El líder de Ciudadanos, Albert Rivera, durante la sesión de control al Gobierno hoy en el Congreso de los Diputados.

El líder de Ciudadanos, Albert Rivera, durante la sesión de control al Gobierno hoy en el Congreso de los Diputados. Fernando Alvarado.

España INFLEXIÓN EN LA LEGISLATURA

Cs pedirá un 155 más duro si los separatistas forman Gobierno y mantienen su desafío

Albert Rivera anunció este miércoles su ruptura con Mariano Rajoy tras un intenso careo en la sesión de control en el Congreso que el presidente aprovechó para llamar “aprovechategui” a su aliado circunstancial. El reproche de Rajoy, que tiró de retintín después de que Rivera le preguntase por qué no ha recurrido ante el Constitucional el voto delegado de los prófugos Comín y Puigdemont, ha precipitado un final del armisticio largamente anunciado. Sin embargo, Cs votará los Presupuestos de Rajoy y la investidura de Ángel Garrido como sustituto de Cristina Cifuentes en la Comunidad de Madrid por una cuestión de “responsabilidad” y porque su electorado no entendería otra cosa.

Este control de daños por parte de Rivera ha sido interpretado como prueba de que sobreactúa de cara a la galería: “una pataleta infantil”, al decir de los populares Hernando y Maíllo. Sin embargo, esta ruptura marca “un punto de inflexión en la legislatura”, aseguran fuentes de la dirección naranja,y un cambio de tornas que se irá concretando progresivamente: primero, siendo muy exigentes en lo que atañe a la fiscalización del 155 en Cataluña; segundo, denunciando todas las concesiones que se hagan al nacionalismo dentro y fuera de Cataluña; y tercero, mediante la “españolización” (sic) del debate político.

“Habrá que endurecer el 155 sí o sí: como se ha hecho hasta ahora no funciona y, en el caso de que los separatistas logren formar Gobierno, no tardaremos ni tres semanas en pedirlo porque ellos van a seguir adelante con su desafío”, explican las mismas fuentes.

Con este movimiento, Albert Rivera se libera de la ataduras de la contención y Ciudadanos inicia un proceso de fiscalización del Gobierno y del PSOE para poner el foco de la opinión pública sobre los cambalaches con los nacionalistas.

Rivera rompe con Rajoy por el 155

 

Fuga de votos del PP a Cs

El partido naranja desentierra el hacha de guerra en el ecuador de la legislatura con la intención de poner en valor el marco electoral que más le beneficia -la defensa de España- y seguir acaparando la fuga de votos del PP que vaticinan todas las encuestas, incluido el último CIS.

Es legítimo que en el PP y el Gobierno concluyan que Cs se retrata y Rivera confirma que es un “aprovechategui”, que dijo Rajoy. Tanto como aceptar que Cs “reacciona” porque sabe que el Gobierno está dispuesto a aceptar a cualquier candidato a presidente de la Generalitat, y cualquier procedimiento, con tal de aparentar que la normalidad institucional y constitucional y poner palos al crecimiento del partido naranja.

Entre ambas tesis, planea una pregunta: ¿es realista plantearse la vuelta a la normalidad en Cataluña con la televisión pública echada al monte, el independentismo movilizando en la calle y un escenario de juicios y condenas a los responsables del procés?

Crónica de un desencuentro

La estrategia del Gobierno ante el pulso soberanista nunca ha convencido a Cs. Rivera aceptó la aplicación de un 155 light porque la intervención del autogobierno asustaba a Rajoy y levantaba ampollas en el PSOE, hipotecado como siempre por la querencia nacionalista del PSC. Con este estado de opinión, y el separatismo en estado de bramido tras el 1-O y la proclamación unilateral de su nonata república independiente,
salvaguardar la cohesión del bloque constitucionalista parecía un requisito crucial para llevar a buen puerto una medida inaudita en democracia. Pero ni la tibieza del Gobierno ni los remilgos del PSC sobre TV3 gustaron nunca a los de Rivera.

En los más de seis meses de vigencia del 155 en Cataluña, la bala de plata constitucional no ha servido para dejar al separatismo sin el control de los instrumentos básicos de ingeniería social (medios y educación), ni ha evitado la explotación exacerbada del victimismo nacionalista, ni ha servido para restituir los derechos vulnerados en Cataluña.

Albert Rivera ha visto como TV3 sigue siendo el aparato propagandístico de los sediciosos, cómo la esperanza que el propio Gobierno había dado a los padres que quieren hacer efectivo su derecho a matricular a sus hijos en castellano se convertía en un motivo añadido de frustración para las familias, y cómo el Gobierno no cejaba en una estrategia de entendimiento con el nacionalismo en busca de la restauración de los modos fenicios del pujolismo. Rivera no cree en esta vía, que también convence a lo socialistas: “Sea tan leal como el PSOE”, le dijo Rajoy en el hemiciclo. Prefiere que todo el mundo se retrate.