Antonini de Jiménez.

Antonini de Jiménez. @antoninidejimen

Cofradías

Antonini de Jiménez: "Dios no está en la Semana Santa de Sevilla; y en Málaga, imagino que tampoco"

El economista hispalense critica la espectacularización de las procesiones y afirma que el resultado de reducirlo todo a "cultura y estética" provoca que las calles estén llenas de "sillas y cáscaras de pipas". 

6 abril, 2022 05:05
F. J. Cristòfol Juan A. Romera Fadón

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Antonini de Jiménez (Marchena, Sevilla) es doctor en Economía y profesor. Actualmente reside en Colombia, desde donde publica asiduamente en sus redes sociales vídeos explicando la situación del mercado. Sus intervenciones en el programa hispalense La Pasión, dirigido por el periodista Víctor García Rayo, se han convertido en tendencia dentro del mundo cofrade. Reflexiones sobre los fundamentos de la libertad y el mal, la espectacularización de las procesiones, y el papel que el marketing juega en las hermandades son algunos de los temas sobre los que Antonini ha estado hablando en Las Cofradías.

¿Cabe el marketing en las cofradías?

Sí, no es incompatible. Lo que no cabe es el marketing como forma de hacer cofradías, y eso es una tendencia natural cuando se deja que esa lógica empape el sentido de las hermandades. Esta parte de la economía se rige por unas leyes muy particulares, las del desinterés. Un costalero no cobra por meterse dentro de un paso, sino que lo hace de manera desinteresada. Si dejamos que el marketing rija las corporaciones, corremos el peligro de que uno no sepa para qué lo está haciendo. O que acabe absorbiendo los fundamentos del producto, que en este caso es la fe. Y la fe es el cordón umbilical que une a personas distintas bajo un mismo credo.

Eso es la realidad, pero vemos como hay intereses personales y empresariales en torno a las cofradías.

Es absurdo cuestionar que si me tiro de un sexto piso no me voy a matar, porque es una realidad que está regulada por las leyes de la física. Pero aquí nos referimos una realidad social construida desde los hombres y para los hombres. Si hablamos de un tipo de personas que quieren conseguir cosas con la Semana Santa, el marketing es irremediable, pero yo abomino de ese tipo de hombres porque nos traen más problemas de los que solucionan. 

Si son los hombres los que construyen esta realidad que parte de la fe, necesitamos hombres de fe. Y sin ellos, estamos traicionando y engañando la esencia de la religión y del Señor. La verdad os hará libre, y el marketing ayudará a conseguirlo. Tú puedes interpretar que la aparición de Pablo de Tarso tiene influencias del marketing, pero eso no quiere decir que el marketing estuviera ahí.

Cuando hablamos de la fe, ¿nos referimos a una definición ortodoxa del término o está más relacionado con el concepto de comunidad?

Para mí, fe es coherencia con lo trascendente. La gente habla de la Semana Santa como una cuestión fundamentalmente cultural y estética… Yo digo una cosa: el precio de convertir la Semana Santa en cultura es que las calles estén llenas de banquitos y cáscaras de pipas. Eso es lo que provoca. Si nosotros convertimos la religión y la Semana Santa en cultura, vamos a tener un millón de sillitas y a la gente comiendo pipas y haciendo fotos cuando pasa el Gran Poder.

Cuando la cultura se despoja de Dios, se convierte en la feria de Arco, en la que se vende cualquier cosa a la que llama arte. Sin embargo, ¿cuáles son las obras que a día de hoy siguen conmoviendo? Aquellas pintadas o esculpidas por hombres que estaban inspirados por la huella del Señor. Eran hombres de fe. Y ese es el hombre que hemos perdido y tenemos que recuperar. Mientras que eso no pase, tendremos marketing por un tubo y cáscaras de pipa. La cuestión es cómo hacerlo.

Hay gente que entiende la Semana Santa como un fenómeno cultural o antropológico, pero sin ir a misa más que el día de la función principal de su hermandad.

Pienso que una persona que dice ser católica y no practicante es como un café sin leche. Genera una serie de problemas coherentes, pero que parten de premisas que creo que son equivocadas. La fe es humillación y obediencia, y eso se ha olvidado. Pero no de forma gratuita, sino que lo hacemos en libertad después de reconocer que Dios es la verdad. Y solo desde ese proceso yo me humillo.

