Un trabajador de la Bolsa de Nueva York lleva una gorra en apoyo de Donald Trump.

Un trabajador de la Bolsa de Nueva York lleva una gorra en apoyo de Donald Trump. Reuters

Mercados

Del 'TACO trade' al 'NACHO trade': el nuevo 'guacamole' de acrónimos que enfrenta a las bolsas y el petróleo

La renta variable ignora la crisis energética mientras el mercado de deuda advierte sobre una inflación persistente.

Más información: Las bolsas temen que la guerra en Irán se alargue pero su verdadera pesadilla es el bono de EEUU al 5% y la caída del yen

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Las claves

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Los mercados están divididos entre el optimismo de las bolsas (TACO trade) y el pesimismo del petróleo y la deuda (NACHO trade), conceptos inspirados en la gastronomía mexicana.

El TACO trade refleja la confianza de los inversores en que EE. UU. evitará medidas extremas, impulsando las bolsas mundiales a máximos históricos.

Por el contrario, el NACHO trade anticipa un bloqueo prolongado en Oriente Próximo, elevando el precio del petróleo y las rentabilidades de los bonos por el temor a una inflación persistente.

Esta desconexión mantiene al mercado dividido entre quienes apuestan por las acciones y quienes prevén una economía más cauta y presionada por el coste de la energía.

Los mercados financieros atraviesan una anomalía histórica donde conviven dos realidades económicas opuestas, una situación que los analistas de Wall Street han bautizado con un vocabulario inspirado en la gastronomía mexicana a través de los llamados TACO trade y el NACHO trade.

Mientras el primer concepto explica por qué las principales bolsas mundiales marcan máximos históricos, el segundo justifica que el petróleo se estanque por encima de los 100 dólares por barril y que los bonos anticipen una inflación persistente.

Esta desconexión total entre el optimismo bursátil y la cruda realidad energética se comprende a través de estas dos estrategias de inversión que chocan frontalmente y dividen a los inversores.

Esta división nace de cómo reacciona el dinero frente a dos peligros muy distintos: las amenazas políticas y las guerras reales.

Por un lado, la renta variable se aferra al TACO trade, un acrónimo que en inglés significa "Trump Always Chickens Out" (Trump siempre se acobarda).

Los inversores dan por hecho que el presidente estadounidense utiliza la tensión como mera táctica negociadora y aprovechan las caídas para comprar acciones con descuento.

Esta agresiva demanda es la que termina impulsando a grandes índices de Wall Street como el S&P 500 y el Nasdaq, y arrastrando al alza a selectivos globales como el MSCI World y el All Country World.

Frente a esta prolongada euforia tecnológica, el mercado del petróleo y la renta fija asumen un escenario mucho más sombrío dictado por el NACHO trade, un acrónimo que en inglés significa "Not A Chance Hormuz Opens" (No hay ninguna posibilidad de que Ormuz se abra).

Para entender por qué las bolsas ignoran esta amenaza actual y continúa marcando máximos históricos se esconde en los precedentes del año pasado.

Los inversores recuerdan que durante la primavera de 2025 un anuncio de aranceles masivos provocó un pánico inicial, pero el miedo se disipó velozmente cuando la administración Trump terminó otorgando exenciones para salvar la economía global.

Esta confianza en la reversión de las medidas extremas funciona como un sólido escudo protector para las acciones.

Según detallan los expertos de Ibercaja Gestión, Trump ha utilizado históricamente la volatilidad como táctica negociadora y "en última instancia tendía a modular sus decisiones cuando el impacto en los mercados o la economía era excesivo".

Gracias a esa certeza de moderación final, sumada al masivo ciclo de inversión en inteligencia artificial y a la robustez de los beneficios empresariales, Wall Street vive instalado en niveles récord.

El optimismo bursátil chocó a finales de febrero con la dura realidad de Oriente Próximo. El conflicto en Irán y el bloqueo de Ormuz representan un enorme desafío logístico que cambia las reglas del juego.

El mercado entiende que la diplomacia sigue siendo el camino a seguir, pero también asume que no habrá soluciones milagrosas de la noche a la mañana y que la recuperación del comercio en la zona exigirá muchísima paciencia.

Los inversores ya asumen este estancamiento. Lo demuestran unas primas de seguros marítimos multiplicadas por ocho y un crudo Brent —la referencia en Europa— anclado por encima de los 100 dólares.

Por ello, el analista de XTB Manuel Pinto advierte que este bloqueo prolongado "tiene implicaciones enormes para la inflación, el petróleo, bancos centrales y bonos".

Esta divergencia mantiene dividido al mercado. Mientras una parte de los inversores sigue comprando acciones, la deuda pública refleja un escenario de mayor cautela.

La mecánica de este ajuste se traduce en una subida constante de la rentabilidad de los bonos. Al prever que el crudo caro mantendrá la presión sobre los precios, el mercado exige una mayor rentabilidad para prestar su dinero.

Este repunte en los intereses significa que los operadores asumen ahora que las bajadas de tipos de interés previstas para este año tendrán que esperar, al mismo tiempo que coge fuerza la necesidad de aplicar nuevas subidas para frenar el coste de la vida.

Los expertos coinciden plenamente en el diagnóstico de esta anomalía.

Desde XTB explican que las acciones siguen subiendo "como si el crecimiento económico fuese a mantenerse intacto", mientras que Ibercaja apunta a una "dualidad evidente" donde el principal debate no es la existencia del peligro, "sino su duración y profundidad".

Llegados a este punto, la gran incógnita es saber cuál de estas dos narrativas terminará imponiéndose.

La parte más optimista de los inversores confía ciegamente en que la inteligencia artificial y los buenos resultados empresariales bastarán para sostener el crecimiento. Sin embargo, si el choque energético continúa presionando la inflación, la renta variable tendrá que enfrentarse a la dura advertencia de los bonos.