Las treguas y los acuerdos de alto el fuego, las negociaciones entre Irán y EEUU se han demostrado inestables y engañosas ¿Por qué?
Porque se realizan entre dos culturas diferentes, en las que el proceso negociador tiene reglas distintas.
La cultura de los EEUU y la de Irán parten de anclajes éticos distintos.
Los norteamericanos parten de una cultura cristiana. En ella el último eslabón de la cadena de relaciones entre personas y colectivos humanos es el perdón.
El perdón es el bálsamo que diluye todo conflicto en el occidente de tradición greco-judeo-romano-cristiana. Gracias al perdón se puede continuar una relación, por muy conflictiva que haya sido anteriormente.
Parafraseando a Santo Tomás se puede decir que en occidente: “La justicia sin perdón es crueldad y el perdón sin justicia es necedad”.
Esa es la forma de entender las relaciones a largo plazo de la cultura occidental. Lo importante en estas sociedades es restablecer la convivencia.
Y puede decirse que la experiencia ha demostrado que ese principio del perdón, como parte de la justicia, ha dado unos resultados satisfactorios dada la evolución histórica de occidente. Es la zona del mundo en la que hay mayor respeto a los derechos humanos y, a la vez, mayor desarrollo económico, institucional y humano.
Irán parte de la cultura del principio del talión. “Ojo por ojo, diente por diente”.
De manera que, en esa cultura, la justicia está al margen del perdón. No se trata de restablecer la convivencia, sino de resarcir al agraviado en la justa medida.
Eso crea un círculo vicioso interminable. Dado que el resarcimiento es de tipo subjetivo, cuando una de las partes lo ha recibido, la otra se siente agraviada y busca su propio resarcimiento y así sucesivamente. No hay solución salvo la muerte súbita de una de las dos partes.
EEUU e Irán parten de supuestos distintos. Los norteamericanos esperan que perdonando a los iraníes estos cesarán la contienda. Los iraníes consideran un alto el fuego como una muestra de debilidad, no conciben la naturaleza reparadora de la convivencia del perdón.
De esta forma, mientras los negociadores norteamericanos consideran cada acuerdo un punto a partir del cual avanzar, los iraníes lo acogen como la vuelta al punto de partida.
Por eso los acuerdos de alto el fuego o moratorias que vende Trump son papel mojado y sus repercusiones en los precios del petróleo pasto de la especulación.
A estos principios se superponen diferentes conceptos sobre lo que es una negociación. Para los occidentales una negociación es un proceso de acuerdos sucesivos por los que se avanza.
Para los iraníes un acuerdo se refiere a las circunstancias en que se firmó. Circunstancias que al cambiar, aunque solo sea por el paso del tiempo, invalidan lo acordado.
Los negociadores occidentales se sientan sobre la base de que lo firmado es válido. Los iraníes piensan que fue válido en el momento que se firmó, pero no necesariamente lo es después. Para desesperación de sus interlocutores pueden argumentar: “Eso fue ayer, ahora tenemos que empezar de nuevo”.
En consecuencia, cualquier acuerdo que Trump o sus negociadores anuncien, no es un acuerdo, es sólo un deseo de buenas intenciones. Deseo que los iraníes no piensan respetar. Máxime cuando los ayatolás se consideran los legítimos representantes de su pueblo y representantes de Alá.
De ahí que los anuncios de treguas o acuerdos no deban tomarse en serio y su repercusión en los precios del barril de petróleo sea debido a una mala interpretación de lo que se ha firmado. La firma por parte de los ayatolás no significa nada.
Entonces ¿Cuándo podemos decir que el estrecho de Ormuz se estabiliza? Sólo cuando venza uno de los dos bandos. Lo que significa que el otro debe haber quedado derrotado del todo. Algo muy difícil en este caso. Se diría que imposible.
Por eso Trump no entiende lo que le pasa. Está enredado en una tela de araña tan difícil de desentrañar como el nudo gordiano. Un acertijo que Alejandro Magno desató con la espada. Pero Trump no es Alejandro y menos aún magno.
** J. R. Pin Arboledas es profesor del IESE.