Con estas pintas que tengo, que parezco socialista o de Podemos, voy todos los días a misa y rezo el rosario todas las mañanas. Cualquiera me diría que cómo puedo creer en algo que parece absurdo si soy doctor en Economía. Ahí llega el problema, no somos capaces de entregarnos y amar. Estamos ahora con la celebración del triduo a San José. Él aceptó a una mujer embarazada porque le habían dicho en sueños que lo hiciera. El tipo podía haber dudado de ello, y se libró de que Herodes pasara a cuchillo a Jesús porque sólo él escuchó a Dios cuando habló al pueblo de Judá.

Yo me pregunto, ¿la condición espiritual del hombre está para escuchar a Dios y hacer un acto radical de amor y fe? Yo creo que no, pero debería ser que sí. Ahora bien, luego no nos quejemos del fruto de nuestras propias obras. 

Siguiendo con la cuestión del arte, quizá no es necesario que un escultor sea creyente… O sí. Benedicto XVI decía que el hombre de hoy coge una roca y esculpe la cara de Dios, mientras que el hombre de ayer ya veía la cara de Dios y solo quitaba lo que sobraba. Esa diferencia entre tallar a Dios o quitar lo que sobra es una cuestión de concepto fundamental, que creo que explica la razón por la que las cofradías se han mediocrizado. En el caso de Sevilla, parece Isla Mágica.

¿Dios ha pasado a ser actor secundario o un decorado más? La Semana Santa se queda como una simple fiesta y ahí han desempeñado un papel muy importante los medios de comunicación, que han venido el espectáculo y no la fe. ¿Cómo hay que relacionar estos dos elementos?

La fe y el marketing están totalmente reñidos. Hay que torcer mucho la disciplina del marketing para que se pueda hacer fe. La fe solo se hace por medio de la gracia y por la capacidad del hombre para iluminar a su alrededor. Es un acto de dignidad y admiración por medio de las causas nobles y las circunstancias en las que nos encontramos.
Hoy en día, el hombre está totalmente adormecido. Cada vez que voy a España me avergüenzo de mis amigos y de mí mismo que se han conformado con una vida de beber copas por las noches y ponerse el traje para una boda. Es una vida tan profundamente vacía… Y eso viene de una fe diseñada a nuestra imagen.

Hoy, hasta a los curas les da vergüenza hablar del diablo. Hablar del diablo es hablar de un mundo en el que hay tentaciones, hay luchas. Si tú eliminas al demonio, eliminas esa lucha y el ser humano se convierte en un tipo sentado que se dedica a ver Netflix. Eso es propio de alguien que ha dejado de pelear por ninguna causa. Y esa es la fe que hay hoy, de cartón. Moeckel decía que si los apóstoles se fueron de la cruz, cómo vamos a pedir a los costaleros que se queden en el quinario. ¡Pues claro que hay que hacerlo! ¿Por qué no? ¿Por qué solo miramos al que se va a beber cervezas y no al heroico, que ha decidido llevar una vida, no solo legítima, sino necesaria en estos tiempos?

Hablar del diablo es hablar de un mundo en el que hay tentaciones, hay luchas. Si eliminas eso, el ser humano se convierte en un tipo sentado que se dedica a ver Netflix.

Antonini de Jiménez, economista

¿Qué ocurre con la ultracapitalización de hermandades que administran corporaciones con imágenes de gran valor devocional? Como el caso de la Macarena, que funciona como una multinacional.

Me parece un horror. Aquí hay un debate fuerte y difícil de resolver. El papa Francisco dice que la iglesia tiene que salir al mundo y abrir las ventanas. La Macarena, por seguir con el ejemplo, tiene que dejar que a su sede entren los economistas, el marketing… El riesgo de eso es que en vez de evangelizar el mundo, nos mundanicen. Luego está el otro punto del debate, que encarna lo que decía el papa Benedicto XVI: “No, no salimos al mundo aunque nos quedemos tres. Porque tres hombres que iluminan hacen más que 20.000 con un mechero”. El marketing no distingue cantidad de calidad, hablando por calidad la fe y por cantidad lo cardinal.

Carlos Luna habla del marketing religioso y propone salir a buscar e ir a las fronteras. ¿Cuál es el límite de la fe?

La santidad.

¿Cómo se consigue? ¿Yendo a misa todos los domingos o también puede lograrlo gente que bebe cerveza, come pizzas y va en vaqueros?

