Pedro Carrillo, cineasta malagueño.

Pedro Carrillo, cineasta malagueño. Samuel Baeza

Cultura

Pedro Carrillo, el actor malagueño que fregaba platos en Irlanda para costear el rodaje de 'Secretos de Dublín'

La obra ahonda en la falta de oportunidades de los jóvenes ante salarios precarios y falta de vivienda.

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Samuel Baeza
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Las claves

Pedro Carrillo, actor malagueño, se mudó a Dublín y trabajó fregando platos para financiar su película 'Secretos de Dublín'.

La película aborda las dificultades de los jóvenes para encontrar vivienda y empleo, inspirada en experiencias personales y generacionales.

El rodaje implicó trasladar a doce personas desde España y gestionar un ajustado presupuesto de 40.000 euros para vuelos, manutención y salarios simbólicos.

Carrillo considera un éxito que la película haya llegado al Festival de Málaga, tras afrontar grandes retos económicos y personales.

Para Pedro Carrillo (Málaga, 1997), Málaga es una contradicción: es la ciudad que lo ha ayudado, donde se formó en la Escuela de cine; pero, a la vez, representa decepción. Por eso se marchó a Dublín, no a vivir la aventura, que también, sino a trabajar duro para conseguir afrontar el presupuesto que ha hecho realidad Secretos de Dublín.

Tenemos mucha dificultad para acceder a una vivienda y encontrar una oportunidad laboral buena y eso es de lo que habla Secretos de Dublín. Creo que se debería replantear el modelo de ciudad de Málaga”, asegura el malagueño.

Aunque en un inicio la película quería rodarla en Andalucía, su compañero, Nacho, le recomendó la opción de hacerlo en Dublín. Actuó por impulso y se marchó. “Me lo dijo un día 11 de diciembre, el 12 estaba cogiendo el vuelo", añade.

Psicológicamente, reconoce, lo ha llevado muy bien, pero irse a un país del que no conocía ni el idioma ni la cultura y escasos recursos económicos fue todo un reto. “Me salió bien la jugada, pero ha sido un esfuerzo bastante fuerte levantarte todos los días con ganas de hacer una película tú solo, sin tener a nadie que apostara por tu proyecto”, señala.

En Dublín encontró, lejos de gente pelirroja y paisajes verdes, una ciudad gris y cosmopolita poblada por una marea humana de brasileños, turcos o africanos, cada uno en búsqueda de su felicidad y de su destino.

Encontró trabajo fregando platos. Y le fue bien porque, encima, pagaban bien. “En el peor trabajo posible en Dublín cobraba más que amigos míos que han estudiado carrera, que buscaron trabajo de lo suyo y que a día de hoy no pueden dejar la casa de sus padres”.

Secretos de Dublín es un flechazo al corazón de la juventud no solo malagueña, sino española en general. “Muchos de los jóvenes se van a sentir identificados con el protagonista, Nacho, y con el resto de personajes que lo acompañan”.

El impedimento de Nacho es que tiene que pasar una manutención a su hijo. Por eso, decide marcharse a Dublín, aunque eso suponga alejarse de su familia. “El hijo simboliza la peli. Yo no he tenido que pagar manutención a un niño, pero sí ahorrar cada euro cada mes y cuando ves esa situación de padres jóvenes que han tenido un hijo y se han tenido que ir al extranjero, te acaba inspirando”, remarca el malagueño.

La relación entre la madre del niño, Nora, y Nacho es la que le gustaría tener en caso de que se viese en su situación. “En ninguna relación es agradable una separación, pero cuando hay un niño por delante, lo importante son los intereses del niño, no los de los padres”.

La logística de rodaje, un auténtico desafío

Los preparativos fueron un ejercicio de equilibrismo financiero y de fe. Carrillo empezó a hacer números: calculó sus ahorros, sus ingresos y el precio de los vuelos. Aprovechando que vivía en una casa amplia de la capital irlandesa y con el apoyo de sus compañeros de piso, trasladó hasta a doce personas desde España. El presupuesto, de alrededor de 40.000 euros, se destinó a costear vuelos, manutención y salarios simbólicos.

Incluso después del rodaje, ha seguido trabajando en empleos precarios para cubrir facturas pendientes de la cinta. El coste económico, sin embargo, ha merecido la pena. Solo pisar el Festival de Málaga este 2026 ya es un éxito.