José Luis Sena, fundador de Oblack.

José Luis Sena, fundador de Oblack. Cristina Villarino EL ESPAÑOL

Ocio

José Luis Sena pasó de la ruina a crear el imperio 'millonario' de las gorras Oblack: "He tenido 20 enfermedades incurables"

Empezó como DJ, quebró su sucursal de Viajes Marsans y después ha conseguido vender sus gorras por todo el mundo. 

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Las claves

José Luis Sena, fundador de Oblack Caps, pasó de la ruina tras fracasar con Viajes Marsans a crear un exitoso imperio de gorras popular entre famosos como Messi o Rauw Alejandro.

A lo largo de su vida, Sena ha sido diagnosticado con 20 enfermedades crónicas e incurables, aunque actualmente se encuentra mejor tras invertir en su salud y autoconocimiento.

Tras sufrir graves daños materiales y empresariales por una dana, Sena dejó de ser CEO de Oblack Caps, manteniéndose como fundador y accionista de la marca, que hoy vende en toda Europa.

Sena reflexiona sobre el valor del dinero frente a la salud y el crecimiento personal, asegurando que las adversidades le han hecho 'millonario' en experiencia y aprendizaje.

José Luis Sena habla tranquilo, sin prisa, como ese primer día de vacaciones en el que uno no es capaz de discutir ni con su peor enemigo. “A la gente le choca”, reconoce. Quizás porque, durante mucho tiempo, no fue así. Encadenó batallas y proyectos sin descanso. Todos, detallados en su primer libro, Oveja negra millonaria (Ediciones B), donde cuenta —entre otras muchas cosas— que recorrió medio mundo como DJ, que se arruinó con una sucursal de Viajes Marsans y, sobre todo, que construyó el imperio ‘millonario’ de Oblack Caps. Ya saben, las ‘gorras de los animales’, las de los famosos, las que han llevado —en diferentes épocas— Leo Messi, Ilia Topuria, Ayuso o Rauw Alejandro.

“Antes me levantaba y acostaba apagando fuegos. Pregúntale a cualquier empresario. Que me digan cuántas pastillas se toman para estar bien”, explica. Ahora, sin embargo, se plantea la vida de otro modo. En Oblack Caps ha dejado de ser CEO y es ‘sólo’ fundador y accionista. Ya no es “millonario”. “Pero tengo la casa que quiero, el coche que quiero... Mi abuela siempre me decía que lo importante no era el dinero y yo le decía que no. He tenido que vivir todo esto para comprenderlo”, confiesa.

¿Y qué es todo eso? Una actividad frenética que, entre otras cosas, también ha derivado en enfermedades. “Me han diagnosticado 20 crónicas e incurables”, lamenta. Aunque ahora, por suerte, tras visitar a más de 100 médicos y gastarse 40.000 euros, está “mejor”. “Sé que me voy a curar. Por mis pelotas”, lanza, como reto. Y en eso está tras despojarse de sus fantasmas y publicar su primer libro —a la vez que prepara el segundo—.

P.—¿Cómo se ha quedado tras publicar el libro? Cuenta cosas muy personales.

R.—El libro no sólo lo he hecho para ayudar a los demás —que es el motivo principal—, sino como trabajo de autoconocimiento y desarrollo personal. Y luego también me ha servido para vencer mis propios miedos. Es verdad que he contado cosas de mucha gente y me han llegado a decir: ‘¡Qué valiente eres!’. Al final, los que tenemos la necesidad de ayudar a los demás no tenemos miedo a contar nuestras cosas.

José Luis Sena antes de la entrevista con EL ESPAÑOL.

José Luis Sena antes de la entrevista con EL ESPAÑOL. Cristina Villarino

P.—Empecemos por el principio, repasando su vida con el libro en la mano. Usted es PAS (Persona con Alta Sensibilidad) y también PAC (Persona con Altas Capacidades). ¿Qué queda del niño que no sabía que tenía esos ‘poderes’?