Totalmente. Y una persona puede ser santa sin llevar los preceptos de la Iglesia. No es incompatible. Contesto a los dos cosas. Hay que salir a buscar, pero para ello tenemos que encontrarnos antes. No podemos salir con las manos sucias porque entonces estamos manchando todo a nuestro alrededor. O hacemos autocrítica, o no tenemos nada que buscar. A Pablo de Tarso le tuvo que llegar ese momento. Igual que a los apóstoles, que salieron a evangelizar tres años después de haber conocido a Jesús. Esto es un camino.

Yo no estoy diciendo que una persona tenga que ir a misa todos los días. A lo que me refiero es que tiene que ser capaz de decantarse por algo de manera condicional y sin medias tintas. Teresa de Calcuta, en su libro Ven, sé mi luz, en el que se publican cartas privadas con los padres que estuvieron con ella, reconoce que no encontraba al Señor. Se tiró 50 años buscando a Dios y no lo sentía. Y sin embargo hizo una obra colosal. Eso es una santa.

Hoy, nuestra juventud (y nosotros) ha perdido las ganas de luchar por las causas nobles de la vida. Esto no es cuestión de gusto. No es elegir entre hacer o no hacer, porque cuando elegimos no hacer algo, nos mediocrizamos hasta un nivel absoluto y nos convertimos en el patíbulo que hoy en día podemos ver: medio millón de personas, subiendo fotos y comiendo pipas. ¡Es un escándalo! Dios no se encuentra en Sevilla en Semana Santa. Quizá en fragmento o en instantes, pero en general no está. Y en Málaga imagino que tampoco.

Pero si el marketing define unos valores y una estrategia clara es una herramienta perfecta que da forma a lo que se hace.

Acepto eso si entendemos por marketing algo tan amplio que no es marketing. Por ejemplo, esto que hacemos ahora es evangelización. No hablamos de un tipo que sale en un anuncio o sube cuatro vídeos a Instagram. El marketing, que significa el mercado en acción, responde a la lógica del sistema, que funciona en base a la oferta y la demanda, es decir, el interés. Yo no quiero llegar a Dios porque haya una persona que me lo ofrezca.

Pero el producto es la trascendencia, porque es algo que le interesa al ser humano.

Sí, es donde hay que llegar. Pero el concepto de producto deforma nuestra mente. Yo por un producto no voy a misa o me juego la vida o hago una penitencia. La fe es una forma radical de estar en la vida. Y cuando se tiene fe, se vive por y para ella. Y esa es la razón por la que tenemos una Semana Santa incomprensible para los hombres de antaño. Todos estamos esperando a ver cuántas vueltas da el caballo de Triana como un reggetonero. Eso es lo que acumula las visitas en YouTube.

¿Cuál es el momento en el que se produce el punto de inflexión en el que la Semana Santa se tuerce?

Desde la ilustración, lo que pasa es que ha ido llegando poco a poco. No ha sido de forma radical y al mismo tiempo en todos los siglos. En la ilustración, el hombre entiende que Dios se convierte en un peso para él y hace que todo lo que no sea científico sea mentira. Lo cual no es cierto. Afirma que lo que no dice la ciencia es mentira. Se aleja de Dios y empieza a crearse dioses a los que idolatra (Betis, Sevilla…), en los que focaliza sus sentimientos y deja de ser un hombre de razón para ser un hombre de pasión.

Hay personas que no duermen si el Sevilla pierde un partido. ¡Están enfermas! Yo soy sevillista y me ha pasado, pero no está bien. Tenemos que mirar nuestra vida si nos pasa eso. Decía el papa: “O está la fe o está la incredulidad”. Y yo digo que o está la fe o está la idolatría, porque el hombre no puede escapar de Dios. Tenemos dos opciones: someternos y humillarnos a la verdad absoluta o ir cambiando cada dos por tres los dioses de paja.

¿Qué es la libertad entendida desde la religión?

Hacer que coincida lo que debes con lo que quieres. Hoy, un hombre, o se arrodilla en libertad, o es un esclavo. El ser humano está en las condiciones de llegar por sí mismo a una vida auténtica y no descafeinada, que en este caso en una precipitación a Dios sin reserva. Yo me voy a morir, y no quiero una vida prostituida. No quiero irme habiendo pasado toda la vida yendo todos los fines de semana a un centro comercial. O sí. Pero lo que haga, que sea lo que fundamente mi existencia. Durante mucho tiempo pensé que uno no podía ser libre sin ser creyente, y ahora creo que es al revés, que uno solo puede ser libre siendo creyente.