los que ya trabajaba codo a codo desde su etapa en la ceremonia infantil. Ella tenía entonces a su primer hijo pequeño, que aquel día jugaba gateando por el suelo, y estaba embarazada del segundo sin saberlo. "Si llego a saberlo, igual no sé yo si pongo todo esto en marcha. Tengo en casa un hijo que crece, literalmente, a la par que mi negocio", bromea ahora.
La primera novia a la que vistió fue su cuñada Lourdes, médica, que aunque llegó enamorada de un vestido de otra tienda, acabó eligiendo uno de los siete modelos que colgaban entonces de las perchas. Melero todavía se emociona al recordarlo. "Para mí eso fue un revulsivo, un empuje, un chute de energía y de seguridad", dice de aquella primera venta, en un momento en el que el negocio aún no se sostenía solo.
Reconoce que partía con cierta ventaja frente a otras emprendedoras del sector. Desde pequeña había acompañado a su madre a la Bridal Week de Madrid, entonces llamada Gaudí Novias, y a París a comprar colecciones que se traían literalmente en maletas, sin catálogos digitales ni pedidos por internet. "Era otro mundo", recuerda. Ese rodaje previo, dice, le permitió reconocer pronto cuándo el negocio empezaba a funcionar de verdad.
El local original se quedó pequeño enseguida. Melero alquiló primero el de enfrente y, cuando le ofrecieron por tercera vez el edificio donde está hoy la tienda, decidió instalarse allí de forma definitiva. En ese crecimiento fue determinante la llegada de Inmaculada, que venía de otras casas del sector, como Bárbara Novias. "Es mi motor, mi empuje, mi mano derecha", dice Melero de su encargada, y sitúa en su incorporación el arranque del crecimiento fuerte de La Gioconda.
El equipo de Silvia,
Del equipo habla con mucho orgullo. "Están contentas y están haciendo el trabajo muy bien, no se puede pedir más", dice, y añade que varias de las profesionales que se han incorporado con los años han llegado a jubilarse en la tienda. Ese dato, más que cualquier otro, es para ella la prueba de que el negocio funciona. "Estoy muy agradecida a mi equipo, eso quiero que lo digas. Estoy aquí gracias a ellas", insiste, y remata con que lo mejor que puede tener alguien en el sector empresarial es un equipazo como el suyo. Cree además que el sector desaprovecha el talento de las personas mayores de 50 años. "Hay muchas veces que son talentos impresionantes, de experiencia propia", lamenta, y pone como ejemplo a los países nórdicos, donde asegura que ese perfil sigue siendo el más buscado del mercado.
De la competencia en el sector nupcial malagueño habla sin rodeos. La describe como "leonina" en algunos momentos, con tiendas que abrían, veían que no vendían lo esperado y empezaban a tirar precios hasta forzar su propio cierre. "Nosotros hemos seguido como hormiguitas haciendo nuestro trabajo bien", resume, convencida de que bajar los precios por debajo de lo que exige mantener a un buen equipo solo lleva al cierre.
Sus ojos se empañan recordando cómo fue la fiesta del 20 aniversario del negocio. "Han venido tantas personas que quiero y que sé que me quieren, que me emociono. Hay diseñadores que han venido hasta Málaga, desplazándose desde Barcelona o Madrid solo para acompañarnos", relata muy emocionada.
El sistema de trabajo a medida es, según ella, lo que distingue a la tienda del resto de comercios nupciales del país. Explica que si una clienta se prueba un vestido de manga y quiere un escote de pico, la espalda más pronunciada o una sobrecola añadida, esos cambios se ejecutan en los propios talleres de los diseñadores, de forma que el traje sigue siendo una pieza de firma pero hecha al gusto exacto de quien lo lleva.
Silvia es muy amiga de Diana Navarro.
El perfil de la clienta ha cambiado también con los años. La tienda calcula que entre el 15 y el 20 por ciento de sus clientas es hoy extranjera, aunque Melero distingue con claridad entre perfiles. No es la turista de paso alojada en un piso turístico, precisa, "ese tipo de perfiles, en concreto, no nos gusta nada". Habla en cambio de la extranjera que viene a un hotel o a hacer turismo cultural, así como la que tiene en la provincia una vivienda y confía en la tienda para sus bodas. "Se puede ver en las reseñas que dejan en internet en inglés, alemán o hasta en sueco", manifiesta.