R.—Quedan muchas cosas. Cada vez estoy más conectado con mi mundo interior. Sinceramente, no quiero ser adulto, es aburrido. Ser mayor es hacer lo que te dice todo el mundo todo el rato: trabajar, seguir los modos de vida establecidos... Yo prefiero seguir siendo un niño alocado y divertido, y hacer lo que me dé la gana. Para mí, la felicidad es hacer lo que quiero. Diría que todavía soy un poco niño.

P.—De haber sabido que tenía esas capacidades, ¿habría actuado de otro modo?

R.—Hubiera hecho todo exactamente igual. Una de las cosas buenas que tengo —o eso dice la gente— es que soy bastante auténtico, bastante real. Vivimos en un mundo de tanta falsedad... Así que yo siempre he sido bastante fiel a mí mismo y he hecho lo que me ha apetecido. Esto, a veces, puede generar mucho amor o mucho odio porque no encajas en algunos entornos en los que es más importante encajar que resonar.  Acostumbro a decir lo que pienso sin ofender a nadie.

P.—Durante un tiempo se ganó la vida como DJ. ¿Qué queda de aquel José Luis Sena que viajaba por Europa pinchando?

R.—Fue una etapa de mi vida. Creía que era lo que había venido a hacer a aquí, a divertir a la gente a través de la música. Conseguí pinchar con casi todo el mundo. Pero ese no era mi propósito final, sino un medio para un fin. Entonces creé Oblack Label y de aquello nació Oblack Caps.

Ya sabemos que el mundo de la música y de la electrónica llevan asociados hábitos como drogas y otras sustancias. Y puedes elegir vivir eso desde la parte sana, como yo hice en la última época, o desde la parte loca.

Así que cuando empecé a meterme en el camino del autoconocimiento y de la salud holística, dije: ‘Estoy fuera’. No podía estar tomando agua pinchando en una discoteca con 2.000 personas abajo.

P.—¿Se arrepiente de aquella época en la que coqueteó con las drogas?

R.—No me arrepiento de nada. Las drogas son malas. Pruébalas si quieres para ver cómo va eso. Pero no te quedes ahí. No lo recomiendo. Como mejor se está es cuidando tu cuerpo, que es donde vas a vivir el resto de tu vida. Ten buenas relaciones, haz deporte, come bien...

José Luis Sena.

José Luis Sena. Cristina Villarino EL ESPAÑOL

P.—Decía Fito que el que ha sido drogadicto lo sigue siendo toda la vida. ¿No ha pensado alguna vez en volver a consumirlas para recuperar alguna de esas sensaciones?

R.—Creo que hay dos personas que han consumido drogas. El que las toma y no sabe por qué lo hace. Y el que las deja porque sabe por qué las consume. En mi caso yo las tomaba porque tenía un vacío existencial, porque no encajaba ni me conocía a mí mismo, porque no creía en mí... Yo tapaba toda esa frustración yéndome de fiesta.

Pero nunca fui un adicto como para ir a un centro. Tomé algunas veces, como todos los chavales. Sales de fiesta, pruebas... Pero cuando te das cuenta de que lo que estás haciendo es tapar un vacío, descubres que puedes hacer otras cosas que te llenen: deporte, pintar, escuchar música...

P.—En su primera intentona como emprendedor se arruina con Marsans.

R.—Me lancé porque creía que junto a una gran empresa podría crecer mucho, pero me encontré muchas barreras. Ellos querían marcar sus propias directrices al ser un grupo grande y yo no me dejé. A mí me gusta ser un alma libre, crear.... Al final, entre los obstáculos y la crisis de 2008, que dejó a Marsans en la quiebra, perdí todos mis ahorros.

P.—¿Cómo salió de aquello?

R.—Tuve una crisis existencial tremenda. Pero gracias a aquello emergió el nuevo José Luis. Fui la crisálida del gusano que se convierte en mariposa. Yo siempre utilizo una metáfora para ejemplificarlo: si cortas un gusano, antes de que se convierta en mariposa se muere. Pues al ser humano le pasa lo mismo. Se muere. Me permitió darme cuenta de que estaba cambiando mi tiempo por dinero. Dije: ‘Hasta aquí’. Y con mis socios creamos el concepto Oblack y nos fuimos a Ibiza.

