En su audiencia con su Santidad Leon XIV, al presidente Sánchez le entró un ataque de responsabilidad.

A la salida anunció que no convocaría elecciones generales porque le interesase a un partido; a su partido; al PSOE.

O sea que reconoció que a su partido le interesaban las elecciones anticipadas.

¿Por qué? Porque hasta él mismo es consciente de que cuanto más dure la legislatura peor le va a ir al PSOE.

No sólo en las elecciones generales, también en las locales y autonómicas.

A Sanchez le ha entrado su responsabilidad por España y va a renunciar a ayudar a su partido por mantener una estabilidad nacional de la que se considera garante

Los cuadros medios socialistas ya lo experimentaron en las últimas elecciones, perdieron mucho poder local y autonómico, porque el electorado le pegó una patada a Sánchez en su culo.

Así que las federaciones socialistas están temblando. De momento elección que hay, elección que pierden y, además, muy lejos de llegar al Gobierno. Sólo en Cataluña llegaron a él y, aún en este caso, necesitaron aliados.

Si Sánchez pensase en sus correligionarios tendría que disolver para que el PSOE dejará el lastre que supone el actual gobierno.

Pero no. A Sanchez le ha entrado su responsabilidad por España y va a renunciar a ayudar a su partido por mantener una estabilidad nacional de la que se considera garante.

Lo que pasa es que las encuestas dicen que la inmensa mayoría del electorado no solo no le pide esa responsabilidad, le demanda lo contrario: ¡que se vaya!

Vamos presidente, que nadie quiere que te quedes. Menos aún los cuadros de tu partido.

¡Ah, pero no! Sánchez considera que con su gestión consigue estabilizar el país. Por ejemplo en economía. Algo que es muy discutible.

El crecimiento del PIB español se daría de todas formas, con o sin Sánchez. Es más, sin Sánchez crecería más.

El PIB no crece porque Sánchez haga buenas políticas.

Crece porque el turismo irá este año al sur de Europa por razones obvias. Crece porque el mix energético español depende menos de los fósiles gracias a las renovables, que se han invertido desde hace muchos años.

A pesar de que el sistema impositivo de este gobierno que ahoga a las clases medias

Crece porque la economía de servicios española está a nivel mundial y ahora un profesional con un ordenador da más valor que un obrero con máquinas en fabricas. Crece por la dinámica del empresario y el autónomo español que, además, exporta. Crece porque han venido más de siete millones de emigrantes que aportan trabajo. Crece porque nuestra agricultura se ha tecnificado…

Eso a pesar de que el sistema impositivo de este gobierno que ahoga a las clases medias. A pesar de una gestión nefasta de los fondos de las Next Generation de Europa por parte de la Administración socialista.

A pesar de los intentos de ocupación de los órganos de poder de las empresas españolas por parte de la hidra socialista de Moncloa. A pesar del despilfarro de los gastos públicos del gobierno central y su empeño en endeudarse.

Crece en contra de los intentos del Gobierno de asfixiar la educación privada, incluida la universitaria…

Crece a pesar del que la política socialista en vivienda ha creado una división social que requiere medidas urgentes y de consenso de todos los partidos.

Crece a pesar de que el Gobierno es incapaz de presentar los Presupuestos Generales por tercer año consecutivo, dado la precariedad parlamentaria del presidente Sánchez.

Y crece a pesar del olor a corrupción y desenfrenos que esparce el Gobierno, queriendo o sin querer, con razón o sin razón. Un olor, que entre otras cosas, supone un freno a la inversión extranjera y a la estabilidad política.

Así que la pregunta es ¿Cuanto de lastre supone el gobierno de Sánchez a la economía? Parece que bastante.

¡Menos lobos señor presidente! No se preocupe por nosotros que ya somos mayorcitos.

Si no fuera porque la situación produce tristeza, las palabras de Sánchez arrogándose la responsabilidad por España sonarían a coña marinera.

En realidad suenan a eso. A ironía, a burla al electorado. A cinismo consumado.

Tanto cinismo que, parafraseando a Enrique IV de Francia (París bien vale una misa), dentro de unos días Sanchez dirá: “la Moncloa bien vale una misa en la Sagrada Familia y más con el Papa”. Lo veremos.

** J. R. Pin Arboledas es profesor del IESE.