Imagen del futuro Palacio de la Ópera de Málaga.

Imagen del futuro Palacio de la Ópera de Málaga. Ayuntamiento de Málaga

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Todos los detalles del Auditorio de Málaga, al descubierto: la gran máquina escénica que se levantará junto al mar

El proyecto revela cómo funcionará por dentro el futuro equipamiento de San Andrés: dos salas que podrán operar de forma independiente, 1.905 espectadores, una sede propia para la Filarmónica, talleres, camerinos, salas de ensayo y un complejo sistema para mover decorados, instrumentos y producciones.

Más información: Málaga activa la cuenta atrás para el Auditorio de la Música: licita las obras por 202,6 millones y 48 meses de plazo

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Las claves

Las claves

El futuro Auditorio de Málaga tendrá una inversión de más de 202 millones de euros y un plazo de ejecución de 48 meses en la explanada de San Andrés, junto al mar.

El edificio destacará por su diseño arquitectónico como una gran pieza azul frente al Mediterráneo y contará con una cimentación de 30 metros de profundidad.

La sala principal será flexible, permitiendo varias configuraciones y un aforo máximo de 1.905 espectadores, además de una sala de música de cámara con capacidad adaptable.

El Auditorio dispondrá de avanzados sistemas escénicos y logísticos, permitiendo la independencia entre espacios y el funcionamiento simultáneo de actividades y servicios.

El futuro Auditorio de la Música de Málaga empieza a dejar de ser un proyecto dibujado sobre el papel para convertirse en una obra con dimensiones, cifras y soluciones constructivas concretas.

El Ayuntamiento ha activado la licitación de los trabajos por 202.627.084,81 euros, IVA incluido, con un plazo de ejecución de 48 meses, y el proyecto constructivo permite conocer con mucho más detalle qué se pretende levantar en la explanada de San Andrés, junto al mar.

Será un edificio de marcada presencia arquitectónica, concebido como una gran pieza azul frente al Mediterráneo, pero buena parte de su complejidad quedará oculta bajo tierra.

La actuación obliga a resolver las especiales condiciones del terreno y contempla una cimentación que alcanza aproximadamente 30 metros de profundidad.

Sobre ella se levantará un equipamiento cultural preparado para recibir a 1.905 espectadores y, sobre todo, para transformar su espacio principal en función del tipo de espectáculo.

Pero hay otra lectura del proyecto que va más allá de sus metros cuadrados, sus pilotes o su presupuesto. Los arquitectos han querido que el futuro Auditorio tenga una relación directa con Málaga, con su paisaje y con algunos de los elementos que han construido la identidad visual de la ciudad.

"Proponemos un edificio más allá de la correcta modernidad que muestran los últimos edificios públicos construidos en la ciudad. Sensata y eficaz, pero con proyección cultural y mediática. Una pequeña joya, vestida con un traje de noche ligeramente movido por la brisa del mar Mediterráneo, que será de todos nosotros, de la ciudad, del mar y del cielo, pero que secretamente solo pertenecerá a la Música", dicen Agustín Benedicto y Federico Soriano en el proyecto.

Imagen del Auditorio del Palacio de la Ópera de Málaga.

Imagen del Auditorio del Palacio de la Ópera de Málaga. Ayuntamiento de Málaga

Un edificio que mira al mar y a la ciudad

La ubicación en San Andrés resulta determinante. El Auditorio ocupará una posición estratégica en el frente marítimo oeste, en un ámbito en transformación y con una relación directa tanto con el puerto como con el Mediterráneo.

"Debe ser el nuevo hito que cierre ese espacio. Debe ser reconocible en la distancia, al mismo tiempo que sea la puerta a la ciudad desde el acceso por el nuevo paseo marítimo", remarcan.

La arquitectura busca aprovechar esa condición y convertir el edificio en un nuevo referente visual. De ahí la apuesta por esa gran envolvente azul que dará al equipamiento una imagen reconocible desde el litoral.

Pero los urbanistas no miran únicamente hacia el mar. El proyecto establece también referencias a la propia Málaga y a algunos de sus monumentos más reconocibles, buscando que el nuevo edificio se integre en una ciudad cuya imagen está marcada por hitos arquitectónicos que se han ido superponiendo a lo largo de su historia.

