Dos miembros de los Hells Angels con sus cazadoras.

Dos miembros de los Hells Angels con sus cazadoras. EE

Málaga

El duro golpe a los Hells Angels en Alemania que puede acabar con más delincuentes en España y la Costa del Sol

La presión policial sobre sus cabecillas europeos puede provocar nuevos movimientos de miembros y capitales hacia España, donde los Hells Angels sí están legalizados como club motero.

Más información: El asesinato de Nacho: la última huella de los sicarios que matan a personas inocentes en Málaga

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Más de 1.600 agentes participaron en una operación contra los Hells Angels en Alemania, con 71 investigados y 140 registros en cuatro países por presunto blanqueo de dinero.

La investigación, centrada en Duisburgo, busca rastrear propiedades, empresas, vehículos y otros activos de una estructura internacional vinculada al club motero.

Los Hells Angels son legales en España, donde la Costa del Sol funciona como punto de residencia o refugio para miembros de capítulos extranjeros con problemas judiciales.

El golpe alemán podría provocar movimientos hacia España, mientras las investigaciones alertan de redes criminales transnacionales que combinan finanzas, violencia y reclutamiento digital.

Los Hells Angels son una institución dentro del crimen organizado. Llevan décadas sobreviviendo a golpes policiales, guerras internas y cambios en los equilibrios delictivos europeos.

Esta semana han recibido uno de los mayores golpes de los últimos años en Alemania. Más de 1.600 agentes se movilizaron en una operación que se extendió por buena parte del territorio germano y que acabó con 71 personas investigadas.

Unos 140 inmuebles fueron registrados en Alemania, Bulgaria, Bélgica y Países Bajos. La operación, coordinada por las autoridades alemanas, tenía uno de sus principales objetivos en Duisburgo, donde los Hells Angels habían ganado peso durante los últimos años.

La ciudad, además, tiene una historia particular dentro del crimen organizado europeo. En 2007 se convirtió en escenario de una de las mayores matanzas de la 'Ndrangheta fuera de Italia, cuando seis personas fueron asesinadas a tiros a las puertas de una pizzería.

Uno de los miembros de esta banda detenido en España.

Uno de los miembros de esta banda detenido en España. EE

Ahora es otra organización la que vuelve a colocar a Duisburgo en el mapa del crimen organizado. La investigación alemana lleva años siguiendo los movimientos del entorno de los Hells Angels y ha terminado apuntando a una estructura internacional dedicada presuntamente al blanqueo de dinero.

Las autoridades aseguran que la operación supone un golpe importante a la organización, aunque todavía se conocen pocos detalles sobre el alcance real de la red.

El objetivo ya no es únicamente detener a quienes llevan un chaleco con las siglas del club. La investigación pretende llegar al dinero. Propiedades, empresas, vehículos y otros activos forman parte de unas pesquisas que buscan demostrar cómo las organizaciones criminales consiguen mantener sus estructuras durante años y trasladar sus beneficios de un país a otro.

Los Hells Angels siguen siendo legales en España. Esa diferencia jurídica respecto a otros países europeos resulta fundamental. En Países Bajos la organización ha sido prohibida judicialmente y en Alemania existen prohibiciones contra determinados capítulos y asociaciones vinculadas al grupo.

En España, pertenecer a los Hells Angels no convierte automáticamente a una persona en integrante de una organización criminal. La justicia debe acreditar las actividades delictivas concretas.

Eso permite que el paisaje en la Costa del Sol sea muy diferente al alemán. Los Hells Angels mantienen una presencia discreta y sus locales pueden funcionar públicamente como asociaciones vinculadas al mundo de las motocicletas.

Celebran concentraciones, reuniones y eventos. Desde fuera, la imagen es la de un club motero más. El problema aparece cuando se mira quiénes forman parte de determinados capítulos y, sobre todo, quiénes llegan a España después de haber tenido problemas con la Justicia en otros países.

Durante los últimos años, la Costa del Sol se ha convertido en territorio conocido para miembros de capítulos extranjeros. Holanda, Alemania, Dinamarca, Suecia e incluso Nueva Zelanda aparecen entre los países de origen de algunos de los fugitivos relacionados con los Hells Angels detenidos en España.

Marbella y Málaga son dos de los puntos donde estas redes han encontrado un lugar para vivir, reunirse o simplemente esconderse del foco policial de sus países de origen.

