La presidenta de la Comunidad, Cristina Cifuentes, con su número dos, Ángel Garrido.

La presidenta de la Comunidad, Cristina Cifuentes, con su número dos, Ángel Garrido. Efe

España POSIBLE ADELANTO ELECTORAL

Los Presupuestos, ¿la última votación que gana Cifuentes en la Asamblea de Madrid?

La diputada Moñux rompe definitivamente con su partido y deja un empate en la Asamblea de Madrid de PP y Cs con la oposición. 

Cristina Cifuentes pasó el viernes serios apuros para sacar adelante las cuentas de la Comunidad de Madrid. El Partido Popular, que cuenta en el Parlamento regional con 48 escaños, está en guerra con una diputada desde octubre, cuando pidió la baja por depresión tras denunciar por acoso laboral al portavoz parlamentario, Enrique Ossorio. Tras meses de dimes y diretes, Elena González-Moñux se comprometió con su partido a ir a votar los asuntos trascendentales como el de este viernes. Pero ha decidido romper la baraja.

La parlamentaria díscola sabía que su voto era imprescindible para que Cifuentes pudiera aprobar los Presupuestos. El Grupo Parlamentario Popular suma 65 votos con los 17 diputados de Ciudadanos, uno más que los 37 diputados del PSOE y los 27 de Podemos juntos. Según ha podido saber EL ESPAÑOL, Moñux decidió ausentarse a última hora "por principios", una posición que suponía dejar en el alambre las cuentas presentadas por su partido. Lo nunca visto. Sin embargo, no contó con que una diputada socialista, Isaura Leal, faltaría al pleno porque acaba de ser operada en un ojo y necesita reposo absoluto.

El plan de Moñux era que, tras tres votaciones con empate a 64 en la Asamblea, las cuentas tuvieran que volver a votarse más adelante. Pretendía bloquear los Presupuestos para, posteriormente, abrir una negociación con el partido: "Sólo votaría para dejar después el escaño a cambio de un puesto relevante fuera del Parlamento", aseguran en fuentes del PP.

Durante toda la jornada que duró el debate de Presupuestos, el equipo de Cristina Cifuentes alimentó la idea de que esperaban en cualquier momento la llegada de Moñux. Los diputados de todos los grupos daban por hecho que no habría ninguna alteración en el guion, y por eso el PSOE no se molestó siquiera en explorar la posibilidad de que su parlamentaria enferma pudiera ir a votar. Pero Moñux nunca llegó.

Solo cuando llegó la hora dela verdad, la de votar, la bancada socialista se dio cuenta de su error. Ya era demasiado tarde. De haberlo sabido, hubieran buscado la fórmula para que su parlamentaria convaleciente votara, "aunque fuera trayéndola en ambulancia". 

Frágil mayoría

La diputada del PP que sí acudió con toda la normalidad a votar los Presupuestos fue Isabel González, la hermana del encarcelado expresidente de la Comunidad. En la reunión del Grupo Parlamentario Popular previa al debate, Cristina Cifuentes se acercó a ella y le dio un beso como muestra del respaldo que, "mientras siga sin estar imputada", tiene de la dirección regional del partido, según reconocen fuentes conocedoras de la reunión.

Sea como fuere, Cifuentes parece dispuesta a disolver la Cámara y convocar elecciones en el caso de que su frágil mayoría quede derrotada. "No tiene miedo a ir a las urnas. Si el viernes le hubieran tumbado los Presupuestos, tras dos años al frente de la Comunidad de Madrid, estaría en perfectas condiciones de disolver la Cámara", mantienen las mismas fuentes.

La dirección regional del PP es consciente de que se abre "un antes y un después" en la relación con Moñux. Se quiere actuar con prudencia y no entrar aún en sanciones porque se trata de una diputada "que está todavía de baja y no tiene la obligación de venir a votar". Sin embargo, hay malestar: "Si sus principios la llevan a votar en contra de su propio partido, ¿qué pinta aquí?".

Si la diputada se enroca en su escaño -personal e intransferible- y opta por quedarse en la Asamblea para hacerle la vida imposible a Cifuentes, la única opción que le quedaría a la presidenta sería medir la fuerza que tiene en las urnas.

El horizonte electoral

La idea de nuevas elecciones en la región, sacudida ahora por la corrupción, no disgusta en el PP, sobre todo cuando se mira en la bancada de la oposición. En el PSOE no hay ningún claro favorito "y en Madrid están divididos entre susanistas y sanchistas". En Podemos se juega con la idea de poner de candidato a Íñigo Errejón, pero el partido necesitaría celebrar un proceso de primarias para elegir a su líder, "y no está claro que Pablo Iglesias quiera como cabeza de cartel al que ya es su enemigo". En Ciudadanos tampoco está nada claro que Ignacio Aguado vaya a repetir como tándem con Begoña Villacís.

Con los aguirristas ya fuera de combate, en el PP tampoco se ve tan descabellada la idea de poner el termómetro a la región antes de 2019. "¿Y si Cifuentes gana por mayoría?", deslizan.