La Alcazaba, el Teatro Romano, la Catedral y el Castillo de Gibralfaro forman parte de ese paisaje monumental que define la ciudad y que, de una u otra manera, sirve de referencia para pensar cómo debe situarse un nuevo edificio singular en Málaga.

El nuevo Auditorio se sitúa en otro extremo de ese frente marítimo, pero comparte con ellos una misma condición: ser un edificio concebido para ser visto y reconocido dentro del paisaje de Málaga.

"La Alcazaba se transforma en el volumen de la Sala principal. El Paseo del Parque se transforma en los vestíbulos que hacen la calle pública elevada. El Teatro Romano será el auditorio al aire libre, la Aduana en la Sala de Cámara", describen.

Dos salas en una: el corazón del proyecto

Dentro del edificio está otra de las grandes apuestas: la sala principal no será un espacio completamente rígido. Su diseño permitirá modificar su configuración en función del espectáculo, de manera que el Auditorio pueda acoger diferentes formatos musicales y escénicos.

La flexibilidad es importante porque el edificio está pensado para tener actividad durante todo el año y no exclusivamente para grandes conciertos sinfónicos. La sala podrá adaptarse a diferentes relaciones entre público, escenario e intérpretes.

Y todo ello con una capacidad máxima de 1.905 espectadores. La cifra de aforo es una de las más fáciles de visualizar, pero detrás de ella hay una enorme complejidad.

El proyecto debe organizar los accesos y recorridos de casi 2.000 espectadores, garantizar la visibilidad desde las distintas zonas de público, resolver las evacuaciones y, al mismo tiempo, mantener las condiciones acústicas necesarias para una sala de estas dimensiones.

La acústica, de hecho, condiciona buena parte de la arquitectura. En un edificio destinado fundamentalmente a la música, el sonido no es una instalación más: es uno de los materiales con los que se construye el espacio.

La geometría de la sala, los revestimientos, los cerramientos y las soluciones constructivas están condicionados por la necesidad de controlar la propagación del sonido y evitar interferencias procedentes del exterior.

Más de 20 millones para todo lo que ocurre detrás del escenario

Otra de las grandes partidas del proyecto será prácticamente invisible para el público. El equipamiento escénico supera los 20 millones de euros e incluye maquinaria, iluminación, sonido y sistemas audiovisuales.

Son todos aquellos elementos que permiten que el Auditorio cambie de configuración, que los escenarios puedan adaptarse, que se muevan los elementos escénicos y que una sala aparentemente estática pueda transformarse antes de cada espectáculo.

El futuro Auditorio está concebido para que buena parte de lo que suceda en su interior sea invisible para el espectador.

Mientras 1.905 personas ocupen la Sala Principal, por detrás de las paredes podrán estar entrando decorados, moviéndose pianos, ensayando músicos, trabajando técnicos o preparándose una nueva producción sin interferir necesariamente con el resto del edificio.

Espacios

El proyecto plantea un edificio capaz de funcionar por piezas prácticamente independientes. La Sala Principal y la Sala de Música de Cámara podrán operar de manera separada, pero también la sede de la Orquesta Filarmónica de Málaga, los espacios docentes, la cafetería, la sala de prensa, la tienda o las áreas administrativas tendrán sus propios accesos y recorridos.

La idea es sencilla de explicar, pero técnicamente compleja: el público no debe cruzarse con los artistas, los artistas no deben interferir con la logística de los espectáculos y los camiones tienen que poder descargar decorados sin bloquear el funcionamiento del Auditorio.

El acceso principal del público se situará en el extremo occidental de la parcela, mirando hacia el espacio situado sobre el final de la playa de San Andrés. El proyecto plantea una conexión directa entre la playa y el Auditorio, sin tráfico rodado que interrumpa ese recorrido.

Habrá una segunda gran referencia urbana: la llamada puerta principal, orientada hacia el Paseo de Antonio Machado y conectada con él mediante escaleras y rampas de poca pendiente.

Pero la gran particularidad aparece cuando se observa el edificio desde dentro.

La Sala de Música de Cámara podrá recibir al público directamente desde el espacio exterior cubierto sin necesidad de utilizar el acceso principal. El aula didáctica y la fonoteca-biblioteca tendrán también su propia entrada, al igual que el centro de gestión, la cafetería-restaurante o la sala de prensa.

La tienda podrá funcionar incluso cuando el resto del centro esté cerrado.

