Rivera y Arrimadas, en la Ejecutiva de Cs celebrada un día después del 21-D.

Rivera y Arrimadas, en la Ejecutiva de Cs celebrada un día después del 21-D. Javier Etxezarreta Efe

Política LA RESACA DEL 21-D

Rivera renuncia por ahora a pedir generales y seguirá ejerciendo de socio crítico de Rajoy

Ciudadanos esta dispuesto a disputarle al PP la hegemonía del centro derecha en toda España pero ve prioritario dar estabilidad al país.  

A diferencia de lo que piensa Mariano Rajoy, Ciudadanos sí cree que los resultados en Cataluña pueden ser extrapolables al resto de España. La satisfacción en el seno del partido naranja por la victoria de Inés Arrimadas es evidente de puertas para dentro. El triunfo del 21-D es un hito en la historia del partido, que nació hace apenas 11 años.

La estrategia catalana será idéntica a nivel nacional. El líder de Ciudadanos, Albert Rivera, utilizará las mismas armas que tan bien han funcionado en Cataluña para el reto mucho más complicado de disputarle la hegemonía del centro derecha al PP en unas elecciones generales.

Ciudadanos ha empezado a digerir el éxito agridulce del 21-D. Arrimadas ha dejado abierta la puerta a un gobierno alternativo si fracasa la entente independentista. Pero en privado, la dirección naranja admite que la "suma de escaños es la que es" y que hay poco que se pueda hacer. "Nosotros hemos hecho los deberes", se lamentan.

Rivera sobre la victoria de Cs

Socio crítico de Rajoy

El impulso del triunfo en Cataluña sugiere que a Ciudadanos le podría interesar un adelanto de las generales, si bien por ahora se mantendrán como socio crítico de Gobierno, una cómoda posición desde la que seguir erosionando al PP. La estrategia está funcionando mejor de lo que se esperaba. Así lo reconocen las encuestas del CIS desde hace casi un año, y ahora, con sus particularidades innegables, el resultado en Cataluña.

La fórmula de apoyo a cambio de estabilidad permite a Ciudadanos vender acuerdos positivos de país como los Presupuestos y, al mismo tiempo, afear al PP su negativa a pactar medidas de regeneración. Rajoy ha dicho que su intención es empezar a negociar el Presupuesto del 2018 a partir del lunes. Y Ciudadanos piensa honrar su preacuerdo con el Gobierno, que prevé la bajada del IRPF, un aumento de 8.300 millones en gasto social y la equiparación salarial de policía y guardia civil con los Mossos. 

"Si el proyecto respeta las reformas naranjas que tenemos pactadas, Ciudadanos votará a favor", dice el entorno de Rivera.

Pero al margen del acuerdo de investidura, que cada partido invoca de Pascuas a Ramos y en función de lo que les interese, Rivera ha encontrado un perfil propio en el desafío soberanista. Ciudadanos ha sido capaz de apoyar al Gobierno en la aplicación del 155, pero desmarcarse en determinados debates muy ligados a la crisis territorial.

El cupo vasco

El rechazo de Rivera al cupo vasco y la exigencia de una reforma de la financiación autonómica para todas las comunidades han calado en el electorado tradicional del PP. Ciudadanos ha conseguido algo que parecía imposible hace unos años: un crecimiento simétrico en Cataluña y el resto de España con el mismo discurso netamente antinacionalista

Algunos expertos en demoscopia llevan semanas avisando en comidas privadas con periodistas que Ciudadanos no sólo ha consolidad su sorpasso a Podemos sino que además está pisando los talones al PSOE como segunda fuerza política del país. Rivera ha aparcado las prisas que quizá exhibió en otra época. Y reivindica un nuevo proyecto de país para España, que quiere liderar la formación naranja.

"El futuro de España no pasa por pactar con los nacionalistas, sino en tener un proyecto de país serio. Ahora más que nunca es necesario un proyecto para España", dijo el viernes en Barcelona.