Josu Ternera, en una imagen de abril del 2002, en Bilbao, el día en que el juez ordenó su detención por un atentado en la casa cuartel de la Guardia Civil de Zaragoza en 1987.

Josu Ternera, en una imagen de abril del 2002, en Bilbao, el día en que el juez ordenó su detención por un atentado en la casa cuartel de la Guardia Civil de Zaragoza en 1987. Efe

España

Operación Infancia Robada: 'Ternera', caída de un histórico para certificar la defunción de ETA

Josu ternera ha sido el hombre 'duro' de la banda durante décadas; el nombre elegido para la operación está cargado de simbolismo.

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José Antonio Urrutikoetxea, de ahora en adelante Josu Ternera, se ha ganado a pulso el calificativo de "histórico". Así lo asumen dentro de ETA, pero también las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Por su largo recorrido dentro de la banda y su influencia para mover los hilos en algunos de los episodios más oscuros del terror. También por su imagen al frente de la comisión de Derechos Humanos del Parlamento Vasco, cuando fue elegido diputado en listas de Euskal Herritarrok. En los últimos años, el hombre duro que participó en las negociaciones con el Gobierno, se ha caracterizado por su fuga de la Justicia.

Operación Infancia Robada es el nombre elegido por la Guardia Civil y por los Servicios de Información franceses para bautizar al operativo que ha culminado con la detención de Ternera en la localidad gala de Sallanches. ¿Por qué este nombre? Ternera se dio a la fuga siendo diputado y dirigiendo la comisión de Derechos Humanos del Parlamento Vasco, cuando la Audiencia Nacional le citó a declarar por el atentado de la casa cuartel de Zaragoza: un golpe terrorista en el que murieron 11 personas, seis de ellos menores.

El corazón de ETA ha latido durante años al ritmo marcado por Josu Ternera. Porque este vizcaíno nacido en Miravalles hace 68 años ingresó en la banda al albur de sus primeros compases, a finales de los 60 o principios de los 70, señalan fuentes de la lucha antiterrorista. En concreto, participó en la rama conocida como ETA V-Asamblea. Actuaba desde Francia, cuando los etarras tenían su santuario al otro lado de los Pirineos.

Un guardia civil lleva en sus brazos a una niña herida en el atentado de Vic.

Un guardia civil lleva en sus brazos a una niña herida en el atentado de Vic. Lluis Gené EFE

Golpe tras golpe, fue escalando puestos dentro de la organización hasta ocupar su dirección. Cayó en Francia, cumplió condena por diversos atentados... y se lanzó a la carrera política: en 1998 fue elegido diputado vasco en las listas de Euskal Herritarrok, heredera de Batasuna, y le designaron para dirigir la comisión de Derechos Humanos del parlamento autonómico.

La Justicia, no obstante, seguía sus pasos. Se le citó a declarar por el atentado contra la casa cuartel de Zaragoza y volvió a darse a la fuga. Desde entonces, su nombre ha sostenido los últimos alientos de ETA -algunos de ellos letales, porque los terroristas seguían matando-.

Llevaba prófugo desde 2002 hasta este jueves, cuando ha sido capturado en la localidad francesa de Sallanches. Según el Ministerio de Interior, residía en el municipio de Saint Gervais les Bains, muy cerca de la frontera con Suiza e Italia, lo que le facilitaba su huida de los cuerpos antiterroristas.

Dirigente de ETA en los atentados de la casa cuartel de Zaragoza y de la madrileña plaza de República Dominicana -12 guardias civiles asesinados-, Ternera también ha sido la voz de la organización terrorista en algunos de sus episodios más destacados.

Primero, en las negociaciones de Argel de 1989 bajo la presidencia de Felipe González. Después, en las de José Luis Rodríguez Zapatero; él representaba el ala más dura en estas conversaciones, señalan fuentes de la lucha antiterrorista. 

Josu Ternera, que bandeaba las investigaciones policiales y lograba mantenerse lejos de su alcance, también fue la voz que locutó el anuncio en el que ETA abordaba la disolución definitiva de sus estructuras. La banda, no obstante, instaba a mantener abiertas otras vías para alcanzar el objetivo de la independencia vasca.

Desde entonces, Ternera se ha convertido en una obsesión para las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Sobre sus hombros recaían algunos de los movimientos más destacados de ETA y era el último gran jefe que permanecía en libertad. Con su caída llega también el certificado de defunción de una banda terrorista acorralada por los golpes policiales.