El cambio de calles en España ya funciona en ambas direcciones: derecha e izquierda. Un pacto entre PP, Ciudadanos y Vox ha supuesto que, por primera vez en Democracia, dos líderes del PSOE vayan a perder su placa en Madrid. El acuerdo ha llegado apenas dos semanas después de que el Gobierno central detallara su nueva ley de Memoria.

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La unión de estas dos circunstancias ahonda la trinchera y azuza una suerte de caza de brujas en los callejeros de todo el país. Los dirigentes provinciales y municipales de Vox ya saben que los de Casado y Arrimadas están dispuestos a brindar sus votos para dejar sin reconocimiento a dirigentes como Indalecio Prieto o Francisco Largo Caballero, los rostros más conocidos del socialismo republicano.

Según ha contrastado este periódico, el partido de Abascal no esperaba encontrar los apoyos que finalmente obtuvo. Aunque no existe una estrategia nacional al respecto, en la sede de Madrid no descartan que sus delegados municipales lleven propuestas similares a sus plenos.

Fuentes de PP y Ciudadanos, en conversación con este periódico, sintetizan: "Nos limitamos a cumplir la ley de Memoria Histórica. Ellos -el PSOE- la aprobaron, así que deben respetar que la norma sea igual para todos".

A ojos de José Luis Martínez-Almeida y de Begoña Villacís -representantes de conservadores y liberales respectivamente en la capital-, Largo Caballero e Indalecio Prieto exaltaron el guerracivilismo con sus discursos. De ahí que les hayan granjeado el mismo destino que a los generales franquistas desaparecidos del callejero de la ciudad en tiempos de Manuela Carmena.

Mientras tanto, PSOE y Podemos se llevan las manos a la cabeza y dicen que "esa interpretación de la ley no es correcta". "Hacen un uso torticero, ustedes son criminales ideológicos", arguye Ramón Silva, experimentado concejal de Ferraz.

Al mismo tiempo que el Gobierno central confecciona sus nuevas medidas en relación a la llamada "ley de Memoria Democrática" -exhumaciones a cargo del Estado o creación de un centro nacional de ADN-, las tres fuerzas a la derecha del centro se guardan la opción de contrarrestar con un cambio en el callejero.

Tanto Indalecio Prieto como Francisco Largo Caballero ostentan calles en varias capitales de provincia, como por ejemplo Zaragoza, Bilbao o Palma de Mallorca -no obstante, en estos tres casos la mayoría es de signo contrario a la de Madrid-. Pero también lo hacen en un sinfín de localidades, lo que podría dar una magnitud considerable a esta enésima revisión de los callejeros.

Largo y Prieto

Francisco Largo Caballero e Indalecio Prieto son los dos líderes socialistas que perderán su calle en Madrid. Ambos presidieron el PSOE, aunque el segundo de ellos lo hizo ya desde el exilio. Ministros de la II República, también compartieron destino como instigadores del golpe de 1934, conocido como "la revolución de Asturias".

Largo Caballero (1869-1946) fue presidente del Consejo de Ministros durante la Guerra Civil. Antes ya había encabezado el PSOE y la UGT. Era conocido como el "Lenin español" a causa de la beligerancia de su discurso. Revolucionario confeso, llegó a decir que los socialistas irían a la guerra en caso de que "las derechas" ganaran las elecciones de febrero de 1936. PP, Ciudadanos y Vox coinciden en tacharlo de "antidemócrata".

Exiliado en Francia tras la guerra, fue detenido por la Gestapo e internado en el campo de concentración de Sachsenhausen. Recobró su libertad tras la llegada del Ejército Rojo. Murió en París en 1946.

El caso de Indalecio Prieto (1883-1962) es ostensiblemente distinto al de Largo Caballero. Aunque compartieron destino revolucionario en Asturias, Prieto, durante la guerra, llamó a los suyos a reprimir los asesinatos en retaguardia. Lo hizo por la radio. Famoso es su discurso de agosto de 1936.

Miembros de "La Motorizada" -su guardia personal- participaron en el asesinato de Calvo-Sotelo, pero jamás se ha probado la participación siquiera indirecta del ministro en aquellos hechos.

Desde el exilio, también en París, conspiró para devolver la democracia a España. Pidió perdón por sus posturas revolucionarias, se arrepintió del golpe que dio en 1934 y llegó a proponer un pacto con los monárquicos.

Esta última circunstancia a punto estuvo de que Ciudadanos votara en contra de la propuesta de Vox, pero los nombres -dado el carácter unitario del texto- no se pudieron desglosar.