Así será el edificio del IMEC en Málaga.
Málaga, el laboratorio donde IMEC probará lo que no puede hacerse en ningún otro centro del mundo
El director de Relaciones Institucionales de IMEC Spain subraya el potencial del futuro complejo para "probar cosas, combinaciones de materiales que no se pueden probar en Lovaina".
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El desembarco de IMEC en Málaga no sólo supone la expansión de uno de los centros de investigación más influyentes del mundo en semiconductores. Supone, sobre todo, un cambio de lógica dentro del propio modelo de investigación del chip en Europa.
Así lo resume Helio Fernández, director de Relaciones Institucionales de IMEC Spain, al explicar cuál será la verdadera singularidad del futuro centro malagueño: "En Málaga lo que se va a hacer es probar cosas, combinaciones de materiales que no se pueden probar en Lovaina. Eso abre una vía de oportunidades".
Y eso es el núcleo del proyecto. IMEC lleva décadas operando en Lovaina como uno de los grandes referentes mundiales en nanoelectrónica. Su fortaleza ha sido siempre la capacidad de conectar investigación básica con la industria real, trabajando con toda la cadena de valor del semiconductor: desde los materiales más elementales hasta la integración final del chip en dispositivos.
Helio Fernández, director de Relaciones Institucionales de IMEC Spain.
El nuevo centro de Málaga, que se ubicará en el Parque Tecnológico de Andalucía, está diseñado para convertirse en un entorno complementario: no una réplica, sino una extensión especializada del ecosistema IMEC. Su función no será repetir lo que ya se hace en Bélgica, sino abrir una nueva capa de experimentación.
"Se van a hacer cosas nuevas, que nadie puede hacer porque no tienen la capacidad de unir nuestra infraestructura para eso", explica Fernández. Esa infraestructura —la combinación de sala blanca avanzada, equipamiento específico y conexión directa con la industria— es lo que marca la diferencia.
El salto: del chip más pequeño al chip más posible
Durante décadas, el desarrollo de los semiconductores ha estado guiado por la Ley de Moore: reducir el tamaño de los transistores para aumentar la potencia de los chips.
Ese modelo ha funcionado durante más de medio siglo, pero está llegando a su límite físico. Y el sector se está desplazando hacia otro terreno: no tanto hacer chips más pequeños, sino más eficientes, más sostenibles y con materiales radicalmente distintos.
En ese contexto, Málaga se convierte en un espacio crítico. El valor del nuevo centro no estará solo en su capacidad de fabricar o medir, sino en algo más difícil de replicar: la posibilidad de combinar materiales y procesos que, hasta ahora, no podían coexistir en un mismo entorno de investigación.
Esa libertad experimental es la que, según el propio IMEC, puede abrir líneas de investigación completamente nuevas.
A priori, esto incluye trabajar con materiales emergentes, probar interacciones no convencionales y observar comportamientos que hoy no tienen aplicación directa, pero que podrían ser la base de la próxima generación de chips.
Una apuesta europea en la frontera del conocimiento
El proyecto se enmarca también en la estrategia europea de reforzar su posición en la industria de los semiconductores, un sector dominado por Asia en fabricación, pero con una creciente competencia en investigación avanzada.
A ojos de Fernández, Europa no necesita competir únicamente en volumen, sino en capacidad de generar conocimiento crítico.
El resultado final no será inmediato. La construcción del centro se prolongará varios años. De hecho se espera que los trabajos arranquen en octubre y estén acabados a finales de 2028. Una vez ejecutada la infraestructura física, habrá que dotarlo de todo el equipamiento necesario. Con todo, se espera que los primeros productos puedan salir del centro en la parte final de 2029.