Una imagen de la plantilla que asciende a Primera y el obispo de Málaga.
El obispo compara el ascenso del Málaga con el reto de la Iglesia: "Nuestras parroquias también quieren subir de categoría"
Satué recurre al lenguaje del fútbol para defender una Iglesia más participativa y con mayor protagonismo juvenil.
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El obispo de Málaga, José Antonio Satué, ha entrelazado en una carta "de fe" dos acontecimientos que compartieron fecha el pasado sábado 20 de junio: la Asamblea Diocesana celebrada durante el día y el ascenso del Málaga CF a Primera División sellado esa misma noche. El prelado convierte en su escrito la euforia futbolística en una imagen pastoral y anima a las comunidades cristianas de Málaga y Melilla a fijarse su propia meta, la de "subir de categoría" en humanidad, cohesión y solidaridad.
Aquella jornada, el conjunto malaguista certificó en el estadio de la UD Almería su regreso a la máxima categoría ocho años después, en un desenlace que el propio obispo, muy futbolero, describe como un "final de infarto". Satué reconoce en su escrito la "alegría para los malagueños y malagueñas" que supuso el ascenso y la emplea como punto de partida para una reflexión más amplia.
"Nuestras parroquias y comunidades también aspiran a subir de categoría. No para ser más que nadie, sino para poner en juego –juntos– todos los talentos que Dios nos ha dado", escribe el obispo, en la frase que vertebra toda la carta.
Satué enmarca esa aspiración en el Plan Pastoral Diocesano que la diócesis elaborará en los próximos dos años, un proyecto que, según detalla, busca que las comunidades de Málaga y Melilla crezcan en tres dimensiones que compara con el funcionamiento de un equipo: espiritualidad, comunión y misión.
Sobre la espiritualidad, el obispo recuerda que la Iglesia «tiene su origen, su fundamento y su fin en Dios» y sitúa en la llamada a la santidad el «punto de partida» de cualquier ascenso espiritual. En el apartado dedicado a la comunión, Satué recurre de nuevo al símil deportivo al afirmar que "ningún equipo funciona sin unidad". El prelado vincula esa unidad con el estilo sinodal que impulsa la participación de todos los bautizados y subraya el diálogo como una de sus actitudes fundamentales.
La tercera dimensión, la misión, lleva al obispo a reclamar una Iglesia "en salida" que vaya "al encuentro de todos". En este punto reserva un espacio para los jóvenes y traza un nuevo paralelismo con el club cuando escribe que, «al igual que el joven equipo del Málaga, la Diócesis quiere contar con su cantera y hacerla protagonista de la evangelización.
La carta toma como telón de fondo la Asamblea Diocesana celebrada esa jornada en el colegio de los Maristas de Málaga, donde la diócesis puso en común el trabajo desarrollado en los últimos meses en torno al Documento Final del Sínodo. En ese proceso han participado más de 4.000 personas, según los datos que aporta el propio obispo, y sus conclusiones servirán de base para el futuro Plan Pastoral Diocesano. La dinámica sobre la redacción de ese plan corrió a cargo de Patxi Velasco y Unai Quirós.
Satué cierra su escrito con una última apelación al lenguaje del fútbol y confía en que el proceso pastoral ayude a la diócesis a "ascender a primera en espiritualidad, comunión y misión".