Vista de Casares.
El pueblo andaluz declarado Conjunto Histórico Artístico: con impresionantes vistas al mar Mediterráneo
Entre los principales puntos de interés destaca el castillo, situado en la parte más alta del pueblo.
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El característico color blanco en los pueblos de Andalucía tiene una historia detrás. El uso de la cal en las fachadas servía para proteger las casas del calor, reflejar la luz del sol y mejorar las condiciones higiénicas, convirtiéndose con el tiempo en una señal de identidad de toda la región.
Dentro de este paisaje, hay pueblos que destacan especialmente por su forma y su historia. Es el caso de Casares, un pueblo malagueño declarado Conjunto Histórico-Artístico, que se alza en una montaña y ofrece una de las vistas más reconocibles del sur de España.
Situado entre la Serranía de Ronda y la Costa del Sol, Casares cuenta con una población cercana a los 2.700 habitantes y destaca por un casco urbano que se adapta completamente al terreno, con calles empinadas que ascienden hasta las ruinas del castillo en la parte más alta.
El reconocimiento como Conjunto Histórico-Artístico, no responde solo a su imagen, sino a la conservación de un entramado urbano que ha sabido mantenerse a lo largo de los siglos. Sus calles estrechas y empinadas, adaptadas al terreno, conservan ese trazado irregular heredado de su pasado.
Entre los principales puntos de interés destaca el castillo, situado en la parte más alta del pueblo. De origen musulmán, su construcción data aproximadamente entre los siglos XIII y XIV. Aunque hoy se conserva en estado de ruina, sigue siendo uno de los símbolos del pueblo y ofrece algunas de las mejores vistas del entorno.
Además, también encontramos la Iglesia de la Encarnación, levantada tras la conquista cristiana, comenzó a construirse en el siglo XVI sobre una antigua mezquita. Su aspecto actual combina elementos renacentistas y barrocos.
A ello, se suma la casa natal de Blas Infante, construida a finales del siglo XIX. Este edificio, hoy convertido en espacio visitable, recuerda la figura de quien es considerado el padre de la patria andaluza y uno de los personajes más vinculados con la identidad de Casares.
Uno de los grandes atractivos es su entorno. Desde sus miradores se pueden contemplar vistas abiertas al mar Mediterráneo e incluso en días despejados, al Estrecho de Gibraltar. El paisaje combina montaña, campo y mar.
La gastronomía de Casares refleja bien su diversidad, combinando platos de interior con otros más ligados a la costa. En la zona de sierra predominan recetas tradicionales como los pucheros con “pringá”, elaborados con garbanzos, carnes y productos de matanza, o la “fritá” de cabrito, muy representativa del municipio.
También destacan embutidos como la morcilla, así como preparaciones más sencillas como el gazpacho casareño o los panes artesanales cocidos en hornos de leña acompañados de manteca “colorá”.
La cercanía al mar introduce el pescaíto frito o la moruna de sardinas, un plato aderezado con limón y pimentón.
También hay oportunidad para los más golosos, destacando las elaboraciones tradicionales como las tortas fritas o los bizcochitos casareños, que suelen servirse con miel o chocolate.
La historia de Casares se remonta a la prehistoria, con los primeros indicios de humanos en las cuevas de la sierra. Con el paso del tiempo, el territorio evolucionó con un poblado al aire libre y el contacto con culturas como la fenicia y la romana, destacando el asentamiento de Lacipo.
Tras un periodo visigodo, fue durante la etapa musulmana cuando el municipio adquirió gran parte de su estructura actual, consolidándose como un lugar estratégico gracias a su fortaleza. En la Edad Media, Casares tuvo un papel relevante como territorio fronterizo hasta su incorporación a la Corona de Castilla en el siglo XV.