Un hombre reposta en una gasolinera. Europa Press
Las cosas que están en nuestra mano para ahorrar combustible ahora que el precio se dispara
Solo unos pequeños cambios en nuestra conducción pueden ocasionar grandes ahorros en nuestros bolsillos.
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No suele fallar. Cuando llega alguna crisis que incrementa mucho el precio del combustible que ponemos en la gasolinera salimos de allí pensando que nuestro vehículo consume demasiado.
Ciertamente, hay poco que podamos hacer cuando el precio del combustible es el resultado de variables que no podemos controlar, aunque sí hay acciones que dependen de nuestra forma de conducir y que consiguen que estiremos algunos kilómetros nuestra autonomía… y la de nuestra cartera.
Dependiendo del tipo de uso que hagamos de nuestro vehículo, el presupuesto en combustible puede ser muy habitualmente el de mayor importancia, por delante del mantenimiento del coche e incluso, en algunos casos, en el de la inversión para la compra del mismo.
Vamos a recordar ahora las variables que influyen directamente en el consumo de combustible y, por consiguiente, en nuestra economía particular.
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Nuestra forma de conducir. Parece obvio, pero al no tener referencias de cómo conducimos con respecto a la eficiencia, básicamente porque ningún experto va a nuestra derecha explicándonos qué debemos hacer en cada circunstancia de la circulación, es fácil caer en la idea de que hagamos lo que hagamos, no podemos reducir lo que consume nuestro coche o moto.
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Y, por supuesto, somos responsables de manera directa del hasta el 40 % de lo que gastamos de más en combustible por la forma en la que conducimos. Las prisas no son buenas al volante, y menos si queremos ahorrar combustible.
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La decisión de compra del vehículo. Otra perogrullada, pero si nos equivocamos en el coche que compramos, ya sea por motorización inadecuada o por tamaño y dimensiones, será una decisión que ya no podremos cambiar durante toda la vida del vehículo.
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Si nos damos cuenta que tiene un motor con más potencia de la que necesitamos siempre desperdiciaremos una parte del combustible, por muy eficientes que seamos al conducir.
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En los años ochenta la media de potencia del parque automovilístico estaba en torno a 55 cv, y no había prácticamente autovías, por lo que todos circulábamos por serpenteantes carreteras de un carril por sentido, muchas de ellas por zonas montañosas.
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En esos años nadie se quejaba de la potencia. Ahora la potencia media está cercana a los 140 cv, también con más peso que mover, aunque los motores sean mucho más eficientes.
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Pero, a cambio, tenemos una enorme red 15.000 kilómetros de autovías y autopistas que nos permite circular sin el estrés y el peligro de las carreteras de los años ochenta. Así que más potencia significa siempre más consumo que el mismo coche con un motor menos potente y, en ningún caso, mayor potencia significa mayor seguridad.
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Hora y trayecto que utilizamos para desplazarnos. Esto es algo difícil de solucionar si no tenemos flexibilidad en nuestros horarios, pero en caso de que sí, a veces solo unos minutos de diferencia puede hacer que nuestro trayecto sea más corto en tiempo y, por supuesto, más barato en costo.
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Conducir dentro de las enormes caravanas que se producen en las ciudades es el origen del mayor gasto en combustible actualmente, además de la resignación y desesperación que se produce en quien conduce.
Ahora, con estas tres premisas básicas, conozcamos qué podemos hacer en nuestro día a día a los mandos de un vehículo.
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Extremar la suavidad en los primeros metros de aceleración desde parado. En cambios manuales debemos cambiar a segunda marcha en cuanto hayamos recorrido unos 10 metros.
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Para subir de marcha, siempre hay que hacerlo a pocas revoluciones. En cambios automáticos llevarlos siempre en posición E o Eco, si lo tiene el vehículo, que es el programa de mejor eficiencia.
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Anticipar nuestras acciones es fundamental en la conducción eficiente. Si vamos circulando por una avenida en la que muy adelante vemos un semáforo que se ha puesto en rojo, es el momento de dejar de acelerar.
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Con ello el motor empezará a retener, consumiendo cero en el caso de un cambio manual. Y es muy probable que cuando lleguemos al semáforo este se haya puesto en verde de nuevo, evitando, además gastar pastillas de freno.
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En un atasco, donde la parada e inicio de marcha es continuo, debemos ser extremadamente suaves al arrancar, incluso si dejamos mucho espacio con el coche que nos precede y que otro se meta creyendo que gana tiempo, aunque en realidad esté consumiendo mucho más.
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La presión baja de inflado de los neumáticos es el enemigo silencioso del consumo. Llevar las ruedas un 30 % por ciento por debajo de su presión, algo muy habitual aunque parezca increíble, es motivo para que el vehículo gaste hasta un 5 % más de combustible.
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Por lo tanto, llevar la presión adecuada, comprobada cada tres meses como máximo, es fundamental. Pero si, además, la subimos un 10 % por encima de lo indicado por el fabricante, conseguiremos más ahorro, porque el neumático se deforma menos y no ofrece tanta resistencia al avance.
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Para los reticentes, les recuerdo que llevar las ruedas por debajo de la presión recomendada es muchísimo más peligroso y que ese 10% de incremento no supone una merma para la seguridad, además del consumo que ahorramos.
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Circular en marchas largas baja el consumo. En autovía o autopista e incluso ciudad, debemos circular con la marcha más larga que permita nuestro coche, siempre que no necesitemos aceleración para adelantar, por ejemplo. Con un cambio manual se puede circular en sexta marcha a 80 km/h, pero también podemos ir en quinta a la misma velocidad, en cuarta o incluso en tercera.
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Pero, aunque la velocidad de 80 km/h no varíe, la marcha que llevemos insertada influye directamente en el consumo. Así, marcha más larga o alta significa menos revoluciones y, por lo tanto, menos consumo.
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Llenar siempre el depósito cuando repostemos. Esto es, normalmente, lo menos habitual, y es un error. El combustible no se evapora ni se pierde misteriosamente, simplemente está en el depósito.
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Por lo tanto, echar pequeñas cantidades, como 15, 20 ó 30 €, significa desplazarnos expresamente a la gasolinera más veces y recorrer más kilómetros que si llenamos de una vez, además de esperar colas con arranques y paradas para llegar al surtidor. Y eso significa litros de consumo desperdiciados innecesariamente.
Para acabar, el peso del vehículo, es decir, la masa que tiene que mover el motor, está directamente ligado al consumo, sea un vehículo térmico o totalmente eléctrico, al igual que la superficie frontal expuesta al aire en forma de resistencia aerodinámica.
En este caso, un SUV con la misma potencia que un turismo siempre consumirá más por su mayor altura y superficie. Pero la moda de los SUV parece no tener fin… aunque eso signifique desperdiciar otro poquito de combustible.
Y, aunque los eléctricos presuman de eficiencia, las enormes baterías de 400 kilos de media que tienen que mover, además del peso del propio vehículo, son un serio inconveniente para su autonomía. Pero queremos estar a la moda, aunque eso signifique a veces que tengamos que pagar un extra por estar a la última, aunque sea consumiendo más innecesariamente.