Autocaravanas en Sacaba.

Autocaravanas en Sacaba. Samuel Baeza

Málaga

La especulación también llega al 'poblado' de autocaravanas en la zona de Sacaba, en Málaga: "Cuestan 500 euros al mes"

Hay personas que tienen piso en propiedad, pero que lo alquilan para sacar más dinero y viven en las caravanas. Los vecinos denuncian la masiva presencia de familias enteras e incluso piden que actúen los servicios sociales porque hay "insalubridad".

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Samuel Baeza
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Regularización. Es la única solución que contempla Fernando Rueda, presidente de la Asociación de Vecinos de Sacaba, ante la ingente cantidad de familias que viven en autocaravanas en lo que ya es un auténtico poblado junto a la playa de Sacaba.

La postura de la asociación es buscar una solución porque se le ha ido de las manos al Ayuntamiento”, critica alguien que lleva más de tres décadas residiendo en Sacaba y que se da de bruces con esta realidad día tras día.

Los dueños de algunas autocaravanas, explica, se han subido al carro de la especulación. “Las autocaravanas amarillas que hay en el terreno son de alquiler y cada una cuesta 500 euros al mes. Ahí viven familias con niños”, detalla Rueda.

Al acercarse, se adivina el deterioro de la piel exterior del vehículo con marcas de óxido. Pero es que los precios del alquiler fuera de allí son prohibitivos: se llegan a pedir hasta 1500 euros. Comprar, peor. Casi 400.000 un apartamento.

Hay personas viviendo en autocaravanas cuando tienen piso en propiedad. “Les merece la pena vivir aquí porque no pagan nada y, mientras tanto, están pidiendo 1.000 euros, con que tengas dos, ya te embolsas 2.000 euros mirando al sol”, denuncia Rueda.

El suelo donde acampan estas familias es propiedad privada, concretamente de Repsol, por lo que el ayuntamiento como tal no puede intervenir; pero Rueda sí ve esencial una regularización. “Aquí hay viviendas que valen más de un millón de euros y luego ves el poblado ahí al lado. Hay una proliferación de autocaravanas con la situación de insalubridad que esto conlleva”, denuncia.

No todos los que pernoctan en Sacaba son adultos. Hay niños que sufren la misma vulnerabilidad de sus padres: “Deberían enviar a los servicios sociales, hacer un seguimiento de las personas que viven, de las que no y en qué circunstancias. No son ni 100 ni 200 autocaravanas, son más de 400 ya”, afirma.

Asentamiento precario junto a Sacaba.

Asentamiento precario junto a Sacaba. Samuel Baeza

Existen dos perfiles según el uso que le dan al vehículo: las personas que deciden convertir la autocaravana en su propia casa y los que están de paso. Estos últimos, ingleses, argentinos, alemanes u holandeses, vienen temporalmente y después se marchan; de hecho, cuando ven el poblado, se dan la vuelta y buscan otra ubicación.

El escollo principal de los residentes es que no hay un servicio habilitado, es un “sálvese quien pueda” donde para buscar agua hay que acudir a la fuente pública. “Las aguas residuales y los desperdicios acaban en el suelo y eso es negativo”.

No solo hay basura en el descampado, sino una sensación de inseguridad creciente que se ejemplifica con perros sueltos de razas potencialmente peligrosas. De hecho, Rueda ya ve a menos familias con niños para hacer la ruta del paraje natural.

4 años en una autocaravana

Francisco Illanes goza de un piso en propiedad en el centro de Antequera. 160 metros cuadrados. La empresa donde trabajaba cerró y tuvo que venir a Málaga por motivos laborales. Decidió comprar una autocaravana y habitar en ella. La gran diferencia con respecto a una vivienda son los metros cuadrados, aunque en su caso es afortunado por vivir solo y no tener cargas familiares.

“El 80% de las personas que viven aquí es porque buscan ahorrar o porque no tienen otros recursos, aun trabajando, para enfrentar el gasto del alquiler”, afirma. No se plantea alquilar una habitación porque sobrevive bien en la actualidad.

En Sacaba lleva cuatro años y ahora hace cuentas de lo que se ha ahorrado de alquiler. La inversión en la autocaravana le ha resultado rentable; no se ha depreciado demasiado. Pero la gran barrera de elegir este modo de vida es que exige un afilado instinto de supervivencia y saber defenderse cuando llegan los problemas con el resto de “vecinos”.

Unido a la vivienda, el precio de llevarse comida a la boca tampoco baja. “He vivido con 100 euros para comer, hoy ya necesito 260. Tengo una hija con tres hijos y me dice: ‘Papá, que yo necesito casi 1.000 euros para comer’. ¿Cómo puede ser eso? La clase media ya es pobre y la rica, más rica”.