Santiago Abascal en su última comparecencia pública, el pasado 22 de diciembre de 2025.

Santiago Abascal en su última comparecencia pública, el pasado 22 de diciembre de 2025. E.P.

Política

"Vox ya no da miedo" y amplía su base electoral: por qué Abascal pasa de los 60 diputados en las encuestas

"El nuevo eje del debate es el coste de la vida", explican los expertos, un terreno en el que Vox capta voto joven, descontento y abstencionista.

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Las claves

Vox supera por primera vez en la legislatura la barrera de los 60 escaños, alcanzando 62 según la última encuesta de SocioMétrica.

El partido de Santiago Abascal capitaliza el descontento social y amplía su base electoral, especialmente entre jóvenes y abstencionistas.

El contexto internacional favorable a opciones de derecha alternativa y la salida de gobiernos autonómicos han reforzado la posición de Vox como alternativa y no como "muleta" del PP.

A pesar de su crecimiento, el avance de Vox es más lento que el de sus homólogos europeos y enfrenta límites en regiones con fuerte nacionalismo y ausencia de una gran coalición entre PSOE y PP.

Vox cruza por primera vez en la legislatura la barrera simbólica de los 60 escaños.

La última encuesta de SocioMétrica para EL ESPAÑOL otorga al partido de Santiago Abascal 62 diputados y el 17,9% del voto, su mejor marca desde las generales.

El dato es relevante por dos motivos. El primero es técnico. A partir del 15% del voto, la ley electoral empieza a traducir con mayor eficiencia las papeletas en escaños. Por debajo de ese umbral, el sistema penaliza a la tercera opción.

El segundo motivo es político. Porque se confirma una tendencia que las encuestas vienen dibujando desde hace meses. "Vox no es ninguna muleta, se ha convertido en alternativa", resume un alto cargo del partido a este periódico.

¿Qué está pasando con Vox? Los expertos consultados por EL ESPAÑOL coinciden en que capitaliza el descontento en un contexto internacional cada vez más favorable a la autodenominada derecha patriótica, soberanista o alternativa.

También etiquetada por sus adversarios políticos como ultraderecha, derecha radical o populista.

José Luis González Quirós, filósofo y uno de los fundadores del partido, define ese avance como un "voto reactivo" frente a un malestar social que considera "muy alto ahora con Sánchez".

Para Miguel Ángel Quintana Paz, referente intelectual en la órbita de Vox, el crecimiento tiene que ver con el "empobrecimiento de las clases medias y bajas" y una "falta de expectativas" que empuja a buscar alternativas políticas.

"El nuevo eje del debate es el coste de la vida", explica a EL ESPAÑOL Óscar Álvarez, consultor en estrategia y comunicación política.

Y cita como ejemplo la campaña del nuevo alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, que popularizó el lema "es el coste de la vida, idiota", como síntesis de esa indignación (parafraseando el "¡Es la economía, estúpido!" que el asesor de Clinton James Carville acuñó en la campaña presidencial de 1992).

A juicio de Quirós, Vox "crece en los mismos terrenos en los que debería hacerlo el PP", aunque atrayendo a "los perfiles más radicalizados" de ese espacio electoral.

Quirós recuerda que en España la derecha "más esquinada" nunca ha sido mayoritaria, "ni siquiera durante el franquismo", cuando opciones como la de Blas Piñar fueron "marginales, aunque ruidosas".

Ese voto, sostiene, tenderá a concentrarse en Vox, pero "cuando esté en juego decidir quién gobierna", parte del electorado tradicional del PP que lo abandonó, "por lógica" volverá.

"España no es Francia ni Italia y no veo a Vox superando al PP, pero me he equivocado muchas veces", pronostica.

Para Óscar Álvarez, Vox amplía su base dirigiéndose a dos públicos. Por un lado, "votantes descontentos ante la falta de respuesta inmediata de los partidos, principalmente la izquierda, a los problemas del día a día".

Por otro, "jóvenes y abstencionistas" que conectan con "mensajes sencillos".

A ese clima de descontento se suma una alta desmovilización del electorado del PSOE, "deprimido" tras las denuncias de abuso sexual.

Ese voto en concreto no migra, pero se queda en casa, lo que favorece a Vox, según este experto.

Al calor de Trump y Milei

Todo ello se produce además en un escenario internacional "amparado en un giro evidente" hacia opciones como Donald Trump, Javier Milei, Viktor Orbán o Giorgia Meloni.

"Vox ya no da miedo; al contrario", afirma Álvarez, expresidente de la Asociación de Comunicación Política (ACOP).

En Vox también insisten en esa idea. Presumen de sus referentes en el exterior porque, aseguran, permiten a sus simpatizantes "ver un espejo" de lo que el partido haría en España si llegara al Gobierno.

Otro elemento importante es la salida de los gobiernos autonómicos. Tradicionalmente, el socio minoritario suele salir más perjudicado, como ocurrió con Ciudadanos en los pactos con el PP y ahora con Sumar al dar su apoyo al PSOE.

Desde fuera, Vox ha reforzado su discurso de oposición y al mismo tiempo ha evitado asumir costes de gestión.

Fuentes del partido sostienen que esa decisión les ha permitido dejar de ser vistos como una "muleta" del PP.

Para Quintana Paz, hay además un factor de fondo: la batalla cultural. Los de Abascal han invertido durante años en construir un "arsenal" intelectual con instituciones como la Fundación Disenso, que "pone muy nerviosos" a los rivales de Vox.

"No es un mero cementerio de elefantes en el que se debaten cotilleos, como ocurre a menudo con las fundaciones de otros partidos, sino que Disenso estimula toda suerte de impulsos culturales en pro de la libertad y la nación española", dice.

No hay que olvidar que Quintana Paz es asesor de este think tank.

Sube lento, pero sube

Pese a contar con aliados internacionales ya instalados en el poder, Vox sigue siendo tercera fuerza en España. La encuesta de SocioMétrica confirma una tendencia al alza, pero su posición aún es menor que la de sus formaciones homólogas.

En Francia, la Agrupación Nacional de Marine Le Pen se ha consolidado como principal fuerza de la oposición. En Países Bajos, el partido de Geert Wilders lidera el Parlamento. En Portugal, Chega! es ya segunda fuerza con 60 diputados.

En Vox reconocen esa diferencia, pero la interpretan como una cuestión de ritmo. "Aquí el crecimiento es más lento, pero llegará", señalan fuentes del partido, que hablan de un avance "sostenido y sostenible".

Quintana Paz menciona dos límites que frenan el crecimiento de Vox. El primero es que existen comunidades autónomas donde el nacionalismo lleva décadas gobernando y donde el partido lo tiene más difícil.

"Hay regiones enteras en las que durante décadas se ha gobernado desde políticas nacionalistas contra la patria común, y eso condiciona el espacio electoral de Vox", lamenta.

El segundo hándicap es que, a diferencia de otros países, en España aún no se ha visualizado una gran coalición entre PSOE y PP que active un trasvase claro de voto hacia opciones como Vox.

"Mientras no se perciba que los grandes partidos gobiernan juntos o son indistinguibles, a muchos votantes no les salta la alarma", apunta.