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Opinión

El síndrome del comité perpetuo: por qué las grandes instituciones ya no deciden, solo se protegen

José Parejo
Publicada

Hay una tragedia silenciosa que recorre los despachos nobles del IBEX 35, las grandes corporaciones multinacionales y los organismos públicos de decisión. Es la sustitución absoluta del criterio directivo por el miedo al expediente.

Durante años, hemos asumido que el riesgo principal de una gran organización residía en la volatilidad de los mercados o en la asfixia fiscal.

Es un error de diagnóstico, porque el verdadero factor que está vaciando de competitividad a nuestras instituciones es la parálisis burocrática institucionalizada, un colapso operativo donde el tiempo de reacción se mide en trimestres, y la firma de un riesgo se fragmenta entre tantos comités que la responsabilidad, simplemente, se desvanece.

Hemos construido fortalezas corporativas e institucionales tan brillantemente blindadas contra el error que son, a todos los efectos prácticos, incapaces de cualquier acierto audaz.

Los datos estructurales publicados por la AIReF y el Banco de España revelan una anomalía que va mucho más allá del ciclo, y que conviene leer con precisión.

La productividad española no está estancada en todas sus métricas: la productividad por hora trabajada crece en torno al 0,7% anual y acumula un avance del 2,7% desde finales de 2019, y la Productividad Total de los Factores también avanza.

Lo que está plano, y es el único indicador que mide lo que produce cada persona empleada, es la productividad por ocupado: 0,0% proyectado para 2026, 2027 y 2028, todavía por debajo del nivel previo a la pandemia.

La causa documentada e incómoda es que la jornada media efectiva es un 7% inferior a la del cuarto trimestre de 2019, por aumento de ausencias y por caída de las horas de quienes no se ausentan.

Dicho sin eufemismo, buena parte de la mejora aparente de la productividad española se explica porque el denominador se encoge más rápido que el numerador.

Ese es exactamente el patrón que produce una organización donde el tiempo directivo se consume en certificar en lugar de en decidir; los indicadores por hora se sostienen, los agregados por persona no se mueven.

Según las líneas de trabajo y diagnósticos de inteligencia estratégica sectorial desarrollados por Jose Parejo & Associates (2026- Informe de Resiliencia Estratégica-JPA), siete de cada diez directores generales reconocían que dedican más de la mitad de su jornada laboral a certificar el cumplimiento de normativas internas, memorandos ESG, auditorías de riesgo preventivo y filtros de gobernanza cruzada, en lugar de auditar la agilidad comercial o la disrupción de su competencia.

Se construyen fortalezas de papel. Las grandes instituciones públicas y privadas se han dotado de estructuras masivas donde la precaución se premia, y el acierto audaz se penaliza preventivamente.

Cuando un CEO o un alto cargo institucional se enfrenta a una decisión crítica como una inversión transformadora, una reestructuración de balance o un cambio de proveedor estratégico, el expediente no se evalúa por su retorno financiero esperado, sino por su capacidad de resistir una futura auditoría, o una comisión de investigación parlamentaria.

El incentivo perverso y matemático es no fracasar por inacción, y sale gratis; arriesgar por convicción puede costar el puesto.

Esta mutación cultural genera una desventaja competitiva medible frente a actores que deciden más rápido.

Mientras los fondos soberanos y los conglomerados internacionales de otras geografías ejecutan operaciones de calado en semanas, mediante comités ejecutivos reducidos y soberanos, la gran institución europea se sumerge en un laberinto de dictámenes jurídicos preventivos.

La estructura de incentivos premia el riesgo-cero, que a medio plazo equivale a irrelevancia.

La consecuencia directa de este repliegue defensivo es la pérdida flagrante de soberanía estratégica.

Cuando una institución pública externaliza su criterio técnico, en asesoramiento contratado para no asumir el coste político de un error, o cuando un consejo de administración privado subordina el criterio industrial al dictado milimétrico de los comités de cumplimiento, la empresa deja de dirigir el mercado y pasa a ser rehén de la inercia.

Por su parte, el mercado, implacable, ya ha demostrado que no premia a los que mejor se protegen, sino a los que se atreven a decidir.

*** Jose Parejo es fundador y CEO de JPA Jose Parejo & Associates, firma de inteligencia estratégica y análisis de riesgo soberano que asesora un número limitado de consejos por sector y región.