José Luis Martínez-Almeida durante un acto.

José Luis Martínez-Almeida durante un acto. Marta Fernández Europa Press

Sociedad

Almeida, 51 años: "Si mido lo que ahora, imagínate en el colegio. El estirón no lo he pegado. Que si nano por aquí..."

En un pódcast, el alcalde de Madrid recuerda algunos acontecimientos que marcaron su niñez.

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I. Gilabert
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Las claves

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José Luis Martínez-Almeida ha compartido detalles sobre su infancia en una entrevista, destacando su baja estatura y el sentido del humor con el que afrontaba las bromas en el colegio.

El alcalde de Madrid creció en una familia numerosa como el hijo menor, disfrutando de algunos privilegios y recibiendo una educación basada en el esfuerzo y los valores familiares.

De su madre heredó el carácter y la determinación, mientras que de su padre aprendió disciplina y sentido del humor, cualidades que sigue aplicando en su vida diaria.

Almeida destaca la importancia de la familia por encima del éxito profesional y considera a su esposa, Teresa Urquijo, su refugio y principal apoyo en la vida.

José Luis Martínez-Almeida lleva años ocupando un lugar destacado en la actualidad política. No cuanto menos, es el alcalde de Madrid. Sus apariciones públicas son diarias, al igual que lo son sus discursos y entrevistas. Pero detrás de esa imagen formal y profesional, también está el niño que alguna vez fue.

Por eso, son mucho menos conocidas las vivencias que marcaron su infancia y que, según él mismo reconoce, explican buena parte de la persona en la que se ha convertido a día de hoy.

"Imagínate si mido lo que mido ahora, lo que medía en el colegio. Yo el estirón no lo he pegado". Y es que el primer edil actualmente en el Ayuntamiento de Madrid abrió una ventana a sus recuerdos más personales durante una entrevista en el pódcast A solas con..., presentado por la empresaria Vicky Martín Berrocal.

En ella repasó cómo fue crecer en una familia numerosa, la educación que recibió de sus padres y las lecciones que todavía hoy intenta aplicar en su día a día. Todo ello con un sentido del humor que le caracteriza.

Por ejemplo, tocando temas como su altura: "Yo alguna vez se lo dije a mi madre: 'Pero, ¿cuándo voy a pegar el estirón?'. Eso en el colegio a veces... Lo de Nano por aquí, Nano por allí... Al final me reía de mí mismo. No sufrí bullying ni mucho menos. Los niños ya sabes cómo son. Yo me reía y no pasaba nada".

Y es que para Almeida, la capacidad de reírse de uno mismo es una enseñanza que sigue presente en su forma de afrontar los problemas. "El sentido del humor empieza por reírse de uno mismo", explicó durante la conversación.

Así, detrás del político acostumbrado a los focos, hubo un niño que creció rodeado de cinco hermanos. Almeida recuerda con naturalidad que, al ser el benjamín de la familia, disfrutó de algunos privilegios. "Cumplo la leyenda que dice que los pequeños son los mimados", admitió entre risas, reconociendo que llegó "con el terreno bastante aplanado" gracias al camino que ya habían recorrido sus hermanos mayores.

Aquella infancia estuvo marcada por una educación en la que el esfuerzo y los valores familiares ocupaban un lugar central. Si algo destaca al hablar de sus padres es la influencia que ambos ejercieron sobre su forma de entender la vida.

De su madre heredó el carácter y la determinación. La describe como una mujer con personalidad, convencida de que había que perseguir los objetivos sin miedo. De su padre, en cambio, aprendió dos cualidades que considera imprescindibles: la disciplina y el sentido del humor.

Su infancia también estuvo marcada por una disciplina que, con los años, se convertiría en una de sus señas de identidad. Él mismo reconoce que fue un niño responsable, obediente y poco dado a dar disgustos en casa. Si sus padres fijaban una hora para volver, él la cumplía. "Si ellos me daban la libertad para salir, yo se la devolvía regresando cuando me decían", explica.

Tampoco fue un estudiante brillante de sobresalientes, aunque sí constante. Almeida se define como un alumno de "notable", aplicado y sin grandes sobresaltos académicos.

Esa constancia terminaría siendo clave años después para preparar una de las oposiciones más exigentes del país, la de abogado del Estado. Una etapa que incluso hoy sigue condicionando algunas de sus manías cotidianas, como la puntualidad extrema o la necesidad de mantener todo perfectamente ordenado antes de comenzar cualquier tarea.

Cuando se mira al espejo, el alcalde asegura que no piensa en los cargos que ha ocupado ni en la notoriedad pública que ha alcanzado. Prefiere recordar la suerte que tuvo al crecer en una familia que le proporcionó estabilidad, educación y oportunidades. "He tenido muy buenos padres y creo que tengo que devolver a la sociedad todo lo bueno que he recibido", afirma.

La pérdida de ambos sigue siendo uno de los episodios más dolorosos de su vida. Su padre falleció en 2012 y su madre murió en 2019, pocos meses antes de que Almeida se convirtiera en alcalde de Madrid.

El político recuerda que ella tenía un deseo muy concreto antes de marcharse: llegar a verle ocupar el cargo. No pudo hacerlo por apenas unos meses, aunque él está convencido de que continúa acompañándole desde la distancia.

Para él, además, la familia tiene una gran importancia. Algo que nunca estaría por debajo del éxito profesional. Es una idea que hoy, después de haberse casado con Teresa Urquijo y de tener ya a su primer hijo, Lucas, adquiere para él un significado especial.

De hecho, a la pregunta de la presentadora en dicho podcast (que se grabó cuando todavía no era padre, pero sí tras casarse) sobre qué le da su mujer a su vida, Almeida contestó con una palabra: "Todo". "Cuando veo a Teresa, es tranquilidad. Es mi refugio en la vida, una persona que siempre va a estar conmigo y siempre me va a apoyar", añadía.