El presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker

El presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker François Lenoir/Reuters

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Juncker avisa: una Cataluña independiente quedaría fuera de la Unión Europea

Bruselas rechaza intervenir en el debate sobre el proceso soberanista y el referéndum de Puigdemont.

Bruselas

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Una Cataluña independiente quedaría automáticamente fuera de la Unión Europea y su reingreso podría ser vetado por España o cualquier otro Estado miembro. El presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, ha ratificado este viernes la doctrina oficial de la UE sobre la secesión de territorios europeos que formuló por primera vez su predecesor, Romano Prodi, en 2004. Eso sí, Bruselas descarta intervenir en la crisis catalana, ni siquiera ahora que se acerca el choque de trenes entre el Gobierno de Mariano Rajoy y la Generalitat de Carles Puigdemont por el referéndum de independencia convocado para el 1 de octubre: se trata de un asunto interno español.

"No es el papel de la Comisión expresar una posición sobre cuestiones de organización interna relacionadas con el orden constitucional de los Estados miembros", afirma Juncker en una carta dirigida a la eurodiputada independiente Beatriz Becerra, adscrita al grupo liberal. Becerra había escrito a Juncker (y también al presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk; y al de la Eurocámara, Antonio Tajani) para reclamarle "una declaración expresa, solemne y que no admita interpretaciones" sobre la exclusión de Cataluña de la UE en caso de secesión.

Pero en su respuesta, el presidente de la Comisión ha optado más bien por ponerse de perfil y utilizar un lenguaje tecnocrático, sin contenido político. "Determinados escenarios, como la separación de una parte de un Estado miembro o la creación de un nuevo Estado, no serían neutros por lo que se refiere a los Tratados de la UE", escribe Juncker. Traducido al castellano: la independencia de Cataluña tendría consecuencias en sus relaciones con la Unión.

Es en este punto en el que Juncker se remite a la 'doctrina Prodi', que Bruselas aplica tanto al caso de Cataluña como al de Escocia, aunque no la reproduce sino que se limita a citar la referencia: "Cuando una parte del territorio de un Estado miembro deja de formar parte de ese Estado, por ejemplo porque se convierte en un Estado independiente, los tratados dejarán de aplicarse a este Estado. En otras palabras, una nueva región independiente, por el hecho de su independencia, se convertirá en un país tercero en relación a la Unión", reza la doctrina. Todo un misil a la línea de flotación del independentismo catalán, que se declara europeísta y sostiene que el Estado que pretende crear formará parte de la Unión.

Bruselas ve con distancia el debate catalán

En Bruselas, el proceso separatista catalán se ve con distancia. Nunca se ha debatido en las reuniones semanales de la Comisión ni ningún interlocutor gubernamental ha pedido al Ejecutivo comunitario que se pronuncie. "Mientras que en España se intensifica el debate, ese debate no llega hasta aquí", explica un alto funcionario europeo.

Eso sí, en sus visitas a la capital comunitaria, Puigdemont se ha encontrado con las puertas cerradas. Una señal diplomática de que sus tesis independentistas no cuentan con la simpatía de la UE. En mayo de 2016, Juncker rechazó reunirse con él alegando problemas de agenda. Sin embargo, el presidente de la Comisión sí ha desplegado la alfombra roja con el lehendakari, Íñigo Urkullu, y con el presidente valenciano, Ximo Puig. Desde el Ejecutivo comunitario sostienen que si Puigdemont pide ahora oficialmente reunirse con Juncker, éste no podría negarse, pero le transmitiría en persona la 'doctrina Prodi'.

Además, en enero de este año, los eurodiputados dieron la espalda a la conferencia de Puigdemont en el Parlamento Europeo, a la que asistieron mayoritariamente invitados catalanes residentes en Bruselas o traídos desde Barcelona. Todos los intentos del Gobierno catalán de internacionalizar el proceso independentista han fracasado estrepitosamente.

El secesionismo amenaza además con dejar a Barcelona sin la sede de la Agencia Europea de Medicamentos (EMA, por sus siglas en inglés). La EMA se traslada desde Londres debido al brexit y la decisión sobre la nueva sede se tomará después del verano, coincidiendo con el anunciado referéndum del 1 de octubre. "Es el elefante en la habitación", explican en la Comisión.