Hace unos días escuché el podcast "Meet the Leader" del Foro Económico Mundial (WEF), en esta ocasión era una conversación con Lara Abrash, Presidenta de Deloitte EEUU. Durante su entrevista Lara desglosó cómo el deporte femenino no es solo un espectáculo, sino una de las canteras de talento más potentes y desaprovechadas del mundo. Algunos de los puntos que mencionaba ella son extrapolables al deporte en general, otros están más enfocados en el talento femenino en particular.

Abrash nos recuerda que el deporte enseña a identificar las fortalezas individuales para potenciar el resultado colectivo. Los coaches son más que managers porque los líderes lideran personas, no sólo persiguen los resultados. También nos dice que los y las deportistas están programados para el ciclo intento-error-ajuste y que esto se convierte en una ventaja competitiva. Es más, el deporte nos enseña que el fracaso es parte del juego y eso hace que seamos mucho más constantes y resilientes.

Otro punto que me resultó muy interesante es que nos recordaron que el mito de la superwoman no es más que eso: algo irreal. La realidad es que ni en el deporte, ni en la vida, una mujer debe hacerlo todo sola; el éxito deportivo es intrínsecamente colaborativo y eso es extrapolable a la inmensa mayoría de las facetas de la vida. Además, es innegable que el deporte expone a las personas a la presión y a la evaluación pública de su rendimiento, lo cual facilita el desarrollo de la autoconfianza y a proyectar seguridad en la toma de decisiones.

Lara Abrash nos dejó una reflexión muy potente, “cuando intentas ser perfecta, en realidad no te estás esforzando lo suficiente. El deporte te enseña que la perfección es el enemigo del progreso y que el liderazgo consiste en sacar la mejor versión de los demás, no solo la tuya."

Hablamos mucho de IA, pero la realidad es que las empresas llevan mucho tiempo cambiando, aunque ahora mismo el cambio se ha acelerado a niveles mayúsculos. En 2026 no se trata solo de gestionar recursos, sino de encontrar la mejor manera para maximizar el potencial humano. El viejo modelo de identificación de talento ha muerto, hay que repensar cómo se identifica el talento, hay que buscar en nuevos caladeros (incluido el mundo del deporte), interiorizar conceptos como el de inclusión radical (edad, credo, idiomas…), entender qué es el profesional "bilingüe" (mitad humanista, mitad tecnológico) y transformar las organizaciones en plataforma de lanzamiento.

Sobre este último concepto, es importante entender que las empresas se están transformando en plataformas que unen el mejor talento con los proyectos que más les motivan. El talento ya no pertenece a la empresa, sino que los mejores profesionales quieren ser dueños de su propia trayectoria y las plataformas de lanzamiento les ofrecen la flexibilidad que quieren y un propósito que resuene con sus creencias personales.

Hoy en día el talento es fluido y no entiende de fronteras tradicionales. La tendencia es no contratar para un trabajo, sino para resolver problemas concretos. No puedo desarrollar este apasionante tema en una columna, pero sí que puedo mencionar algunos ejemplos concretos: el modelo Rendanheyi (Haier); Unilever y Flex, su marketplace de talento; o Nike y la athlete-led Innovation

Es evidente que esto son tendencias y que aún queda mucho trabajo por hacer, pero es bonito ver cómo vamos evolucionando. Todavía quedan muchas personas que lideran empresas y organismos públicos como en el pasado, esos que están convencidos de que si potencian demasiado el talento, este se irá. No han entendido que la mentalidad de plataforma invierte esa lógica, si no se van, es que no han crecido lo suficiente.

Hace tiempo que el talento no se retiene, siguen existiendo jaulas de oro, pero cada vez son más difíciles de justificar y de mantener cerradas. En la economía de plataformas el éxito es la liquidez del talento. Las personas que lideran las organizaciones más modernas saben que deben actuar como agentes de profesionales (como en el deporte o el cine).

Cerraré esta columna recordando que el talento sin compromiso no aporta, de hecho es un activo tóxico. Durante años hemos vivido bajo la dictadura del talento brillante, tolerando comportamientos desalineados por tener a los profesionales con más talento. Las reglas del juego han cambiado y ahora necesitamos plantearlo como una ecuación matemática

Valor Real=Talento×Compromiso

Tener un talento de 10, con un nivel de compromiso (alineación, esfuerzo, ética de equipo) de 1 es claramente insuficiente. El valor real para la organización es un escaso 10 sobre un potencial de 100. Volviendo al inicio de esta columna, el deporte de élite sabe perfectamente que los equipos llenos de estrellas que no se comprometen, que no corren a defender, suelen perder contra equipos con menos talento técnico pero con un compromiso superior.