Francisca López Ruiz, 'Paquita', en el balcón de su domicilio.

Francisca López Ruiz, 'Paquita', en el balcón de su domicilio. EFE

Madrid Total

La "injusta" orden de desahucio contra Paquita a sus 82 años: se ofrece a que le suban el alquiler que lleva tres décadas pagando

"Queremos pagar, solo pedimos quedarnos": Paquita y su hijo ofrecieron subir el alquiler antes del desahucio.

Más información: La Justicia paraliza el desahucio de Paquita, la mujer de 82 años con Parkinson: vive en su casa de La Latina desde hace 28 años

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Las claves

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Francisca López, Paquita, de 82 años y con Parkinson severo, afrontaba una orden de desahucio tras 28 años pagando alquiler en La Latina.

La movilización vecinal en la calle Santa Ana reunió a decenas de personas para mostrar apoyo y rechazar la expulsión de Paquita de su casa.

La propiedad se niega a renovar el contrato de alquiler pese a que Paquita y su hijo han ofrecido asumir una subida de la renta.

El caso de Paquita simboliza la resistencia vecinal frente a la turistificación y la pérdida de identidad de los barrios céntricos de Madrid.

El nombre de Paquita ya no es solo el de una vecina más; se ha convertido en el símbolo de la dignidad y la resistencia vecinal en pleno corazón de La Latina.

Francisca López, de 82 años, encaraba este miércoles una orden de desahucio que amenazaba con dejarla en la calle. Una situación crítica para una mujer que combate desde 1998 contra un Parkinson severo que la ha sumido en la dependencia absoluta.

Aunque la justicia acordó suspender el lanzamiento a última hora del martes, la marea de solidaridad no se detuvo.

La concentración convocada para las 10:30 horas —apenas una hora antes de la fecha fijada para el desahucio— se mantuvo intacta.

Decenas de vecinos, familiares, amigos y ciudadanos anónimos tomaron la calle para dejarle claro a Paquita una sola cosa: que en esta batalla no camina sola.

Visiblemente emocionada y arropada en todo momento por su hijo, con quien comparte piso y vida, Paquita quiso dirigir unas palabras de agradecimiento a la multitud congregada bajo su ventana:

“Gracias a todos los que habéis venido a ayudarme, muy amables todos. Un abrazo y un cariño, sois el pueblo de Madrid".

De Huelva a La Latina

La historia de Francisca es la de tantos vecinos que moldearon la identidad de La Latina. Llegó a Madrid procedente de su Huelva natal con apenas 15 años y lleva más de medio siglo haciendo vida en el barrio.

Desde 1998, sus días transcurren en el número 6 de la calle Santa Ana, el hogar donde ha construido toda su trayectoria vital, ha visto fallecer a su madre y a su marido, y donde hoy convive con su hijo Carlos.

Allí empezó a batallar también, ese mismo año, contra un Párkinson severo que, sumado a una reciente operación de pierna, la sitúa hoy en un grado III de dependencia.

Tras 28 años pagando religiosamente su alquiler, la transformación de su escalera en un goteo constante de pisos turísticos amenaza con arrancarla de la red vecinal y afectiva que le permite seguir adelante.

Paquita, emocionada tras la concentración vecinal.

Paquita, emocionada tras la concentración vecinal. EFE

'Todas somos Paquita'

Bajo este lema, la red de apoyo vecinal y diversos colectivos por el derecho a la vivienda convocaron una movilización que superó cualquier expectativa.

A pesar de las altas temperaturas del pleno mes de julio y de la época vacacional, decenas de personas acudieron a la cita para arropar a la anciana y lanzar un mensaje claro contra el vaciamiento de los barrios.

"Siento una profunda solidaridad con Paquita por la situación tan dura que atraviesa. Hay que estar en la calle para frenar estas injusticias y evitar que se siga expulsando a la gente de sus casas", declaraba Damián, uno de los vecinos concentrados en la calle Santa Ana. Todos creen que es "injusto".

En la misma línea se expresaba Laura, una joven que acudió tras enterarse por las redes sociales: "Creo que la vivienda es un derecho fundamental y todo el mundo se merece un techo digno, especialmente alguien en su situación".

Paquita, saliendo de su vivienda para agradecer la movilización vecinal.

Paquita, saliendo de su vivienda para agradecer la movilización vecinal. EFE

Durante la jornada, el ambiente combinó la emoción con la protesta combativa. Entre los aplausos resonaron cánticos dirigidos directamente contra la turistificación desmedida del centro de Madrid, como "Fuera Airbnb de nuestros barrios" o "Tus negocios, nuestra miseria".

El freno a la especulación

La indignación vecinal no es casual. Paquita ha cumplido puntualmente con el pago de su renta —que en la actualidad asciende a 1.150 euros mensuales— durante casi tres décadas.

Ni ella ni su hijo Carlos, que trabaja como transportista, se han negado jamás a asumir sus obligaciones económicas; incluso han manifestado su disposición a negociar un incremento en la cuota con tal de permanecer en su hogar.

Sin embargo, la propiedad del inmueble rechaza renovar el contrato, una maniobra que los colectivos denuncian como el paso previo para destinar la vivienda al lucrativo mercado de los pisos de uso turístico.

Una tregua en la batalla

La suspensión judicial acordada a última hora del martes otorga un respiro vital a Paquita y a su familia, pero la incertidumbre continúa.

La paralización del lanzamiento representa solo una victoria temporal mientras se tramita la búsqueda de una alternativa habitacional o una solución legal definitiva que garantice la protección de una persona en situación de vulnerabilidad extrema.

Más allá del ámbito judicial, lo vivido esta semana en la calle Santa Ana deja una huella profunda en La Latina.

En un barrio expuesto a la rápida transformación de su tejido social, la respuesta ciudadana ha vuelto a situar los cuidados y el arraigo vecinal en el centro del debate público.

Paquita no solo ha logrado quedarse, por ahora, en el hogar de toda su vida; se ha convertido en el rostro de una comunidad que se resiste a perder su identidad y que ha dejado claro que sus mayores no están solos.