Erika, venezolana de 38 años residente en Málaga.
Erika, venezolana residente en Málaga desde hace 8 años: "Vine aquí sola con mis hijos y pensé que este día nunca iba a llegar"
“Tenemos un motivo para celebrar grandísimo. Pero obviamente ahora falta saber en qué situación queda el gobierno de nuestro país”, explica esta mujer de 38 años.
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La madrugada de este sábado 3 de enero de 2026 quedará grabada para siempre en la memoria de miles de venezolanos en España y en todo el mundo. Bajo el impacto de una operación militar de Estados Unidos en Venezuela que terminó con la captura del presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, la comunidad venezolana en Málaga ha vivido una noche de tensión, emoción y esperanza. "Es un día de muchas emociones", cuenta a este periódico Erika Fuenmayor, venezolana de 38 años y residente en Málaga desde hace ocho.
"Hemos llorado mucho, ha sido muy emocionante. Ha sido una madrugada de incertidumbre, pendientes de las noticias, y ver que es real, es fuerte, pensábamos que este día nunca iba a llegar", cuenta la venezolana, que fue "refugiada de Cear" y llegó a Málaga con sus dos hijos mellizos hace ocho años. "Emigré por la seguridad de mis hijos", asegura.
Erika cuenta que el momento de mayor incertidumbre fue pasadas las dos de la madrugada en España, cuando rumores y notificaciones de explosiones en Caracas comenzaron a circular entre sus compatriotas. “No tenemos información directa desde Venezuela, porque toda mi familia llegó a España hace pocos días, pero muchos conocidos aquí tienen familiares allí, y todos están esperando, encerrados, a que pase la transición", explica.
La noticia de la captura, confirmada oficialmente por Estados Unidos como parte de una operación militar de gran escala y anunciada por el presidente estadounidense Donald Trump ha desatado un aluvión de emociones en el restaurante La Marquesa, que Erika inauguró en Málaga hace tan solo ocho meses. “Muchos paisanos vinieron al restaurante a ver las noticias. Ha sido un sube y baja de emociones”, apunta.
Para Erika, la confirmación de que Maduro ya no está en el poder representa un motivo de celebración: “Tenemos un motivo para celebrar grandísimo. Pero obviamente ahora falta saber en qué situación queda el gobierno de nuestro país”, reflexiona.
El temor de muchos venezolanos en el exterior es que, incluso con la captura de Maduro, la transición política pueda ser compleja y prolongada. "Sabemos que Maduro no vuelve, pero todavía quedan los secuaces. Esperemos que caiga todo el combo y podamos decir que oficialmente tenemos una Venezuela libre", afirma a EL ESPAÑOL de Málaga.
"Reinventarnos en España ha sido duro, pero nos ha dado la oportunidad de construir algo sólido, como este restaurante, y ahora tenemos la esperanza de que algún día podamos retornar a nuestra tierra", explica.
El restaurante es hoy un punto de encuentro, y no estaba en sus planes cuando salió de Venezuela. “Yo en mi país no sabía ni cocinar”, admite entre risas. Allí se dedicaba a la decoración y a la organización de eventos. “Aquí empecé en la cocina, me enseñó un gaditano, me apasionó y me puse a estudiar muchísimo”.
Hoy siente orgullo de lo construido. “Le hemos puesto un pedacito de nuestra tierra a los paisanos y también a los españoles. Es un rinconcito de Venezuela en el corazón de Málaga”.
Mientras habla con este periódico por teléfono, admite que acaba de bajar la persiana hace veinte minutos porque necesita "un descanso". Aun así, sabe que el día no termina. “Lo más seguro es que sigan llegando paisanos para seguir celebrando. Hoy ha sido así, uno tras otro”.
Para Erika y muchos de sus compatriotas en Málaga, esta madrugada ha marcado un antes y un después. Un día lleno de incertidumbre, sí, pero también de esperanza y unidad. “Ha sido un día intenso… pero siento que estamos más cerca de volver a ver una Venezuela libre”, subraya.