Los operarios del ayuntamiento retiran la estatua del Marqués de Comillas de su pedestal.

Los operarios del ayuntamiento retiran la estatua del Marqués de Comillas de su pedestal. EFE Barcelona

Política REVISIONISMO HISTÓRICO

El marqués de Comillas no será la última víctima: Colau la iconoclasta rehace Barcelona

La alcaldesa ha emprendido una cruzada para borrar de las calles cualquier rastro que recuerde a la Monarquía, el Ejército o el empresariado.

Nació en 1970 en la provincia de Tucumán (Argentina), llegó a España cuando ya contaba 31 años y es la persona en la que Ada Colau ha delegado la responsabilidad de cambiar el callejero de Barcelona y retirar de sus plazas e instituciones todo aquello que recuerde a la dinastía borbónica, al Ejército e incluso a los empresarios que financiaron la construcción de la Barcelona modernista. La del parque Güell, la Pedrera, el Palacio de la Música o el hospital de San Pablo. Es Gerardo Pisarello Prados.

Apenas llevaba Pisarello unos pocos meses en el Ayuntamiento de Barcelona cuando intentó arrancarle a Alberto Fernández, del PP, la bandera española que este llevaba en las manos. Lo hizo desde el balcón del ayuntamiento y a la vista de los miles de barceloneses que en ese momento se congregaban en ella. “No me esperaba esta escena en medio de las fiestas de la Mercé. Me ha salido el alma republicana”, se justificó. “Frente al racismo, orgullo Pisarello”, le defendió Ada Colau en Twitter.

Gerardo Pisarello intenta arrancarle una bandera española de las manos a Alberto Fernández, del PP.

Gerardo Pisarello intenta arrancarle una bandera española de las manos a Alberto Fernández, del PP. EFE Barcelona

Las polémicas no han dejado de acumularse desde entonces. A Pisarello también se le reprocha la contratación de su pareja, Vanesa Valiño, como asesora de la Concejalía de Vivienda en el Ayuntamiento de Barcelona; la foto en la que se le puede ver dando órdenes a los operarios municipales para que retiren el busto del Juan Carlos I del salón de pleno —ante la atenta mirada de Xavier Domènech, también de Podemos—; o su reciente negativa a restituir el retrato de Felipe VI en el consistorio a pesar de la sentencia judicial que le obliga a ello.

No son pocos, en definitiva, los que opinan que su poder es mayor que el de Ada Colau y que el verdadero ideólogo de todo lo que se hace y deshace en el consistorio barcelonés es él. Y se deshace mucho desde que lo gobiernan los comunes'. 

Los operarios del ayuntamiento retiran el busto del rey Juan Carlos, vigilados por Pisarello.

Los operarios del ayuntamiento retiran el busto del rey Juan Carlos, vigilados por Pisarello. EFE Barcelona

El marqués de Comillas, como Franco

Su última polémica ha sido la retirada de la estatua del Marqués de Comillas, empresario al que se acusa, sin pruebas relevantes, de haber hecho su fortuna con la trata de esclavos en la Cuba colonial. También la decisión de que el monumento languidezca en el mismo almacén del ayuntamiento al que se arrojó una estatua ecuestre de Franco en 2016 después de que fuera vandalizada por los vecinos del barrio del Borne. El ayuntamiento la había dejado en la calle, al lado del emblemático mercado y a apenas unos metros del Fossar de les Moreres —centros de peregrinaje habitual del separatismo—, con la excusa de una exposición callejera: Franco, victoria y república. Impunidad y espacio urbano.

“En Barcelona el callejero lo decide la llamada Ponencia Nomenclátor. Y Ada Colau ha delegado la presidencia de dicha Ponencia Nomenclátor en Pisarello, que ha decidido que quiere cambiar todo el callejero dedicado a Borbones, militares y empresarios”, me explica Carina Mejías, la presidenta del grupo municipal de Ciudadanos en Barcelona. “Es atípico. En Madrid o Valencia, por ejemplo, se han creado ponencias con historiadores propuestos por todos los grupos municipales para frenar las ansias revisionistas de Podemos. Así que no hay nada que se someta a revisión que no esté avalado por los expertos y votado en el pleno. En Barcelona eso no pasa. Las decisiones las toma la Ponencia del Nomenclátor, es decir Pisarello, sin pasar por el pleno”.

De ahí que la plaza Llucmajor haya pasado a llamarse plaza de la República. O que la plaza Juan Carlos I, bautizada así en agradecimiento de la ciudad a la actuación del Rey durante el golpe de Estado del 23-F, haya pasado a llamarse plaza del Cinc d’Oros, su antiguo nombre popular, escogido porque la plaza tenía antaño cuatro rotondas en cada esquina y una en el centro, lo que recordaba a esa carta de naipe.