Del Centro de Málaga destaca la transformación que trajo, hace ya una década, el Museo Carmen Thyssen, y la asociación de comerciantes de la zona que nació a su alrededor.
Veinte años dan para muchas historias. Hay una novia, Maricarmen Macías, que durante un año entero se presentó todos los sábados antes de que abriera la tienda solo para preguntar por su vestido. "¿Cómo va mi traje? ¿Qué le queda? ¿Cómo está?", repetía sin faltar ni una semana, hasta que en la tienda acababan cediendo y probándoselo cada dos por tres. Hay también un vestido rojo, obra del diseñador Pepe Botella, que llevó una de las primeras novias que quiso salirse del blanco y que después repitieron para Diana Navarro, madrina de la tienda, amiga personal de Melero y a quien vistieron por primera vez precisamente con aquel diseño.
Y hay una boda que a punto estuvo de no empezar. Melero fue a vestir en casa a una novia, a su madre, a la madrina y a tres hermanas, ya que era una familia muy especial para ella. Al salir hacia la ceremonia, muertas de nervios, ninguna de las acompañantes de Melero lograban recordar en qué iglesia se casaba la novia. "Tuvimos que mover Roma con Santiago para que la madrina llegara, aunque tuvieron que retrasar la ceremonia un rato", cuenta entre risas. Desde entonces, lo primero que hace al vestir una novia en su casa es preguntar la dirección exacta, "por si se les va la olla", cuenta entre risas.
A lo largo de estos 20 años han vestido a mucha gente, aunque le hace mucha ilusión que llegue el día en el que vista a una malagueña de pro como Pasión Vega, aprovechando que es amiga de su marido. Cuando se le pide que sueñe alto, ríe. "¿Por qué no a Beyoncé? Ella ha llevado vestidos de Yolancris, diseños que trabajamos en la tienda. Sería muy guay", confiesa riendo.
Un momento del aniversario.
Y de las risas, casi a la lágrima. El tramo más duro de estos 20 años de su negocio fue, sin duda, la pandemia. "Nadie es capaz de discernir lo duro que fue", dice Melero, que tuvo que rehipotecarse y pedir préstamos ICO como si empezara de cero, préstamos que reconoce haber terminado de pagar hace apenas unos meses.
Los diseñadores siguieron confeccionando los vestidos ya encargados fiándose de que la tienda reabriría, y durante los meses de restricciones llegaron a celebrarse bodas de 15 y 16 personas, con mascarillas a juego con los trajes de novias y madrinas. Inma, cuenta Melero, fue quien la acompañó a atender a la primera clienta tras la reapertura, con mascarilla y con los nervios todavía a flor de piel. "Aquello fue una experiencia muy triste, pero también alegre porque poníamos fin a una etapa", sostiene.
De cara al futuro, dice que no quiere crecer más. "No me quiero hacer más grande ni quiero abrir más Giocondas ni nada, aunque resulte raro". Prefiere mantener la tienda más pequeña y selectiva, con el trato personalizado como bandera, convencida de que multiplicar el negocio acabaría por hacerle perder el rumbo con sus clientas.
Entre los momentos más felices de estos 20 años sitúa la fiesta de aniversario celebrada este mes, con Diana Navarro cantándole en directo una canción dedicada a la amistad, y también su 10º aniversario, que recuerda con el mismo cariño. Menciona además un desfile en el Teatro Cervantes en el que las protagonistas fueron las propias novias, madrinas y niños vestidos por la tienda durante ese año, una experiencia que describe como "especialmente gratificante".
A todo ello se suma su presencia constante en la vida de la ciudad. La Gioconda es Málaga y Málaga es La Gioconda. Han estado en pasarelas Larios, en las solidarias contra el cáncer de mama y, por supuesto, en la alfombra roja del Festival de Cine de Málaga. "La Gioconda crea Málaga, crea empleo y crea moda", resume, y dice que esa implicación en cada evento de la ciudad es, junto al trabajo diario en la tienda, lo que más orgullo le da de estos 20 años. Por otros veinte.