Joan Tardà (ERC), Ada Colau (Comunes) y David Fernández (CUP), en un acto celebrado el pasado junio en la cárcel modelo de Barcelona.

Joan Tardà (ERC), Ada Colau (Comunes) y David Fernández (CUP), en un acto celebrado el pasado junio en la cárcel modelo de Barcelona. Crític

Política EL LIBRO DE LA SELVA

El verdadero plan para un Frente Amplio y Republicano que (menos mal) no salió

Hace unos meses, algunos dirigentes independentistas catalanes trataron de impulsar un frente soberanista y republicano en Cataluña que pudiera extenderse por Comunidades y, después, a las generales. El objetivo: impugnar el 78 y proponer un cambio de sistema.

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Soberanistas e izquierda plantearon crear un frente amplísimo en Cataluña con Esquerra, CUP y Comunes que buscaba contagiarse al resto de España para impugnar el régimen del 78.

La iniciativa ideada por Joan Tardà se frustró por las reticencias de Ada Colau y las heridas internas entre las distintas formaciones por pactos pasados.

El plan buscaba consolidar mayorías soberanistas en Cataluña y Euskadi para condicionar con fuerza la gobernabilidad en la política nacional.

La fragmentación y los desacuerdos en la extrema izquierda y el espacio plurinacional dificultan actualmente la articulación de un proyecto unificado de cara a las generales.

Hubo un tiempo en que la extrema izquierda estuvo a punto de ser mayoritaria. Eran los primeros días de Pablo Iglesias tras el 15-M. En realidad, no era tan extrema entonces. De hecho, nos interpelaba a muchos chavales que no habíamos tenido chapas del Che y jamás habíamos soñado con la revolución.

Aquello era una impugnación del bipartidismo corrupto, que bebía de un movimiento de acampados donde había banderas de España y mucha más pluralidad de la que, en retrospectiva y por culpa del propio Iglesias, atisbamos hoy.

En aquel tiempo, Iglesias tomaba algo con Albert Rivera en un bar de Barcelona y muchos vimos esperanzados la posibilidad de que esos dos movimientos renovados sustituyeran al PP y al PSOE y nos trajeran una alternancia distinta.

Diferente a Púnica, Gürtel, Filesa, los GAL, las cajas B y toda esa ciénaga en que se había convertido la política representativa.

Pero Iglesias arrinconó su proyecto en la extrema izquierda. Le puso a un espacio mayoritario una puerta tan pequeña… Sólo podías entrar con carnés plurinacionales, connivencias con Bildu, escraches y cosas de ese estilo.

Eso explica hoy la ausencia de un Frente Amplio. Con la lógica de Iglesias es imposible parar un gobierno de la derecha y la extrema derecha, pero es posible mantener un negocio de medios de comunicación que, a lomos de un par de escaños, puede seguir logrando financiación en China o México.

Es esa extrema izquierda que sueña con un gobierno de la extrema derecha para revitalizarse.

Estos días he coincidido en los pasillos de la tele con algunos líderes del mal llamado “Frente Amplio”. Eran como los profesores de las asignaturas más terribles: se afanaban en explicarnos qué narices estaba pasando, pero no había manera de que entendiéramos.

Podemos, Unidos Podemos, Unidas Podemos, Izquierda Unida, Sumar, Más Madrid, Comunes, Compromís, Chunta, Equo… Es imposible de entender y, por tanto, imposible votar. Porque no sabes realmente a quién votas.

PP y Vox, en lógica de poder, han pactado no atacarse de aquí a las elecciones porque han situado a Sánchez como enemigo común. Y parece que eso les beneficia en las encuestas.

Es la misma lógica que querían aplicar los que están ahora en el Frente Amplio hasta que se dieron de bruces con Pablo Iglesias, que a su vez pactó con Esquerra Republicana.

Desde un punto de vista teórico, el acuerdo del Frente Amplio tiene un sentido. Son las fuerzas que creen en la llamada “España plurinacional”, aunque no sepamos muy bien –quizá ellos tampoco– qué significa eso.

Sin embargo, la firma de Podemos con Rufián no tiene ningún sentido más allá del de sacar uno o dos escaños. Porque Podemos cree en España, aunque sea esta plurinacional. Y Esquerra Republicana lo que pretende es desgajar esa España, plurinacional o no.

El caso es que algunos de esos dirigentes me hablaron de un plan que no he visto relatado en los medios y que, ¡menos mal!, no salió adelante. Me refiero al de una especie de frente republicano soberanista y de izquierdas que fuera todavía más allá que el frente amplio.

Corría junio de 2026. La asociación Crític organizó en la Cárcel Modelo de Barcelona un acto en el que participaron Joan Tardà (Esquerra), David Fernández (CUP) y Ada Colau (Comunes y actual líder del Frente Amplio).

Se trataba de debatir si era posible conformar una alianza en Cataluña entre la izquierda y el nacionalismo. Una alianza de verdad, una candidatura conjunta… con la amenaza de Alliança Catalana enfrente. Tardà era un entusiasta, uno de los ideólogos del plan.

Pero Ada Colau salió, habló y no es que lo enfriara. Lo congeló para siempre.

No quiere esto decir que, si ella lo hubiera avalado, hubiese sido posible. A Tardà, buena parte de la dirección de Esquerra lo considera… ¡un españolista! Igual que al charnego Rufián.

Porque el plan de Tardà –y esto es cierto– era que ese frente soberanista-republicano de Cataluña se contagiara después al resto de España y operara tanto en las autonómicas como en las generales.

Era el Frente Amplísimo.

La jugada resultaba inteligente: aunque la España plurinacional y el independentismo no sean lo mismo, el muro que los bloquea sí es el mismo. Lo que ellos llaman “el régimen del 78”: la Constitución.

Ese Frente Amplísimo habría sido una manera de decir: vamos a desmontar el régimen del 78 primero y luego ya competiremos entre nosotros.

Pero no es solo una divergencia política lo que frustró el plan. En Esquerra mana todavía una herida: Ada Colau pactó con Manuel Valls para arrebatar la alcaldía de Barcelona a la lista más votada, que era… Esquerra Republicana.

Es un mecanismo que operaba igual que ahora lo hace el síndrome del estrés postraumático en algunos dirigentes de Sumar que estuvieron con Podemos. Ven a Pablo Iglesias y a Irene Montero y se acuerdan de que muchos acabaron en el psicólogo.

¿Cuántos votos habría sacado en Cataluña una candidatura que hubiese reunido a Comunes, Podemos, Esquerra y la CUP? Quizá, Salvador Illa no estaría gobernando.

¿Cuántos votos sacaría esa fórmula en Euskadi? Probablemente, Bildu habría adelantado al PNV.

¿Y en las generales? ¿Y si una candidatura así sacara 71 escaños, que son los que llegó a tener el Podemos más fuerte? El debate sería otro. Y nos llevaría a la eterna pregunta: ¿qué sería capaz de hacer Sánchez para que esos 71 escaños formaran parte de su mayoría de gobierno?

Aquel día, en la Modelo de Barcelona, se frustró el verdadero Frente Amplio. El de ahora, retransmitidas en directo sus cuitas cainitas, parece estar a sueldo de Feijóo y Abascal.