Imagen de la sede de la Audiencia Nacional.

Imagen de la sede de la Audiencia Nacional.

Política Acusada de robar datos

Archivan el caso de la espía del CNI en la Audiencia Nacional por la falta de colaboración de EEUU

El Juzgado de Madrid, obligado a cerrar el caso al no poder disponer de los correos de la acusada.

Alejandro Requeijo Daniel Montero

El Juzgado de Instrucción número 49 de Madrid decidió archivar este verano la causa en la que investigaba a una falsa traductora que supuestamente robó información sensible de la Audiencia Nacional al trabajar en realidad como agente del Centro Nacional de Inteligencia (CNI). Según informan a EL ESPAÑOL fuentes del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, la titular del Juzgado, Josefa Bustos, se vio obligada a adoptar esta decisión por la falta de colaboración de Estados Unidos para remitir vía comisión rogatoria la documentación solicitada.

La investigación llevaba meses parada a la espera de un informe solicitado a Microsoft USA con vistas a aportar pruebas del supuesto robo de información. Esta agente habría sustraído información de los ordenadores de los jueces de la Audiencia Nacional Pablo Ruz y Fernando Andreu. La Audiencia Nacional, antes de inhibirse a Plaza de Castilla, ya libró varias comisiones rogatorias a EEUU, con el objeto de requerir a Microsoft la información de los correos electrónicos de la ‘traductora’.

Respuesta de EEUU

Con posterioridad, la oficina judicial del Juzgado de Instrucción 49 tramitó otra comisión rogatoria con el mismo fin. El juzgado ha estado en permanente contacto con el juez de enlace en EEUU durante toda la tramitación de las Diligencias Previas. Según las mismas fuentes, las trabajas llegaron cuando el fiscal de EEUU exigió, como sucedió con las comisiones remitidas por la Audiencia Nacional, que se concretara exactamente la información digital a remitir a España, es decir, la concreción de los correos electrónicos que claramente supusieran una prueba indiciaria de la comisión de un delito.

No obstante, con el material con el que contaba la magistrada era imposible indicar qué correos concretos son los que ponen de manifiesto la evidencia de la comisión de un delito, razón por la que decidió dictar el archivo provisional de la causa. En consecuencia, a la interesada se le devolvió el pasaporte que, como medida cautelar, se la había retirado.

La falsa traductora estaba acusada de un delito de descubrimiento y revelación de secretos al haber indicios de que realmente era un 'topo' del CNI que pasaba a este centro información reservada sobre causas que tramitaban Andreu y el entonces juez de la Audiencia Nacional Pablo Ruz. La supuesta intérprete fue contratada para ayudar a ambos magistrados en causas sobre el terrorismo yihadista.

Según informó Europa Press, ya el pasado mes de febrero el Juzgado de Instrucción número 49 dio traslado a la Fiscalía para que declarase la complejidad especial y evitar el archivo de la causa. Con esta decisión, la juez trataba de ampliar el plazo para que Microsoft USA respondiese a la comisión rogatoria y enviase al Juzgado el informe clave para esclarecer la forma en la que un intruso accedió a unos ordenadores con protocolos de seguridad para supuestamente sustraer información bajo secreto de sumario.

Versión de la empresa de traductores

La investigación apuntaba, según las mismas fuentes,  a una empresa de traductores que tenía el contrato de colaboración con la Policía Nacional en el momento de los hechos. Este periódico se ha puesto en contacto con el responsable de esta empresa, que ha admitido que entre septiembre de 2011 y septiembre de 2013 trabajaron con la Policía. No volvieron a hacerlo hasta noviembre de 2015. Asegura que desconoce quién puede ser la traductora investigada porque en ningún momento las autoridades se pusieron en contacto con ellos. Duda incluso de que perteneciese a su plantilla de intérpretes.

Afirma también que cuando comenzaron a trabajar con la Policía no impusieron sus traductores en aquellas investigaciones que ya estaban en marcha, política habitual de la empresa. “Lo normal es que la Policía filtre a sus traductores, especialmente los de idioma árabe. No tiene sentido que nosotros le mandemos a cualquier persona y se siente ahí en una mesa con claves secretas a escuchar conversaciones”, explica. “Yo tampoco pregunto nunca en que están trabajando ni quiero que me lo cuenten porque si me lo cuentan ya no tienen mi confianza”, zanja.