Montaje de fotos de las piezas que cayeron del edificio, Julio y Pilar y la obra.

Montaje de fotos de las piezas que cayeron del edificio, Julio y Pilar y la obra. M.B

Madrid Capital

La pesadilla de Julio, Pilar y sus vecinos por las obras de Conde Casal: un edificio que se cae y ruido de 6 a 2 de la madrugada

Ruido constante, calles alteradas y miedo en casa: el día a día de un barrio en obras permanentes.

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Las claves

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Los vecinos de Conde de Casal denuncian ruidos constantes por las obras del metro, con trabajos desde las 6:30 de la mañana hasta las 2 de la madrugada, incluyendo fines de semana.

Las vibraciones y el movimiento de maquinaria pesada han provocado la caída de objetos en las viviendas y la preocupación por la seguridad estructural de los edificios.

Se han producido desprendimientos de la fachada en un edificio, lo que obligó a los vecinos a instalar una malla de protección a su costa ante la falta de respuesta clara de las autoridades.

Los residentes exigen información sobre los informes técnicos de seguridad y que se respeten los límites legales de ruido y horarios en las obras.

Las obras de Conde de Casal no descansan y quienes viven ahí, tampoco. Los vecinos denuncian jornadas que arrancan a las 6:30 de la mañana y se alargan hasta las 2 de la madrugada, incluidos fines de semana y festivos, en un ritmo que aseguran que se ha intensificado en los últimos meses.

“Al principio tenían un horario razonable, se iban sobre las siete de la tarde, pero lo han cambiado”, explica Julio Rodríguez, residente en uno de los edificios colindantes.

Ahora, relata, la actividad es prácticamente constante: de día, maquinaria pesada; de noche, focos de gran potencia que iluminan la calle para continuar los trabajos.

Las obras han transformado por completo la movilidad en el entorno. “Van cambiando el tráfico constantemente”, señala Rodríguez. Por eso, acceder a algunas viviendas se ha convertido en un problema: “Si tiene que venir un taxi o una ambulancia no puede pasar”.

El aumento del ritmo de las obras ha disparado también las sospechas entre los residentes. Varios vinculan la aceleración de los trabajos con los plazos políticos. “Quieren acabar dos meses antes de las elecciones y por eso han intensificado todo”, sostiene Rodríguez.

Julio explica que junto a los vecinos preparan acciones legales ante la inspección de trabajo porque han hablado con trabajadores de la obra y les han dicho que están trabajando jornadas de 16 horas.

Pero el principal foco de inquietud no es solo el ruido o el tráfico, sino la seguridad de los edificios. Las vibraciones son constantes, aseguran. “A los pisos más altos se les caen los libros de las estanterías”, relata Rodríguez.

Pilar, la madre de Julio tiene 94 años y explica que la situación es insostenible; “hay momentos muy fuertes de ruido en los que se mueven los cristales de las ventanas, las plantas y los libros, es muy angustiante”.

El miedo y la preocupación aumentaron cuando comenzaron a ver movimientos inesperados en los edificios. “Hace unos días vimos a un hombre bajando con una cuerda desde un balcón”, recuerda Pilar.

Según les trasladaron desde la comunidad de vecinos, se trataba de técnicos realizando mediciones, aunque los vecinos aseguran que nunca se les ha informado de qué tipo de controles se llevaron a cabo ni de sus resultados.

Esa falta de información es uno de los principales reproches. “Queremos saber si nuestras casas están seguras”, insiste Julio.

Según explica, al inicio de las obras una comisión de arquitectos e ingenieros realizó mediciones en algunos edificios, pero los resultados no han sido facilitados ni a las comunidades ni a los particulares.

El episodio que más ha alimentado la preocupación se produjo a principios de marzo en un inmueble de la calle Doctor Esquerdo.

Piezas que cayeron del edificio

Piezas que cayeron del edificio M.B

Según Ángel Luis, presidente de la comunidad del número 175, la noche anterior al 4 de marzo cayeron fragmentos de la fachada desde la parte superior del edificio. “Eran piezas que podrían haber causado lesiones graves”, explica.

Ante el riesgo para los peatones, la comunidad decidió instalar una malla de protección. “La pusimos nosotros para evitar accidentes y nos ha costado unos 3.000 euros”, señala.

Técnicos de la obra fueron avisados y visitaron el edificio. Se comprometieron a elaborar un informe, pero, según denuncia Ángel Luis, nunca lo recibieron. “Nos dijeron que lo enviarán a la Comunidad de Madrid, pero a nosotros no nos han entregado nada”.

Los vecinos relacionan directamente estos desprendimientos con las obras, algo que niega la administración. La Comunidad de Madrid defiende que “los controles técnicos realizados indican que la estructura de los edificios se encuentra en condiciones correctas”.

Según explica a EL ESPAÑOL, "no se han detectado afecciones derivadas de los trabajos". También sostiene que la colocación de la malla responde a “motivos ajenos a la obra”.

Más allá del estado de los inmuebles, la configuración provisional del espacio urbano ha generado nuevas preocupaciones. Guillermo Ferrero, vecino de la zona, advierte de problemas de seguridad en uno de los pasos habilitados junto a las obras.

Imagen del camino que hay al lado de la obra

Imagen del camino que hay al lado de la obra M.B

“Han dejado un lateral de apenas metro y medio para caminar, es un recorrido muy largo en el que nadie ve lo que pasa”, explica. Según afirma, ya se ha producido algún atraco en ese punto.

A ello se le suma la pérdida de aparcamiento. Los residentes calculan que alrededor de 125 plazas han quedado inutilizadas, lo que agrava la presión en un barrio ya tensionado por las restricciones de tráfico. “El Ayuntamiento debería compensar a los vecinos por esas plazas”, reclama Ferrero.

Las demandas vecinales se concentran en dos ejes: información y condiciones. Reclaman conocer los informes técnicos sobre sus edificios y que se respeten los límites legales de ruido y horarios.

“No estamos en contra de la obra, lo que no puede ser es que tengamos que estar soportando ruidos durante tantas horas y que no sepamos si nuestras casas están seguras”, resume Julio.