Ángel de la Vega, director del colegio Arturo Soria y Josefina Somodevilla Sepúlveda, subdirectora académica del colegio.

Ángel de la Vega, director del colegio Arturo Soria y Josefina Somodevilla Sepúlveda, subdirectora académica del colegio. Mónica Mollá

Sociedad

Ángel y Josefina, los 'directores' del colegio con mejor nota en la PAU dentro de Madrid: "Sólo tenemos 14,5 alumnos por aula"

El modelo del centro, sin ánimo de lucro y con un profesor por cada diez alumnos, explica una tendencia sostenida en la élite académica madrileña.

Más información: El mejor colegio privado de la Comunidad de Madrid, según las notas de la PAU: sus alumnos sacaron un 7,88 en Selectividad

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Las claves

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El Colegio Arturo Soria logra la mejor nota media de Selectividad en Madrid capital, con un 8,27, presentando al 97,4% de sus alumnos en primera convocatoria.

El centro destaca por sus clases reducidas (14,5 alumnos por aula en Bachillerato), desdobles y un ratio de casi un profesor por cada 10 alumnos.

El modelo educativo se basa en la reinversión de recursos, tutores personales elegidos por los alumnos y una relación cercana entre docentes y estudiantes.

La preparación para la PAU incluye simulacros, cierre temprano del temario y acompañamiento, logrando así excelentes resultados y acceso a carreras exigentes.

En el Colegio Arturo Soria no hablan de un “buen año”, sino de una tendencia que lleva décadas consolidándose.

En 2025, el centro ha vuelto a situarse como el colegio privado con la nota más alta de Selectividad en Madrid capital: un 8,27 de media final, con un 8,12 en los exámenes y un 8,33 de expediente.

Pero más allá del dato, lo que destacan desde la dirección es otra cifra: el 97,4% de los alumnos se presenta a la prueba en primera convocatoria.

“Si solo presentas a los mejores, es más fácil tener notas altas. Nosotros presentamos a todos los alumnos”, explica Ángel de la Vega, director del centro desde hace 13 años.

Ángel de la Vega y Josefina Somodevilla

Ángel de la Vega y Josefina Somodevilla Mónica Mollá

A su lado, Josefina Somodevilla, subdirectora académica y profesora de Matemáticas desde 25 años, asiente: los resultados, insiste, no son una casualidad.

El colegio, fundado en 1978 como una cooperativa de padres sin ánimo de lucro, ha construido su modelo en torno a una idea clara: reinvertir todos los recursos en educación.

Eso se traduce en clases reducidas -de sólo 14,5 alumnos por aula en segundo de bachillerato-, desdobles de clases (del 85% en la ESO al 100% en Bachillerato) y un ratio de un profesor por cada 9,89 alumnos.

Ese margen permite algo poco habitual: que los docentes tengan tiempo. En este colegio imparten 20 horas lectivas semanales, frente a las 27 que marca el convenio colectivo de colegios privados.

“La idea es que puedan preparar bien las clases y atender a los alumnos”, explica De la Vega. “Eso genera una relación mucho más cercana. Aquí los estudiantes no tienen problema en pedir hablar con un profesor”.

El sistema se completa con una estructura singular: tutores personales elegidos por los propios alumnos desde primero de Secundaria. Un modelo importado de Reino Unido que, según defienden, refuerza el vínculo con las familias y el seguimiento individual

El resultado es un clima académico que, dicen, marca la diferencia. “Aquí sacar buenas notas está bien visto por los alumnos”, resume el director. “En muchos sitios ocurre lo contrario, y eso es un problema”.

El perfil del alumnado también influye, aunque no es un centro elitista. “No es un colegio de ‘cerebritos’”, insiste De la Vega.

Ángel de la Vega y Josefina Somodevilla Sepúlveda

Ángel de la Vega y Josefina Somodevilla Sepúlveda Mónica Mollá

Somodevilla lo matiza: “Son alumnos trabajadores. Incluso al que se suspende le importa. Respetan las clases y eso hace que el ambiente sea muy bueno para aprender”.

El día a día en el aula refleja ese enfoque. Las clases desdobladas permiten dividir los grupos en dos, con dos profesores, lo que facilita un seguimiento más individual.

“La calidad de la clase cambia completamente”, explica la subdirectora. “Y además evita lagunas: si un alumno falta, puede recuperar fácilmente el ritmo”.

El proceso de selección del profesorado es otro de los pilares. El colegio realiza tres entrevistas por candidato (con el jefe de departamento, jefatura de estudios y dirección) y apuesta por perfiles jóvenes que puedan seguir formándose dentro del proyecto.

"Buscamos gente que se ilusione", señala Somodevilla. "Lo que más queremos es que los profesores crean en una forma de enseñar distinta".

Con ese equipo, la preparación de la PAU comienza mucho antes del examen. En segundo de Bachillerato, todas las pruebas siguen ya el formato oficial y, en febrero, los alumnos realizan un simulacro completo en condiciones reales. El temario se cierra en marzo y los meses siguientes se dedican al repaso intensivo.

“Queremos que lleguen tranquilos”, explica Somodevilla. “Incluso organizamos el traslado en autobús a la universidad para que no tengan que preocuparse por nada el día de la prueba”.

P.- ¿Hasta qué punto es clave esa preparación específica para la Selectividad?

R.- Es importante, pero no lo es todo. No hacemos ‘examen de PAU todos los jueves’. Se trata de que el alumno entienda bien la materia y luego sepa enfrentarse al formato, explica Josefina Somodevilla.

P.- ¿Qué nota el alumnado cuando llega al colegio desde otros centros?

R.- Sobre todo, la relación con los profesores. Les sorprende mucho, Y también la cantidad de veces que se les pregunta en clase. Aquí participan más. Responde Ángel De la Vega

P.- ¿Se puede replicar este modelo en centros públicos o concertados?

Á.- No. Soy un gran defensor de la educación pública, pero esto no es replicable. Aquí vivimos en una especie de isla de privilegio: muchos profesores que tienen mucho tiempo y como colegio tenemos muchos recursos.

El contexto educativo, sin embargo, también está cambiando. Tradicionalmente, la mayoría de sus alumnos optaba por la universidad pública, pero esa tendencia empieza a moverse.

“Cada vez más familias valoran universidades privadas con prestigio, incluso teniendo nota para entrar en la pública”, apunta el director.

P.- ¿Qué cambiarían del sistema educativo actual?

Á .- Es demasiado memorístico. Los alumnos estudian contenidos para reproducirlos en un examen. Ojalá la EVAU fuera más competencial, pero eso requiere un cambio de base.

Pese a todo, los resultados siguen llegando. Seis alumnos entre las mejores notas de la PAU, dos ganadores de Olimpiadas autonómicas y promociones que acceden a carreras con notas de corte muy altas, como Medicina o ingenierías.

“Son unos mimados”, bromea De la Vega. “Pero van muy preparados”.

En el Colegio Arturo Soria, la fórmula parece clara: menos alumnos, más tiempo y una relación más estrecha entre profesores, estudiantes y familias. Un modelo difícil de replicar, pero que, al menos en Madrid, sigue marcando la diferencia.