Mujeres emprendedoras.
Hace diez años, buena parte del emprendimiento femenino en España surgía como respuesta a una necesidad. Para muchas mujeres, especialmente fuera de las grandes capitales y en entornos rurales, emprender no era tanto una elección como una forma de abrirse paso en un mercado laboral que seguía levantando demasiadas barreras de acceso, estabilidad y desarrollo profesional.
También respondía a un patrón muy concreto: negocios vinculados a sectores tradicionalmente feminizados —comercio de proximidad, estética, moda, alimentación o cuidados—, impulsados con frecuencia desde el autoempleo y con un horizonte de crecimiento más limitado. Ese contexto no ha desaparecido del todo, pero sí ha cambiado de manera profunda.
En esta última década, diversas iniciativas orientadas a impulsar el emprendimiento femenino, como GIRA Mujeres, nos han permitido observar esa transformación muy de cerca. No sólo hemos podido medir resultados, sino también identificar un cambio de fondo en la manera en que muchas mujeres entienden hoy su desarrollo profesional.
Si algo ha cambiado es esto: cada vez más mujeres ya no emprenden solo para encontrar una salida laboral, sino para construir un proyecto propio alineado con su talento, sus valores y su ambición. Emprenden para innovar, para ganar autonomía, para desarrollar liderazgo, para generar impacto social o ambiental y, también, para decidir con mayor libertad qué trayectoria profesional quieren construir.
Eso se traduce en proyectos más diversos y más sofisticados: iniciativas digitales, propuestas vinculadas a la sostenibilidad, servicios con base tecnológica, modelos de negocio con vocación de escalabilidad y perfiles que abordan el emprendimiento de forma mucho más estratégica que hace una década. El progreso no consiste solo en crear más negocios, sino en ampliar el tipo de negocios que se consideran posibles.
La brecha no ha desaparecido; simplemente se ha vuelto más compleja
Han cambiado también las demandas. Hoy se buscan competencias en digitalización, inteligencia artificial, finanzas, comunicación, negociación o liderazgo.
Pero junto a esas herramientas técnicas sigue habiendo una necesidad igual de decisiva: contar con confianza, referentes y redes de apoyo para dar el paso, sostenerlo y hacerlo crecer.
Sería un error, sin embargo, leer esta evolución en clave triunfalista. Persisten barreras estructurales muy claras: menor acceso a financiación y capital inicial, redes de contacto más limitadas, una carga desproporcionada de los cuidados y estereotipos que siguen condicionando expectativas, visibilidad y toma de decisiones. La brecha no ha desaparecido; simplemente se ha vuelto más compleja.
Aun así, hay señales de avance relevantes. Los análisis recientes muestran una evolución positiva del emprendimiento femenino en España y un mayor peso de proyectos liderados por mujeres en ámbitos innovadores, aunque persistan diferencias importantes en el acceso a financiación, especialmente en las fases de crecimiento.
Lo más relevante, en todo caso, no es solo que haya más iniciativa, sino que el significado mismo de emprender se ha ensanchado. Hoy hablamos menos de una respuesta defensiva ante la falta de alternativas y más de una decisión activa de desarrollo profesional, autonomía y contribución.
Esa transformación tiene además una dimensión colectiva. Cuando una emprendedora avanza, no solo mejora su posición individual: activa redes de apoyo, genera referentes, dinamiza economías locales y amplía el horizonte de otras. En el medio rural, donde las oportunidades suelen ser más escasas, ese efecto multiplicador resulta especialmente visible.
Ese es, quizá, el verdadero balance de esta década. El avance no consiste únicamente en que más mujeres emprendan, sino en que puedan hacerlo desde más lugares, con más herramientas, en más sectores y con mayor ambición.
El reto de los próximos años ya no será solo apoyar que den el paso, sino crear las condiciones para que sus proyectos se consoliden, crezcan y lleguen tan lejos como ellas decidan.
*** Esther Morillas, Vicepresidenta de Asuntos Públicos, Comunicación y Sostenibilidad de Coca-Cola Europacific Partners Iberia.