Pedro Sánchez en Costa Rica.

Pedro Sánchez en Costa Rica. EFE

España BALANCE

Navantia y las bombas a Arabia: último hito de 100 días de bandazos del Gobierno Sánchez

Pedro Sánchez cumple este domingo sus primeros cien días en La Moncloa. En este tiempo, el presidente del Gobierno ha apostado por el diálogo con la Generalitat que preside Quim Torra, ha puesto en marcha unos cuantos decretazos, se ha volcado con la agenda exterior, ha apostado, sobre todo, por la memoria histórica, con la exhumación de Franco del Valle de los Caídos como propuesta estrella y se ha visto obligado a rectificar en no pocas ocasiones. El último bandazo, ya convertido en conflicto interno y con sus socios, tiene que ver con Navantia y la venta de armas a Arabia Saudí

Navantía, pendiente del contrato con Arabia Saudí

El jefe del Ejecutivo llegó rompiendo moldes, al ser el primero en la historia de España que lograba sacar adelante una moción de censura contra su antecesor, Mariano Rajoy. Pronto ilusionó a la izquierda política, con su decisión de acoger al barco Aquarius y, sobre todo, al conformar un gabinete feminista y con algunos rostros populares como los de Pedro Duque y Máxim Huerta.

La tempranera dimisión de este último fue el primer gran sobresalto para Sánchez. Pero no le han faltado otros problemas pese al poco tiempo que lleva en el poder. La colocación de su esposa, Begoña Gómez, en el Instituto de Empresa, o la utilización del avión Falcon para acudir a un concierto han generado problemas al jefe del Ejecutivo. Así, por ejemplo, todo un quebradero de cabeza fue su inicial política de marketing, con aquellas gafas de sol rumbo a Bruselas, aquellas imágenes paseando por los jardines de Moncloa y aquel tuit sobre sus propias manos. 

La estrategia en Cataluña 

Al final del primer mes, anunciaba su decisión de trasladar a los políticos presos independentistas a cárceles catalanas. Toda una declaración de su estrategia de apaciguamiento con la Generalitat. La gran apuesta de Sánchez es el "diálogo", aunque sea de sordos, en busca de que sea su interlocutor quien rompa la baraja.

Muchos gestos y anuncios, reunión con Quim Torra en Moncloa incluida. A cada provocación del president o de su alma gemela, el expresident fugado Carles Puigdemont, Sánchez ha respondido con apelaciones al diálogo y a la reforma del Estatut, ahora aumentada con la propuesta del preceptivo referéndum.  

Decretazos y Franco

Una constante en estas semanas en Moncloa ha sido la utilización del decreto-ley en asuntos de enorme impacto mediático. Así, hubo decretazos para impulsar la renovación de RTVE, proceso luego convertido en un problema para el Gobierno, o para la polémica reforma de la ley de violencia de género.

También se utilizó esta vía legislativa rápida para impulsar la iniciativa más controvertida e ideológica de Sánchez: exhumar al dictador del Valle de los Caídos. Hablar de Franco es una costumbre para el Gobierno y, teniendo en cuenta la hoja de ruta trazada para sacar sus restos de Cuelgamuros, parece que la memoria histórica seguirá de actualidad al menos hasta finales de año. Una estrategia perfecta para polarizar con la derecha y robar votos a Podemos

Las múltiples rectificaciones

Quizás el verbo que más ha conjugado Sánchez en sus primeros cien días en Moncloa sea "rectificar". En su primera entrevista se rectificó a sí mismo al anunciar su intención (hoy parece casi un sueño) de agotar la legislatura, al contrario de lo que prometió cuando desbancó a Rajoy. Después enchufó en la administración a unos cuantos afines, pese a que siempre había pregonado justo lo opuesto.

Además, viró en política migratoria con la sorpresiva expulsión de 116 inmigrantes que contrastaba con su actitud ante el Aquarius y que se hizo desempolvando un convenio con Marruecos de 1992. Con todo, la rectificación más sonada es la más reciente: el cambio de criterio para asumir, frente al criterio inicial, la defensa del juez Pablo Llarena en Bélgica ante la estrategia de Puigdemont y sus letrados. 

Parece que con este Gobierno siempre hay lugar para una nueva cabriola. La última (quizás penúltima) llegaba esta misma semana. El pasado lunes el Ministerio de Defensa avanzó a los medios de comunicación que paralizaba un contrato de venta de armas a Arabia Saudí tras el bombardeo que este país llevó a cabo en Yemen, donde murieron 51 personas, entre ellos 40 niños. El contrato iba a reportar a España 9,2 millones de euros por fabricar 400 bombas. 

Este viernes, el Ejecutivo se abría a la venta de armas al reino saudí. ¿Por qué semejante cambio en cuatro días? Porque los trabajadores de Navantia en Cádiz se echaron a la calle y cortaron redes de comunicación como la autovía A-4 ante el temor de que el contrato con Arabia Saudí para construir cinco corbetas quedase también sin efecto. Como informó este diario, las cifras en este caso son mucho mayores: 1.813 millones de euros que se facturarán a Riad y empleos para 6.000 trabajadores durante años. 

El caso es que la ministra portavoz, Isabel Celaá, no daba abasto este viernes para responder a las preguntas de la prensa tras el Consejo de Ministros. "Los 6.000 trabajadores de la Bahía de Cádiz pueden estar tranquilos de que el Gobierno está con ellos", dijo Celaá. Y añadió que "nos mantenemos firmes en los compromisos de colaboración con Arabia Saudí y obviamente en los compromisos adquiridos por las partes". Palabras que obviamente chocan con la decisión de Defensa. 

Sánchez es también un presidente viajero, y no solo para ir a conciertos en avión. En estos cien días, ha pasado por Bruselas, París, Berlín o Lisboa. Además, a finales de agosto hizo una gira iberoamericana por Chile, Bolivia, Colombia y Costa Rica. Al volver, la cruda realidad: negociar los Presupuestos y el techo de gasto con Podemos, primero, para buscar a otros socios dispares, después. Y llega el "otoño caliente" de Cataluña. Las urnas, cada vez más cerca.