P.—Con Oblack Cap entra en la Lanzadera de empresas de Juan Roig, pero después tiene que salir de allí.

R.—Lo que yo digo en el libro es que tienes que nadar a contracorriente. Nosotros tuvimos un sabor agridulce en nuestra experiencia. De un lado ganamos las lecciones de Juan Roig, que fueron brutales, porque me hicieron cambiar el paradigma. Gracias a eso cambió el rumbo de Oblack. Y luego, del otro lado, los que nos dirigían no nos dejaron ir a contracorriente. No querían que utilizásemos Amazon para vender las gorras. Pero, como buena oveja negra que soy, aquella decisión fue vital para empezar a vender un montón.

P.—¿Cuál es la situación de Oblack ahora mismo?

R.—A consecuencia de la dana sufrimos unos daños terribles a tres bandas: empresarial, material y personal. Yo perdí los vehículos que tenía, mi casa quedó muy dañada y los almacenes que tenía quedaron arrasados con todos los productos que tenía allí.

Aquello destrozó una estrategia empresarial que yo había estado tejiendo durante más de 10 años. Rompemos la negociación con la selección española de fútbol, con algunos otros equipos, con Ushuaïa Ibiza y se pospuso el acuerdo con Topuria vinculado a que cerráramos una ronda de inversión porque no teníamos ventas ni stock. Al final, conseguimos negociar con otro fondo y los derechos de explotación los tenemos cedidos a una empresa que tenemos en sociedad con ellos. Dejé el puesto de CEO y me quedé como accionista y fundador de la marca. Ahora la marca funciona bien y vende en toda Europa, pero yo ya no soy el CEO ni sigo en la operativa.

José Luis Sena posa con su libro 'Oveja negra millonaria'

José Luis Sena posa con su libro 'Oveja negra millonaria' Cristina Villarino EL ESPAÑOL

P.—¿Es millonario después de todo este camino? Lo digo por el título del libro.

R.—La gente lo puede interpretar así, pero se puede ser millonario y no necesariamente por lo material. Yo lo que digo es que a través de las adversidades te vuelves millonario como ser humano. El José Luis que tenía 25 años fracasó con Marsans porque no pudo crear algo más grande. Pero después, a través del autoconocimiento y el trabajo personal, he conseguido construir un imperio como Oblack Caps. Pasé de ser una oveja descarriada a ser una oveja negra millonaria.

P.—¿Pero ha tenido que ganar mucho dinero con las gorras, no?

R.—A ver... Nos ha ido bien. Lo que pasa es que a veces las burbujas empresariales no son lo que parecen. Puedes tener una facturación muy alta, pero los beneficios después de impuestos no son tantos. Tienes que tributar, pagar a los empleados, necesitas poner en marcha determinadas acciones para que la gente no deje de crecer... Hay empresas que parecen muy grandes y, sin embargo, están reinvirtiendo su dinero todo el tiempo. Nike y Apple, por ejemplo, no ganaban dinero y ya eran un éxito internacional.

P.—Se lo digo porque al leer el pasaje del libro en el que habla de la ‘ruina’ en la que se queda tras la dana, pensé: ¿no tenía dinero Oblack para hacer frente a esas pérdidas y seguir?

R.—Una cosa es el dinero que tiene la empresa y otra el dinero de los fundadores. Y hay momentos en el que como fundador te planteas si quieres arriesgar tu dinero o no. Juan Roig en la formación de Lanzadera nos decía que un buen CEO es el que tiene su propio colchón y lo utiliza cuando la empresa lo necesita. Yo hice eso algunas veces con Oblack, pero cuando pasó lo de la dana estaba tan saturado que dije: no me apetece. Voy a buscar capital fuera. Porque también había escuchado a otros emprendedores decir: no crezcas con tu dinero, hazlo con el de otros.

P.—¿Ahora ya no es millonario?

R.—Ahora mismo, no. Pero sí me puedo permitir la casa que quiero, el coche que quiero e ir a los restaurantes que quiero. Millonario es alguien que no necesita demostrarle a los demás que es alguien a través de lo material.

Hay que ser millonario espiritualmente y para eso no necesitas mucho. Eso me lo enseñó mi abuela. Pero he tenido que pasar todo esto para entenderlo.

