Piloto de un caza F-18 del Ala 12, del Ejército del Aire.

Piloto de un caza F-18 del Ala 12, del Ejército del Aire.

España FUERZAS ARMADAS

Fuga de pilotos en el Ejército del Aire: cada año se forman 25, pero 60 se van a compañías privadas

Muchos de ellos abandonan el cuerpo seducidos por mejores sueldos y por la posibilidad de seguir a los mandos de aeronaves durante más tiempo.

Al Ejército del Aire le faltan pilotos. Hay una fuga de profesionales a las aerolíneas privadas. La causa está, principalmente, en los altos salarios que cobran en el sector. Pero también porque en la aviación civil pueden seguir manejando aviones en edades superiores al ámbito militar, y eso motiva a los pilotos. Revertir esa situación es, hoy por hoy, la prioridad principal para la institución.

La academia militar de San Javier, en Murcia, es el escenario en el que se forman la mayoría de los pilotos del Ejército del Aire. Cada año se promocionan 25 de ellos, tras mucho tiempo de instrucción. Pero las cuentas no encajan. Sólo en 2018, 60 pilotos del cuerpo militar pidieron el pase a las compañías aéreas, seducidos por contratos suculentos. La cifra es casi idéntica a la de 2017, cuando se marcharon 58 profesionales del Ejército del Aire.

Muchos de ellos abandonan el cuerpo nada más cumplirse el compromiso de 12 años que adquieren tras pasar todo el proceso de formación.

Las cifras de personal

Pero no son las únicas cifras preocupantes que maneja el cuerpo militar. Hace cinco años, 28.000 personas componían el Ejército del Aire. Ahora son sólo 23.000; 20.000 de ellos son militares y 3.000, civiles. La cifra es notablemente inferior.

Lo mismo se puede decir sobre las horas de vuelo, fundamentales no sólo para las misiones dentro y fuera de las fronteras, también para el adiestramiento y el refuerzo de las capacidades de todos los miembros del Ejército del Aire. Hace 10 años se registraron 100.000 horas de vuelo; en 2018 fueron 63.000.

La crisis vivida en la última década ha marcado algunas de estas decisiones. Las horas de vuelo requieren inversión. "Salimos baratos para lo mucho que hacemos, pero el presupuesto es el que es y no podemos hacer otra cosa", cuentan fuentes del Ejército del Aire.

La seducción del sector privado

Es un círculo difícil de romper. Porque la reducción de las horas de vuelo incide directamente en el estado de ánimo de los aviadores. Visten uniforme y tienen vocación militar, pero uno de sus principales alicientes es sentarse a los mandos de las aeronaves del Ejército del Aire.

Es en este punto donde irrumpen las aerolíneas privadas. En las dos últimas décadas ha habido una irrupción masiva de compañías en el mercado, que requieren los servicios de pilotos cualificados. Los contratos son elevados, les permiten a los profesionales seguir volando pese al paso de los años... y ofrecen un calendario meticuloso con los trayectos que tendrán que realizar a un mes vista, con sus correspondientes días festivos.

El Ejército del Aire ha detectado el problema y trata de revertir la situación. Pese a los contratos elevados del sector privado, muchos pilotos militares mantienen el uniforme por su vocación. Pero desde el cuerpo consideran que hay que adoptar medidas para retener a unos profesionales que tanto esfuerzo ha costado formar.

Hay retos tecnológicos, de sustitución de aeronaves que están quedando anticuadas -como el F-18 o el avión de adiestramiento C-101, entre otros-. Pero el Ejército del Aire sabe que su principal reto está en retener a sus pilotos.