Miguel, junto a sus alumnos.

Miguel, junto a sus alumnos.

Educación

Miguel, el 'profe' inconformista que convierte el aula en un plató y el salón de actos escolar en unos 'mini Premios Goya'

Cada proyecto de este docente de Maristas y El Monte consigue enganchar a alumnos y familias al máximo.

Entre ellos, una radio escolar, premiada por Canal Málaga, o un concurso de cortos con Juan Antonio Vígar como miembro del jurado.

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El aula del profesor de música Miguel Rodríguez, que da clase en Maristas y en El Monte de Málaga, no se parece a una clase de colegio convencional. Un día es un plató de cine, otro una emisora de radio y, en ocasiones, convierte el escenario de sus centros en una gala similar a la de los premios Goya con focos, alfombra roja y los nervios previos a un evento de semejante nivel.

Pese a la asignatura que imparte, en sus clases no se habla solo de música. Se crean recuerdos de la etapa escolar debatiendo, escribiendo, grabando y creando... Porque su manera de enseñar parte de una idea clara: no hay nada que marque más a un alumno que una experiencia.

Esa forma de entender la docencia es la que ha llevado a este profesor de Málaga a convertir la rutina escolar en proyectos que enganchan a alumnos y familias y que ya han sido premiados en múltiples concursos educativos. Rodríguez se define sin rodeos como un inconformista. No le gusta repetir fórmulas ni resignarse a que las clases sean un mero trámite. “Los profesores que te marcan lo hacen para lo bueno y para lo malo”, reflexiona.

De todos ellos intenta quedarse siempre con lo mejor. Escuchar, observar, aprender de otros docentes y no dar nada por sentado ha sido su hoja de ruta durante más de tres décadas dedicadas a la enseñanza, convirtiéndose, según sus alumnos, en una persona muy especial para todos.

Pianista de formación, comenzó su trayectoria profesional en el conservatorio, donde pasó una década antes de dar el salto a la enseñanza secundaria. Hoy, con 53 años y 23 como profesor de instituto, reparte su jornada entre dos centros educativos, el Colegio El Monte y el colegio Maristas. No por elección pedagógica, sino por una realidad estructural que la asignatura de Música arrastra desde hace años. Las horas no bastan y obligan a completar horarios en más de un centro.

Lejos de vivirlo como una limitación, Miguel ha convertido esa circunstancia en una oportunidad para tejer proyectos compartidos y experiencias que dejan huella entre los dos centros.

Un certamen de cortometrajes nacido en el aula

Una de las iniciativas más ambiciosas que ha impulsado es un certamen educativo de cortometrajes que comenzó a gestarse en 2017, junto a otros docentes con inquietudes similares. Todo arrancó con una conversación sobre cine, imagen y sonido y sobre cómo trasladar ese lenguaje al aula.

La idea era clara. Proponer cada año un tema común y trabajarlo de forma transversal desde distintas asignaturas como Lengua, Historia o Música. El alumnado escribe guiones, graba con sus móviles, edita los vídeos y presenta el resultado final en un concurso que culmina con una gala escolar cuidada hasta el último detalle y que ya ha contado con profesionales del sector como el director del Festival de Cine de Málaga, Juan Antonio Vigar.

“Queríamos que sintieran que su trabajo importa”, explica. Por eso, la ceremonia se organiza como si fuera un gran evento cinematográfico, con luces, presentadores, nominaciones y premios. Una noche que desde hace años reúne en Maristas a unas 400 personas entre alumnado, familias y profesorado y que se llena edición tras edición y que ha logrado a su vez consolidar en El Monte.

Una de estas galas.

Una de estas galas. Cedida

El impacto de lo que a muchos le podría parecer un simple proyecto educativo ha sido mayor del esperado. Algunos estudiantes han orientado su futuro hacia la interpretación o el cine. A día de hoy, algunos de los que fueron sus alumnos cursan estudios en la Escuela de Arte Dramático o en la Escuela de Cine de Málaga.

Aun así, Miguel insiste en que ese no es el objetivo principal. “Lo importante es que se lleven experiencias. Que dentro de unos años recuerden lo que hicieron con sus compañeros, no una clase concreta o un examen”, subraya.

