Pablo Iglesias y Santiago Abascal.

Pablo Iglesias y Santiago Abascal.

Política ELECCIONES 28-A

El regreso de Iglesias y el auge de Abascal anuncian guerra entre los 'machos alfa' de los extremos

Ambos líderes se acusan mutuamente de ser "peligrosos para la democracia", pero lo cierto es que Vox recuerda a los inicios de Podemos.

Después de tres meses en casa cuidando de los mellizos, por fin Pablo Iglesias podrá sustanciar en algo su "alerta antifascista" contra el auge de Santiago Abascal, líder de Vox y nuevo "macho alfa" de la política española. El partido que ocupa el extremo derecho del tablero no deja de subir en las encuestas desde su exitosa irrupción en las elecciones autonómicas andaluzas del pasado 2-D, estrenándose en un Parlamento regional con 12 diputados para empezar... y este sábado recibirá la respuesta del líder de Podemos, en su acto preelectoral de regreso.

En realidad, el tsunami verde de Vox tiene semejanzas con el morado de Podemos en 2014. Entonces, la lista que presentaba como logotipo la efigie de Iglesias coleta al viento cosechó un 7,97% de votos y cinco diputados de los 54 que repartía España en el Parlamento Europeo. En diciembre, "la España viva" con bandera rojigualda y fondos verdes superó el récord de irrupción electoral con un 10,97% de apoyos y 12 escaños de los 109 del hemiciclo andaluz.

El shock revolucionó el panorama político tanto en un caso como en el otro, forzando a todos los sociólogos a cambiar sus tablas y análisis y centrando el foco periodístico en las nuevas estrellas de los titulares y el interés de las audiencias.

Ilustración: Tomás Serrano

Ilustración: Tomás Serrano

Como entonces Iglesias con la "renta básica universal", ahora Abascal marca la agenda diseminando propuestas que acaparan la atención mediática y agitan a los rivales. Nadie ha hablado esta semana de otra cosa que no sea el "derecho a tener un arma en casa de todos los españoles de bien" que propuso el líder ultraconservador el pasado miércoles.

Y es que en algo han coincidido los dos: han sido elevados por la estructura y el entorno mediático de sus partidos a la categoría de líder mesiánico, el de derechas dejando que lo llamen "semental" en un rap a su mayor gloria y le pidan "patriarcado del bueno", y el de izquierdas autodenominándose "macho alfa" en aquella serie de mensajes por Telegram en la que presumía de que "azotaría hasta que sangrase" a la periodista Mariló Montero.

Pero no sólo en estos aspectos tan mundanos se han tocado los extremos. Los polos opuestos se han atraído en una querencia compartida por el tono bélico. Los dos líderes han acaparado titulares por reivindicar la "política con cojones", o por posar en insistentes tomas montando erguido a caballo o con un yelmo de los tercios de Flandes.

Ambos fichan militares: Abascal a generales retirados con pasado heroico, e Iglesias a un Jemad que fue expulsado de la carrera por saltarse la ley al posar en la reserva con su uniforme y el sello de Podemos. Y los dos, curiosamente se han pronunciado a favor del derecho de los ciudadanos a la posesión y el uso de armas "como base de la democracia" o como "defensa en situaciones de amenaza real".

El caso es que las semejanzas llegan, curiosamente, hasta las encuestas, mal que le pese a Iglesias, que le lleva a Abascal cinco años de ventaja en las instituciones, los mismos que cumplió recientemente Vox desde su fundación. Los sondeos electorales dan lo más parecido a un empate técnico entre quienes suben a ritmo y los que caen sin remisión.

La última encuesta de SocioMétrica para EL ESPAÑOL sitúa a los conservadores en el 12,1% y entre los 31 y los 34 escaños. Muy cerca de los 37 a 39 que cosecharía el partido morado, con el 14,1% del apoyo en las urnas. Aunque eso era antes de considerar la crisis en los comunes de Ada Colau -socios en Cataluña-, y las salidas de las confluencias valenciana de Compromís y la gallega de En Marea y Anova.

Alerta de "peligro" mutua

Ahora vuelve Pablo Iglesias, quien sacó a sus seguidores a las calles de las principales ciudades andaluzas contra el "fascismo" del resultado electoral andaluz, pero de inmediato se recluyó en casa de permiso paternal. Y es que desde aquel 2 de diciembre, la guerra entre ambos líderes sólo ha podido ser a través de las redes sociales. Vox ha pedido la ilegalización de Podemos y la expulsión de su secretario de Organziación, Pablo Echenique, por ser "un extranjero que ataca la democracia española".

Pero claro, sin Iglesias a mano, en Podemos han tenido que contestar los otros líderes. El propio Echenique llamó golpistas a los candidatos de Vox, a cuenta de los fichajes de generales del Ejército para sus listas al Congreso, y aseguró que "el 23-F entraron al Congreso disparando. El 28-A quieren entrar votando. Se dejarán la pistola en casa, pero es lo mismo".

Ambos líderes acusan a la formación del otro extremo de ser "peligrosos para la democracia", uno por "comunista bolivariano" y el otro por merecer esa "alerta antifascista". Si esta semana hemos aprendido que los dos creen que no tiene sentido que "el monopolio de la violencia lo tenga el Estado", ahora veremos su guerra en directo.