El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez y el rey de Marruecos, Mohamed VI.
España y Marruecos han construido durante las últimas décadas una relación comercial tan intensa que una escalada de la actual crisis acabaría generando un elevado coste a ambos lados del Estrecho. La cuestión no es tanto si ambos perderían, es obvio que sí, sino cuánto, en qué sectores y, sobre todo, quién tendría más dificultades para sustituir al otro.
Empiezo por poner tamaño a la relación. España exportó en 2025 mercancías por 387.000 millones de euros. Marruecos representa alrededor del 3% de nuestras ventas exteriores y algo más del 2% de nuestras compras. Es uno de nuestros principales mercados fuera de la Unión Europea, pero está lejos de ser una dependencia estructural para la economía española.
Los últimos datos disponibles de la Secretaría de Estado de Comercio, elaborados a partir de Aduanas, muestran que en el primer semestre España exportó a Marruecos mercancías por unos 6.420 millones de euros e importó por 5.796 millones, manteniendo un superávit superior a 600 millones.
Las ventas españolas crecían además un 3,5% respecto al mismo periodo del año anterior y las compras un 4,1%. Justo antes de la crisis, por tanto, la relación comercial no se estaba enfriando. Seguía creciendo.
Visto desde Rabat, la fotografía cambia considerablemente. El Office des Changes, organismo oficial encargado de elaborar las estadísticas de comercio exterior marroquí, sitúa a España como primer socio comercial del país. Europa concentra el 62% del comercio exterior de Marruecos y España representa el 29,1% de sus intercambios europeos, por delante de Francia, con el 21%.
El último informe anual completo del Office des Changes cifra el déficit comercial de Marruecos frente a España en 18.200 millones de dírhams en 2024
Dicho de otra manera, aproximadamente el 18% de todo el comercio exterior marroquí se realiza con España. Para nosotros Marruecos es un socio importante. Para Marruecos, España es el socio.
También importa quién vende más a quién. El último informe anual completo del Office des Changes cifra el déficit comercial de Marruecos frente a España en 18.200 millones de dírhams en 2024. El déficit, además, aumentó en 2.900 millones respecto al año anterior.
Las estadísticas españolas cuentan naturalmente la misma historia desde el otro lado. En 2023 exportamos a Marruecos 12.146 millones de euros e importamos 9.032 millones, obteniendo un superávit de 3.113 millones y una tasa de cobertura del 134,5%. España no sólo es más importante para Marruecos que Marruecos para España. También somos vendedores netos en la relación.
Pero reducir esos más de 20.000 millones de intercambios a una balanza entre comprador y vendedor sería perderse lo más interesante. España y Marruecos forman ya parte de las mismas cadenas industriales. Según datos del ICEX, el material eléctrico representaba el 29,9% de nuestras importaciones desde Marruecos, la confección el 13,8% y los vehículos otro 12,5%.
En sentido contrario, combustibles, maquinaria, automóviles y material eléctrico sumaban prácticamente la mitad de las ventas españolas. Contrariamente a la opinión popular, no estamos intercambiando tomates por máquinas. Estamos fabricando cosas juntos.
Según la Secretaría de Estado de Comercio, más de 350 empresas españolas están instaladas en Marruecos, con presencia especialmente relevante en energía, infraestructuras, automóvil, banca y tecnología. Marruecos es también el primer destino de la inversión española en África, con un stock cercano a 2.000 millones de euros y 27.655 empleos asociados.
La automoción es seguramente el mejor ejemplo y también el sector que más vigilaría si la crisis se prolongase. ICEX calcula que representa ya el 33% de las exportaciones totales de Marruecos. El 90% de su producción se dirige al exterior y España absorbe directamente alrededor del 20%.
Renault produce en Tánger y Casablanca y Stellantis en Kenitra, alrededor de un ecosistema de proveedores cada vez más conectado con España. El problema de una crisis comercial seria no sería, por tanto, dejar de comprar coches marroquíes.
Serían los cables, componentes, acero, maquinaria y piezas que cruzan el Estrecho en ambas direcciones y que permiten que una fábrica funcione sin almacenar durante semanas lo que necesita mañana.
El textil ofrece un ejemplo incluso más claro. El Office des Changes identifica a España como el principal contratista extranjero del sector, con una participación media del 26,8% en las operaciones analizadas entre 2012 y 2022, muy por delante de Francia, con el 16,3%. Las prendas de vestir concentraban además el 78% de las exportaciones textiles marroquíes en 2022 si sumamos confección y punto. Para una empresa española, perder Marruecos supondría sustituir un proveedor muy próximo y flexible.
ICEX describe expresamente a Inditex como el principal actor del sector textil marroquí y señala que los pedidos de las marcas españolas son la locomotora de esa industria. En 2023, último desglose detallado de Inditex que he podido verificar por país, el grupo trabajaba en Marruecos con 216 proveedores, 348 fábricas de confección, otras 37 fábricas vinculadas a otros procesos y 94.563 trabajadores en las plantillas de esos fabricantes.
Es importante entender que Marruecos no compite con otros centros de producción, como podría ser Asia, en coste sino en tiempo. Si la situación estallase, es difícil cuantificar el coste de forma directa, pero sí inferir el impacto en márgenes. Y no sería bueno.
Tampoco parece probable que el primer ajuste llegue por el tipo de cambio. El dírham está gestionado por Bank Al-Maghrib y su cesta de referencia está compuesta en un 60% por el euro y un 40% por el dólar. Esa fuerte vinculación con la moneda europea reduce la volatilidad cambiaria entre dos economías tan conectadas.
Si la tensión política terminara contaminando el comercio, probablemente la veríamos antes en retrasos aduaneros, pedidos cancelados, inventarios mayores, transporte más caro o decisiones de inversión aplazadas.
Conviene, sin embargo, no adelantarse a los datos. La crisis es muy reciente y las estadísticas españolas disponibles llegan hasta junio. El propio informe de ese mes muestra a Marruecos entre los países que más contribuyeron al crecimiento de las exportaciones españolas, impulsadas entonces por petróleo y derivados, componentes del automóvil y gas. Afirmar hoy que el comercio bilateral se está desplomando sería confundir una hipótesis razonable con un hecho que todavía no se puede demostrar.
Lo que sí podemos medir es la exposición si la situación empeora. España perdería ventas, eficiencia logística y acceso a una plataforma industrial muy cercana. También tendría más de 350 empresas directamente expuestas a un deterioro del entorno económico bilateral.
Pero España vende al exterior casi 390.000 millones de euros anuales, está profundamente integrada en el mercado europeo y dispone de capacidad para buscar proveedores y clientes alternativos.
Marruecos tendría que sustituir a su primer socio comercial y a un país que absorbe alrededor del 22% de sus exportaciones, además de resultar esencial para algunas de las industrias que han impulsado su transformación económica durante la última década.
Quizá ésa sea la paradoja económica de esta crisis. La extraordinaria integración entre ambos países debería actuar como freno a su deterioro, pero también hace más caro cada nuevo escalón. Mohamed VI y su jefatura de Gobierno, son plenamente conscientes de su situación comercial y si han ido adelante es porque la crisis es mucho más seria que algo pasajero. Es un preludio de algo peor.
Esto es lo que me da miedo porque si termina cruzando la frontera comercial, los dos lados del Estrecho tendrán una muy alta factura. Y uno ya ha manifestado que quiere correr el riesgo de pagarla.