La operación alemana puede alterar ese equilibrio. Cuando una organización sufre un golpe de estas dimensiones, parte de sus integrantes desaparece, otros buscan nuevos territorios y las estructuras supervivientes intentan reorganizarse. España, y especialmente la Costa del Sol, aparece entonces como uno de los destinos naturales para quienes llevan años moviéndose por Europa.

La operación de la BKA alemana tampoco nace de la nada. En 2022, Duisburgo fue escenario de un violento enfrentamiento entre miembros de diferentes grupos del crimen organizado. Hubo disparos y varios heridos.

A partir de aquel episodio, los investigadores comenzaron a seguir durante años las conexiones entre las diferentes estructuras. Lo que ahora se ha producido es el resultado de una investigación mucho más amplia, centrada en las finanzas, los contactos y la capacidad de estas organizaciones para mantenerse activas pese a la presión policial.

Pero hay algo que preocupa todavía más a los investigadores alemanes. No es el número de motos, ni las propiedades, ni siquiera los millones de euros que se intentan localizar. Es la edad de quienes empiezan a aparecer alrededor de estos conflictos. En Hamburgo, un niño de sólo 13 años fue detenido después de que, según la Fiscalía alemana, recibiera un encargo para cometer un asesinato.

El menor procedía de Países Bajos y había viajado hasta Alemania. Fue localizado armado y posteriormente entregado a las autoridades neerlandesas.

El caso ha adquirido una dimensión especialmente inquietante porque, según la información publicada por medios alemanes, el contacto con el menor se habría producido a través de Snapchat. El objetivo habría sido un miembro de los Hells Angels. El encargo formaría parte de una disputa entre estructuras criminales que llevaba tiempo desarrollándose en Hamburgo.

La imagen resulta difícil de encajar con la vieja idea del crimen organizado. Ya no hace falta que un joven pase años dentro de una organización para terminar participando en ella. Basta un teléfono, una cuenta en una red social y alguien dispuesto a pagar por un asesinato. El menor puede ser localizado desde otro país, recibir instrucciones a distancia y desplazarse cientos de kilómetros para ejecutar un encargo.

Y ahí aparece una conexión inquietante con lo ocurrido en Málaga. Nacho tenía 20 años cuando fue asesinado a tiros en el barrio de Barcenillas. Tres hombres de nacionalidad sueca habían llegado a la ciudad para realizar un encargo. Pero se equivocaron de persona. Según la investigación policial, Nacho no era el objetivo y no tenía antecedentes ni vínculos conocidos con el crimen organizado.

Los sicarios lo confundieron con otra persona. La investigación apunta a que determinados elementos de su aspecto pudieron contribuir al error. Lo que ocurrió después fue cuestión de segundos: disparos, una huida y un joven muerto en mitad de una calle de Málaga.

Los dos casos están separados por cientos de kilómetros y tienen circunstancias diferentes. Pero ambos reflejan una misma transformación del crimen organizado europeo.

En Alemania, un menor de 13 años aparece presuntamente reclutado para matar a un miembro de una organización criminal. En Málaga, tres sicarios extranjeros terminan asesinando a una persona que, según la investigación, no tenía relación con el conflicto.

Los Hells Angels pueden mantener un perfil bajo en España. Pueden celebrar concentraciones, mantener sus locales y aparentar normalidad. Pero detrás de las fronteras, los mismos nombres aparecen relacionados con investigaciones por blanqueo, tráfico de drogas, armas y violencia.

El golpe de Alemania puede obligar a algunos de sus miembros a moverse. Y cuando las estructuras criminales se mueven, la Costa del Sol vuelve a aparecer en el mapa. No necesariamente para sustituir a Duisburgo, sino para convertirse en otro punto de apoyo de una red que lleva décadas aprendiendo a sobrevivir.

El crimen organizado europeo ya no necesita fronteras. El dinero cruza países, los miembros cambian de residencia y los encargos pueden viajar de una pantalla a otra. Un niño de 13 años puede recibir una orden en Snapchat y un sicario sueco puede llegar a Málaga para matar a la persona equivocada. Entre ambos extremos se encuentra una realidad que las policías europeas llevan años intentando combatir: organizaciones antiguas que siguen funcionando con métodos cada vez más nuevos.