Y la Sala Principal contará con un segundo acceso bajo el soportal que permitirá llegar a ella desde el aparcamiento mediante un recorrido cubierto. El proyecto contempla 1.743 butacas para ópera, 1.622 cuando el telón cortafuegos esté bajado, 1.803 en configuración de auditorio con los asientos del coro retirados de la escena y 1.905 plazas en la configuración completa de auditorio. Para modificar la configuración se podrán ocultar 121 butacas bajo la platea.

La Sala de Música de Cámara tendrá otras 465 localidades, aunque también podrá reducir su capacidad: 75 butacas de un lado y 120 del otro podrán recogerse para dejar la sala en una configuración mínima de 270 espectadores.

Seis vagones para mover el escenario

La verdadera máquina estará detrás de la escena. El proyecto define dos hombros, una chácena y una escena principal de aproximadamente 20 por 20 metros cada una. A este sistema se incorporan seis carras o vagones deslizantes que permitirán mover elementos escénicos por los laterales y la parte posterior del escenario.

Además habrá tres plataformas conectadas con la zona de carga y descarga. El Auditorio contará también con una concha acústica ampliada que permitirá utilizar la sala en configuración de auditorio, colocando al público incluso detrás de la orquesta.

Y sobre todo ello se levantará un peine doble: el superior estará destinado a los cortes y el inferior a los motores puntuales. El proyecto prevé inicialmente 33 cortes automáticos para poner en funcionamiento el escenario.

Los camiones entrarán bajo la plaza

Una de las operaciones más delicadas ocurrirá lejos de la vista del público. Los camiones con decorados y material escénico accederán a la planta de aparcamiento, donde se situará la zona de carga y descarga. Desde allí, un sistema de montacargas y un puente grúa permitirá conectar directamente con la cota de escena.

El recorrido de los vehículos bajo la plaza tendrá cinco metros de altura libre. El diseño permite incluso que dos operaciones puedan desarrollarse de forma simultánea: una producción puede salir mientras otra se descarga desde el nivel de aparcamiento.

Entre los detalles más llamativos del proyecto aparece incluso un itinerario específico para los instrumentos. La sede de la Orquesta Filarmónica de Málaga tendrá acceso directo para músicos y pianos desde el aparcamiento. En el nivel -6,46 se sitúan los almacenes de instrumentos y pianos, junto al núcleo de comunicaciones verticales de la OFM.

El proyecto calcula que el almacén de pianos y el montapianos estarán separados por no más de 12 metros, permitiendo descargar los instrumentos desde camionetas y trasladarlos directamente a su zona de almacenamiento.

Una sede de la Filarmónica que puede cerrar su propia puerta

La Orquesta Filarmónica de Málaga tendrá su propia pieza dentro del Auditorio. Y podrá funcionar de manera completamente independiente. El proyecto contempla camerinos individuales para solistas, camerinos colectivos, salas de ensayo, cabinas individuales, espacios para cuartetos y octetos, salas específicas de percusión, pianos de concierto y de orquesta y distintas dependencias administrativas.

La sede se organiza verticalmente desde los niveles inferiores hasta más de 20 metros de altura. En las plantas superiores se sitúan la sala de ensayo de orquesta y coro, salas de sección, archivo y espacios de descanso. También habrá un estudio de grabación asociado a la sala general de ensayo.

Pero hay una circunstancia especialmente interesante: si la Orquesta Filarmónica se marcha de gira, el resto del Auditorio podrá seguir funcionando con normalidad.

La parte que nunca verá el público también tendrá una enorme dimensión. El edificio contará con camerinos individuales y colectivos, salas de espera, protocolo, transformación, caracterización y sastrería.

Habrá espacios específicos para orquesta visitante, figurantes y ballet, además de una sala de ensayo de ballet de doble altura.

En la planta de aparcamiento se han previsto vestuarios para el personal de cantina, técnicos y personal de sala, además de espacios compartidos para sastrería, maquillaje, limpieza y mantenimiento.

También habrá una cantina para uso interno, comunicada mediante montaplatos y ascensores de servicio con las cocinas del restaurante principal.

La sede de la OFM se desarrolla prácticamente como un edificio dentro del edificio. Los planos distribuyen sus funciones en diferentes alturas: ensayos, camerinos, administración, archivos y salas técnicas se van apilando hasta alcanzar la cota de 20,06 metros.

En la cota 29,07 se encuentra el peine superior, con almacenes e instalaciones laterales que completan el volumen escénico.