Música como puerta de entrada a la cultura

Ese mismo enfoque impregna sus clases de Música. No cree en lecciones magistrales ni en asignaturas reducidas a tocar la flauta y escuchar un par de compositores. Defiende la música como una puerta de acceso a la cultura y a la reflexión.

Por eso, desde ambos centros organiza salidas culturales, como visitas a musicales como Godspell, ahora en el Teatro del Soho CaixaBank, impulsado por Antonio Banderas, o actividades vinculadas al teatro observacional. El objetivo es siempre el mismo. Complementar la formación tecnológica con una dimensión humanista que no se pierda por el camino.

“Vivimos en un mundo muy tecnificado y parece que solo cuentan las ciencias puras. Las humanidades van perdiendo peso y eso es un error”, sostiene.

La reducción horaria de materias artísticas en Secundaria es, a su juicio, uno de los grandes problemas del sistema. A partir de los 15 años, muchos alumnos dejan de cursar Música. De ahí la importancia de crear proyectos que despierten vocaciones y amplíen horizontes más allá de los itinerarios tradicionales.

Radio escolar y premios autonómicos

Otra de las patas de su trabajo en los últimos años es su proyecto con la radio escolar. Un proyecto que ha permitido crear podcasts educativos y, por tanto, espacios donde los estudiantes aprenden a manejar equipos de sonido, mesas de mezclas y técnicas de grabación. Además, le encanta que formen parte de la idea alumnos de intercambio para que se lleven un recuerdo sonoro a sus países.

Este gran esfuerzo que pone Rodríguez con el equipo de alumnos no ha pasado desapercibido. El centro fue reconocido con el primer premio en el Concurso de Podcast de Radio Escolar organizado por Canal Málaga RTV, tanto en Secundaria en Maristas como en Primaria en El Monte. Un doble reconocimiento que Miguel valora como un impulso para seguir adelante. “Que de vez en cuando valoren tu trabajo te da fuerzas para continuar”, admite.

El docente, en los premios.

El docente, en los premios.

Un proyecto colectivo

Aunque muchas de las ideas llevan su sello, Miguel insiste en que nada sería posible sin el compromiso del claustro. En las galas de cortometrajes participan entre 20 y 30 profesores, que presentan premios, actúan, se disfrazan y convierten el acto en una celebración compartida. "Lo hacen suyo, se lo toman muy en serio, a mí eso me emociona un montón", reconoce.

El hecho de que Juan Antonio Vigar aceptara para formar parte del jurado y estar presente en la gala, es algo muy importante para Rodríguez, que cree que ese respaldo externo es clave. “También es importante que desde fuera se conozca cómo trabajamos en educación, se hacen cosas muy chulas que no ven la luz más allá de los muros del colegio”.

Solo con escuchar hablar a Miguel unos quince minutos, te hace saber que estás ante un profesor único, que lleva la vocación en la sangre y que siente su labor como profesor en algo mucho más importante que su profesión. En todos los aspectos, va más allá.

La docencia, según relata él mismo, "nunca fue una casualidad". Empezó dando clases de piano siendo casi un niño, ayudando a compañeros más pequeños. Probó otros caminos, como estudiar Económicas, pero entonces entendió que su lugar estaba entre la música y las aulas. No era su sitio.

Y hoy, tantos años después, no concibe su trabajo desde un despacho. Su día a día es artesanal, intenso y lleno de proyectos, aunque haya que lidiar a veces con adolescentes complicados que al final acaban entregando su alma en cada trabajo si sabes encaminarlos.

"Usamos el recurso de la calificación, lo que les lleva a esforzarse siempre un poco más; pero la clave es no ir obligando a nadie: tienes que demostrarles que las cosas se consiguen con esfuerzo, trabajo cooperativo, responsabilidad y buena estructuración del trabajo. Así acaban naciendo proyectos muy interesantes", sostiene.

Miguel es consciente de que "no se puede abarcar todo y que hay que elegir bien en qué poner la energía", cuando se le pregunta si ya tiene ideas nuevas que hacer con los chicos; pero también tiene claro que la mayor recompensa llega cuando ve a sus alumnos con una sonrisa en la cara delante del producto final de sus ideas: recogiendo el premio del mejor corto en el escenario o escuchándose en la radio. "Y ese es mi motor diario, sin duda", concluye.