Imágenes del pasado fin de semana.
La patrulla de un barrio de Málaga que frena el botellón a golpe de manguera: "Aquí no se mea nadie más"
El pasaje amanece lleno de orina y cristales tras cada verbena, denuncia una de las vecinas, que avisa del consumo de alcohol entre menores y pide más control en la zona.
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El vídeo no llega al minuto. En las imágenes, grabadas desde un pasaje del barrio de El Molinillo, varios vecinos vacían cubos de agua y manejan una manguera sobre un grupo de jóvenes apostado a la entrada de la calle. La grabación, difundida en TikTok el pasado fin de semana, supera ya el medio millón de reproducciones. Detrás de la escena está Pilar, vecina de 58 años, harta de lo que, asegura, se repite cada vez que el entorno celebra una verbena.
El pasaje del que habla parte de la calle Alta y desemboca, frente al pasaje de la Menta, en una escalera que baja hasta la calle Parra. Es una vía estrecha y de mucho tránsito que los propios vecinos cuidan y mantienen, según relata, con sus macetas y sus plantas.
Es habitual que cuando llegan estas fechas, cada fin de semana, sostiene Pilar, el pasaje se convierta en urinario y en escenario de botellón hasta bien entrada la madrugada. La última velada con problemas tuvo lugar el pasado fin de semana, cuando la Cofradía de la Pollinica celebró una verbena en la calle Parras de 12 a 00.00 horas.
Cuando acaba, los jóvenes se despliegan por los alrededores, siempre según la versión vecinal, causando molestia. "A partir de las diez de la noche ya empezaron a dispersarse y se quedaron hasta cerca de las cuatro", añade.
"Lo que mucha gente no sabe es que la gran mayoría son menores; tenemos un problema grave con el alcohol en nuestros niños y no somos conscientes", insiste durante la conversación, Pilar y pide que esa idea quede subrayada.
Según su relato, los jóvenes llegan siempre al pasaje con la bebida ya en la mano y buscan en la vía un lugar para orinar o incluso hacer sus necesidades.
"Cuando acaban en las hermandades van, se compran su botellita y siguen otro ratito", confiesa la mujer, que asegura que esa dinámica es cada vez más frecuente.
Precisamente, otro de los aspectos que denuncia es que esas botellas acaban convirtiéndose en cristales rotos, ya que con el paso de las horas y el consumo del alcohol, los jóvenes acaban reventándolas contra el suelo.
Tiene tres perros, saca a pasear a dos de ellos varias veces al día, ya que el tercero es un bebé, y teme que se corten las patas o se dañen las almohadillas, aunque los operarios de Limasam hagan su trabajo a la mañana siguiente, ya que acaban quedando restos.
Antes de llegar al uso de la manguera, Pilar asegura que ella y otros vecinos han llamado de forma repetida a la Policía Local, al 092, y después a la Policía Nacional, al 091. Sostiene que desde el 091 le indicaron que no podían asumir el trabajo que corresponde a la policía municipal.
Mantiene que el dispositivo policial, cuando llegó, se concentró en la parte baja, en la calle Ollerías, y no en las calles superiores donde ella vive. "Esa calle es más de primera y nosotros somos las calles de segunda", lamenta.
Ante esa falta de respuesta, según su versión, la vecina decidió actuar. Pidió prestada una manguera extensible a una vecina del bajo, Jessi, colocó una silla a la entrada del pasaje y se dispuso a esperar.
"Aquí no se mea nadie más", recuerda haberse prometido. Formó una cadena de colaboración con Jessi, Mamen y otros vecinos, como Domingo, de una planta más alta, y juntos se propusieron que protegerían la calle de alborotadores.
A cada joven que se adentraba camino del pasaje lo recibían con agua, y pronto, cuenta, se corrió la voz de que allí había una mujer "regando" a todo el que se le ocurriera usar su calle de baño. "Es que donde hacen sus cosas es la casa de mi vecina del bajo, que no tiene por qué aguantar esas barbaridades", incide.
Cansada de la situación, Pilar dice haber presentado una instancia en las dependencias de la Policía Local, en el antiguo Cuartel de Mujeres de la avenida de la Rosaleda, para pedir una reunión con el intendente. Sigue a la espera de respuesta.
Su petición, explica, es que de cara a las próximas verbenas del verano se despliegue un dispositivo que impida el consumo de alcohol de menores en la vía pública y que vele por los vecinos de los pasajes de la Brisa o de la Menta, que figuran entre los afectados.
Quiere dejar claro un matiz frente a la versión que, asegura, ha circulado a raíz del vídeo, la de una mujer "que no está buena de la cabeza" arrojando agua a quien pasa. "Tengo 58 años. No me gusta hacerle daño ni a la juventud, ni a los niños, ni a los perros; yo también me he divertido como todos cuando era joven", responde.
El vídeo viral.
Reivindica que paga sus impuestos, que su familia trabaja y que es hija de un policía, profesión que respeta, y entiende el hartazgo del cuerpo ante estas situaciones. Por ello, dirige parte de su reproche a las propias familias.
"Sus padres son los primeros que tienen que estar encima de esos niños; la educación comienza en casa", afirma.
Consultado por este periódico, el Ayuntamiento defiende que la Policía Local sí interviene en estos casos. Según su respuesta, el pasado fin de semana fueron unidades Tango las que procedieron a la disolución de la concentración.
El Consistorio añade que el lugar no es un punto de especial seguimiento, al no tratarse de uno de los enclaves donde de forma habitual se concentran personas.
En este sentido, cabe reseñar que una vecina de la zona asegura que hacia las 4.30 horas, vio cómo por la zona del pasaje de la Brisa había una marea de chavales corriendo después de lanzarle botellas al furgón policial que se encontraba en Ollerías.
Pilar, por su parte, da por hecho que la escena volverá a repetirse. "Va a haber otra verbena dentro de una semana o dos", calcula. Su única exigencia, repite, es que la fiesta de unos no acabe convertida en la pesadilla de toda una calle.
"Que si me apetece irme a dormir a las diez, pueda descansar, o si me pongo a ver la tele a la una de la madrugada, pueda escucharla sin escuchar jaleo fuera. Que nos dejen vivir y, por supuesto, que los responsables paguen los daños que dejen en nuestro barrio", zanja.