Interior del autobús que dirige a Madrid a socialistas de Málaga.

Interior del autobús que dirige a Madrid a socialistas de Málaga. J. N.

Política Las primarias del PSOE

Empotrado con los 'susanistas': entre Manolo Escobar y Sabina

Un periodista de EL ESPAÑOL viaja con los seguidores de Susana Díaz. De Málaga a Madrid. Hace dos meses viajó empotrado en un autobús de 'sanchistas' camino de Sevilla. Los 'susanistas' son mucho más jóvenes, pero no cantan.

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La noche ni se cerraba ni se abría. Corría el frío en la explanada de Málaga de donde partía el autocar de apoyo a Susana Díaz. Frente a la Facultad de Derecho: un páramo. La eterna candidata por fin cogió el AVE a Madrid y los militantes han decidido seguirla allende de Despeñaperros. Y yo, con ellos, disfrazado de susanista para empotrarme en el grupo, igual que me empotré con los sanchistas cuando su presentación en Sevilla. Ahora el viaje es de sur a norte.

A la entrada del bus, luciendo en la muñeca la pulsera oficial con la leyenda "esperanza" sobre fondo verde, canté algo de Manolo Escobar por palpar el ambiente: no hubo malas caras. Era la 1:53. El bus olía a aparato a la legua. Salió puntual, a las 2:00.

Por Despeñaperros pasaremos un túnel, pero antes, nada más salir de Málaga, me he sentado al fondo. A mi lado un funcionario, alto cargo y gestor cultural que me presentó hace 15 años a Joaquín Sabina, me pregunta por mí y por Sabina. Respondo: "La Historia se escribe en autobús, que más o menos diría Pla".

Romance de Lorca

Luego la solemnidad deriva en temas diversos: el running, los vientres subrogados y los "podemitas hechos sanchistas como por milagro". Comparece por allí el auxiliar de mi médico de cabecera -ya me empiezo a mosquear-, y le digo que yo nunca renunciaré a Gibraltar español ni a la sanidad pública universal. "Eso es un hecho de Susana", alega; yo le respondo con la Historia en la mano y tengo hasta que citar a Felipe, que ya son ganas mías, que Susana ha hecho poco o nada por España.

Entretanto el autobús vuela por la Vega de Granada, donde Lorca. Cito un romance suyo a una afiliada -"ojos penetrantes"- y me prohíbe terminantemente dar el coñazo con culturalismo. Pero guapa era, y un rato. 

Después me viene un arreón de la vejiga: una poética necesidad de abonar los campos de España. Me dicen los dos autobuseros -llamados ambos Salvador, curiosamente- que faltan veinte minutos para la parada obligatoria y el cambio de chófer...

Parada técnica

Y paramos en un centro comercial de carretera preparado para los andaluces que van hacia la Meseta, a los pies de los campos de la Batalla de las Navas de Tolosa. En la cola del WC me tropiezo con uno de juventudes de Marbella, un íntimo. Orino; y una vez vaciado pregunto por esa rara concentración de autobuses en tal lugar. Allí hay escaleras mecánicas que ya quisiera Fraga cuando lo de los Paradores.

No hay tortas manchegas, como cuando me fui en el bus de Sánchez, que aún recuerdo esa cosa menestral de las tortas de Santiaga [referencia a una militante de Ciudad Real que aparece en el reportaje 19 horas empotrado con los 'sanchistas']. Brujuleo y me encuentro con compañeros de doctorado, los foteo. Más tarde hablamos del Quijote y la conversación seria acaba por los nights clubs abiertos de La Mancha.

Voy a sentarme donde los conductores y les pregunto por qué no hay película: "La hora, niño", dicen. Antes se concentran frente a un café: "Chofereando pancartas", me dice un autobusero de Jaén que va a lo mismo de Susana. Lo entrevisto frente a la cámara y me siento Jesús Quintero.

Carretera y Orfidal

Volvemos a la carretera y les pido que canten, como hacían los sanchistas en dirección contraria. Pero no cantan. La edad media es mucho más baja que cuando lo de Pedro Sánchez en Dos Hermanas. Me tomo medio Orfidal por la parte de Manzanares, allá por Ciudad Real.

Abro un ojo. Alguien ha citado el Cerro de Los Ángeles de Getafe, prueba geográfica de que estamos llegando. Despierto. Proclamo en voz alta que Madrid es el centro geográfico de la Península: nadie me discute. Fuera caen chuzos de punta. Los de dentro van dirigidos a la alcaldesa Carmena.

Camiseta de apoyo a Susana Díaz en IFEMA.

Camiseta de apoyo a Susana Díaz en IFEMA. J. N.

Ya en la entrada a Ifema uno cree que van a regalarle un abanico y lo que regalan es una tarjeta con número de cuenta por donar al susanismo. Le digo a una señora que quiero una camiseta de Susana y me responde que las camisetas hay que pedirlas por el internet, y que no la puedo abordar "con los billetes en la mano".

Un asiento vacío

Cuando el autobús se detiene finalmente, la morena que me ha atraído desde el momento cero del empotramiento me reprime sotto voce por el coñazo preguntón en el autobús. Le digo que haga méritos para subsecretaria o algo por el estilo. Y sí, en Ifema me da un abrazo Carmona.

Antes de salir del pabellón saco unas fotos de recuerdo del atril de Susana. Pero me largan del escenario con patadas diplomáticas. Vuelvo a la entrada de Ifema. Madrid no tiene ni frío ni calor. Se me acercan de la ONG de Chiclana de bebés robados y pongo cara de póker. Y unos metros más allá un trianero me saca el brazo con dos pulseritas; una de Susana y la otra de España.

En comparación con el viaje de Madrid a Dos Hermanas, esta gente lleva bocatas. No hay comida prevista. Tampoco dan tortas de trigo en Despeñaperros. Se vuelven y me llaman... A Málaga va un asiento vacío. Y donde desayuno, Capital-D-IFEMA, uno siente que está en Triana.

Empiecen a contar estómagos agradecidos. Los susanistas son mucho más jóvenes en el bus que los pedristas.