P.—Hubo un tiempo en que sí quiso tener el mejor coche, por ejemplo.

R.—Yo he tenido buenos coches, no te lo voy a negar. Siempre he sido muy ambicioso. Vengo del materialismo más opulente, pero me he dado cuenta de que no soy feliz ahí. Ya lo decía Will Smith: lo he tenido todo y sin embargo no he sido feliz. No estoy a su nivel, obviamente, pero hay gente que no necesita ser billonario para darse cuenta de eso.

P.—En el libro habla de hasta 20 enfermedades diagnosticadas fruto de la vida que ha llevado. ¿Cambiaría todo el dinero por estar bien de salud?

R.—Ese es el expediente X de mi vida. Desde pequeño ya tenía problemas de salud y he sido enfermo crónico toda mi vida. He tenido baches que he ido superando, pero es verdad que desde 2015 arrastro un dolor crónico. A veces, con más intensidad y otras menos. Y no lo entiendo. He ido a los mejores médicos y todo me sale bien. Entonces, lo que quiero es descubrir cómo genero yo ese dolor. Y creo que tiene que ver con esa mentalidad de hacerlo todo de forma excelente, de tomarme todo tan a pecho. Yo mismo me genero el dolor.

P.—¿Cambiaría todo el dinero por estar bien de salud?

R.-Me lo decía siempre mi abuela y yo le decía: ‘Que no, que yo quiero ganar mucho dinero’. Pero lo que quiero es tener la salud perfecta. Si tienes salud y amor, el resto va llegando. Eso es lo más importante.

P.—¿Cómo se encuentra ahora?

R.—Estoy bien. Tengo dolor crónico, pero no tengo fibromialgia aguda, que es tener dolor en más de 30 partes del cuerpo. Pero me queda algo de artritis en el brazo derecho, tengo dolor pélvico, problema digestivos que son los residuos de toda la sintomatología que he tenido...

He tenido 20 enfermedades diagnosticadas como incurables y no creo en las etiquetas. La etiqueta se crea para dar una medicación. Yo creo que trabajando el espíritu, teniendo un propósito en la vida, comiendo bien, teniendo buenas relaciones... Eso te hace que vayas estando mejor. Ahora estoy en la fase en la que sólo hago algo si me lo resuelve. Hay personas que llegan a eso a los 60 y otros que se dan cuenta antes y, por suerte, pueden revertir un problema crónico diagnosticado como incurable.

José Luis Sena, durante la entrevista con EL ESPAÑOL.

José Luis Sena, durante la entrevista con EL ESPAÑOL. Cristina Villarino

P.—¿Cree que se va a curar?

R.—Soy como Ilia Topuria. Si creo en algo, sucede. Después de superar todas las adversidades que he superado y cuento en mi libro, creo que me voy a curar. Mi próximo libro se va a llamar ‘La universidad del dolor’. Quiero ayudar a personas que están perdidas y no saben qué hacer con su dolor crónico.

Pero es que cuando —como yo— has ido a más de 100 doctores y te has gastado 40.000 euros, dices: ‘Me voy a sanar por mis pelotas’. Además, tengo un buen amigo, el doctor Hernández, que siempre me dice que sé más que algunos doctores. Hay gente como yo que tiene un estrés crónico inconsciente y todo viene de ahí.

P.—¿Cómo se vive con dolor?

R.—La gente muchas veces me dice: ‘¿Cómo te puedes estar riendo si tienes dolor?’. Pero es que el dolor no es malo, es bueno. Es el maestro más poderoso que tiene la vida. Hay personas que aprenden a través de la pobreza, otras a través del desamor y otras a través del dolor físico, como yo.

P.—He leído que cree en Dios. ¿Qué le pide?

R.—Salud para mí y para todos los que quiero. El dinero no da la felicidad. De todos modos, yo no creo en el Dios Cristiano, en el de la cruz, en el que me enseñó mi abuela. Yo creo que en una energía infinita, intangible, algo superior a nosotros a lo que podemos llamarle dios. Y ese también nos ayuda y nos da la mano.