La próxima será la calle Almirante Cervera, que será rebautizada como calle Pepe Rubianes a petición de las amigas del cómico y con la excusa de que él vivió allí y era habitual de uno de los bares de la zona. Muchos sospechan que el único mérito de Pepe Rubianes es haberse "cagado en la puta España" en un programa de TV3.

“Con la estatua del marqués de Comillas han hecho lo mismo”, añade Mejías. “Según Ada Colau y su equipo, había una petición del distrito. Así que han decidido retirar la estatua porque consideran que no fue una persona ejemplar. Ya hay una queja de la Asociación Catalana de Capitanes de la Marina Mercante. Se trata de decisiones unilaterales y antidemocráticas”, explica.

Objetivo: reescribir la historia

La idea parece ser la de borrar de las calles de Barcelona cualquier rastro de historia que no encaje en el ideal republicano que dice defender Pisarello. “Pisarello se ha propuesto convertir Barcelona en la sede de una supuesta república porque él dice que Barcelona es la ciudad que mejor representa los valores republicanos. Cuando la realidad es que Barcelona se apoda la Ciudad Condal porque era donde vivían los condes que financiaban las guerras del rey de Aragón. En todo caso, la tradición de Barcelona es la de una ciudad noble y feudal. No sabemos de dónde saca los valores republicanos Pisarello”, dice con ironía la presidenta del grupo municipal de Ciudadanos.

Lo interesante es que Pisarello ha sido extremadamente cuidadoso a la hora de seleccionar qué empresarios deben ser homenajeados en las calles de Barcelona y cuáles no. ¿Por qué Antonio López —el marqués de Comillas— sí y Joan Güell no, si ambos hicieron fortuna en la misma Cuba colonial y de manera muy similar?  “Mejor no darle ideas. Pisarello está destruyendo la historia de la ciudad. Y ya se ha destruido bastante. Queda media legislatura y si no conseguimos ganarles, Pisarello acabará arrasando con todo: con el Parque Güell, con la colonia Güell, con el Palau de la Música…”.

La estatua descansa ahora en un depósito del ayuntamiento y Ada Colau ha dicho que de allí no se mueve. Y eso a pesar de las peticiones del Parlamento cántabro para que  sea entregada al municipio de Comillas, la ciudad natal del empresario. “Si nos ponemos a estudiar los antecedentes de muchas familias de la burguesía catalana encontraremos que muchos tuvieron negocios en la Cuba de la trata de esclavos. Y muchos han apoyado luego el nacionalismo. Pero esos parece que no importan. Importa el Marqués de Comillas porque era partidario de la unión de Cataluña y España. Es una idea sectaria. No se atacan las posibles sombras de sus actividades económicas, sino su visión de una Cataluña española”, asegura Íñigo Fernández, diputado y portavoz del PP en el Parlamento de Cantabria.

"Por esa regla de tres deberían derribar el Palau de la Música, que se construyó con las aportaciones de la burguesía de la época, y muchas de esas familias burguesas ganaron ese dinero en la Cuba colonial. Y si nos ponemos a revisar, igual resulta que Jaime el Conquistador no fue un hombre estrictamente tolerante con los derechos de las personas. Es ridículo que en el siglo XXI nos pongamos a revisar las cosas del siglo XIX, o el XVIII, o el XV", continúa el portavoz del PP. 

"Nosotros no somos tan atrevidos como para decir cómo se tienen que llamar las calles de Barcelona. Esa decisión le corresponde al ayuntamiento de la ciudad. Sólo pedíamos que se reconsiderara la medida atendiendo a la contribución del marqués a la prosperidad de Comillas y de Barcelona. Comillas, por ejemplo, fue la primera ciudad de España que tuvo luz pública, es decir, farolas. Y fue allí donde Gaudí construyó su Capricho", advierte Fernández.

No parece que su petición vaya a tener mucho éxito. Porque, como dice Carina Mejías, "Ada Colau y los suyos no son muy partidarios de la cultura. La cultura les está de más. Su primer concejal de Cultura, por ejemplo, fue Jaume Asens, cuya cultura tanto jurídica como general deja bastante que desear. Y ahora han colocado como comisionado de Cultura a un señor que se llama Joan Subirats, que es profesor de Derecho político y que tiene tanto interés en la cultura como yo en la física cuántica. Y que, por cierto, está casado con una señora que también tiene cargo en el ayuntamiento. Mucho código ético, pero luego te encuentras con esto".