El último cambio en el callejero de Madrid arroja una llamativa paradoja: el Gobierno que encabeza el PP le ha quitado el bulevar a Indalecio Prieto. Una placa que -mayoría absoluta incluida-... puso el propio PP. Así consta en un expediente alojado en el Archivo de la Villa al que ha tenido acceso este periódico.

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Corría el año 1995. Era alcalde José María Álvarez del Manzano. Lideraba la concejalía de Cultura Esperanza Aguirre. Ambos aceptaron el ruego de la fundación que lleva el nombre del líder socialista y dieron el "sí" a la placa. Le concedieron un "bulevar" en el distrito de Vicálvaro.

Este miércoles, dos décadas después, PP y Ciudadanos apoyaron a Vox para dejar sin calle al que fuera ministro republicano y presidente del PSOE ya en el exilio. EL ESPAÑOL se ha puesto en contacto con Álvarez del Manzano y Aguirre para analizar esta circunstancia. Entre 2017 y 2020, el plano capitalino ha sufrido un buen revolcón. Algunos de los cambios continúan judicializados.

"Me sorprende la decisión, no sé ni cómo reaccionar", saluda al teléfono el mítico alcalde de Madrid, que gobernó la ciudad entre 1991 y 2003. Álvarez del Manzano no recuerda exactamente el día en que decidió el "sí" al bulevar Indalecio Prieto, pero no le sorprende en absoluto que aquel gesto forme parte de su legado.

"Intentamos que el espíritu de la Transición quedara reflejado en las calles. Si no estoy equivocado, el acuerdo fue unánime en el pleno. Fuimos flexibles. Buscamos hacer un Madrid de todos", discurre.

No quiere enjuiciar a su sucesor, José Luis Martínez-Almeida, de quien tiene una "muy buena opinión", pero reitera: "No soy nada iconoclasta. La Historia hay que admitirla como está. Debemos recibir el legado de los anteriores y no ir destruyendo lo que encontramos".

Álvarez del Manzano describe el clima de aquel 1995 como de "concordia y entendimiento". "Siempre he combatido las ideas de mis contrarios, pero he procurado respetar muchísimo a las personas", se despide.

Responde Esperanza Aguirre

Todo comenzó con una carta de Ovidio Salcedo -entonces presidente de la Fundación Indalecio Prieto- dirigida al Ayuntamiento de Madrid en 1993. Contestó Esperanza Aguirre en calidad de concejala de Cultura. Dio el visto bueno a la petición, pero avisó de que "son mucho más numerosas las solicitudes de atribución de los nombres que la cantidad de calles que se abren".

El proceso se fue dilatando hasta que, en 1995, tanto la comisión de Cultura como el pleno aprobaron "consignar el nombre 'Bulevar Indalecio Prieto' al vial que comienza en el Camino Viejo de Vicálvaro y termina en la calle Copérnico".

El caso de Francisco Largo Caballero, que también perderá su calle, fue distinto. Se aprobó en época de Enrique Tierno Galván y los concejales de la entonces llamada Coalición Popular no votaron a favor.

En Ciudadanos, por ejemplo, mostraron dudas acerca de la votación porque tienen una opinión de Prieto muy distinta a la de Largo, aunque Vox impidió que los nombres se enjuiciaran por separado. Finalmente, los liberales se postularon a favor de la retirada.

Aguirre también traza importantes distinciones entre una y otra figura. "En aquel momento, no existía la ley de Memoria Histórica, que es uno de los mayores errores políticos que se han cometido en este país. Creí entonces, y sigo creyéndolo hoy, que Indalecio Prieto, como muchos otros en ambos bandos, actuó convencido de que hacía lo mejor por España".

Aguirre también destaca la altura de miras de Prieto como ministro de Obras Públicas: "Respetó el plan trazado para Madrid por su antecesor en la dictadura de Primo de Rivera y lo llevó a cabo".

Sobre sus oscuridades en la Guerra Civil, añade: "Él mismo dijo que no estaba libre de culpa y pidió perdón a todos los españoles desde el exilio". Esperanza Aguirre concluye igual que empieza, con un rejonazo a la ley de Memoria aprobada por Zapatero en 2007: "Mi partido prometió derogarla y, cuando pudo hacerlo, no lo hizo".

La figura de Prieto

Indalecio Prieto (1883-1962) nació en Asturias. De niño, y tras la muerte de su padre, se trasladó a Bilbao, donde se sumergió en la militancia socialista y en el periodismo. Fue líder de un periódico llamado El Liberal. Alcanzó el culmen del poder durante la República, cuando ostentó la batuta de varios ministerios.

Vox pidió la retirada de su calle al considerarlo cómplice del asesinato de Calvo-Sotelo, entonces líder de la oposición. Hubo, entre quienes lo mataron, miembros de "La motorizada", la guardia personal de Prieto, pero nunca se ha podido probar que el ministro estuviera al tanto.

De hecho, Prieto estaba veraneando aquel día en Bilbao y condenó el crimen con firmeza. La familia Calvo-Sotelo no le consideró culpable, hasta el punto que Leopoldo, su sobrino y expresidente del Gobierno, visitó la fundación Indalecio Prieto.

Los de Abascal también destacaron el papel de Prieto como instigador del golpe de Estado de 1934, un hecho historiográficamente probado, por el que el socialista llegaría a disculparse.

La dialéctica guerracivilista de Largo Caballero -llamó al conflicto armado en caso de que las derechas ganaran las elecciones y despreció la democracia en varias ocasiones- no encontró un símil en la de Prieto, que en plena guerra -agosto de 1936- pidió a los suyos que evitaran los asesinatos en retaguardia.