La queja es permanente y recurrente. Se canta por Camilo Sesto un "ya no puedo más" a voz en cuello, en protesta contra tanta lluvia, esa que tanto se echaba de menos… Y sí, a vista de pájaro España parece una especie de estanque; lo de Andalucía ha sido de llorar.
Nuestro sur ha vivido ese tipo de meteorología que no se olvida: borrascas de alto impacto encadenadas. Precipitaciones fuertes e imparables, el viento, ríos desbordados, carreteras arruinadas y cortadas… AEMET lo describió como episodio de "lluvias intensas y extraordinariamente persistentes", con especial impacto en el tercio sur.
La mirada del país se ha dirigido del cielo al sur, impactada por la gran cantidad de personas desalojadas —unas 11.000—, alertada por el posible desbordamiento de los ríos, impresionada ante imágenes de ciudades atravesadas por torrentes hasta entonces inexistentes. Los gritos han sido de miedo y al tiempo de agradecimiento a los servicios de emergencias.
Es un respiro que el agua llegue. Es un dolor que llegue golpeando. Es un premio de consolación en épocas de sequía que el volumen embalsado en la cuenca del Guadalquivir se haya situado en casi el 75% de su capacidad. Y al mismo tiempo, ese dato ofrecido por la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir significa una presión importante para la gestión del riesgo.
Mientras se respiraba un poco más tranquilamente tras el paso de la borrasca Marta, y aun con mucha ciudadanía sin poder regresar a sus casas, una parte de Andalucía celebraba grandes avances en la transición sostenible. La Comunidad no solo está en el centro de los últimos temporales; es centro de una transformación energética que se mide en gigavatios.
En 2024, un 68,1% de su mix eléctrico fue de origen renovable, según Red Eléctrica, siendo la zona de España que puso en servicio más potencia solar fotovoltaica. Hablamos de una revolución renovable que se convierte en una palanca económica.
"España podría ser el golfo Pérsico de las energías limpias". La frase la dijo el consejero de la Junta de Andalucía, en el acto en que la empresa cervecera Heineken desvelaba un secreto. Contaba que desde diciembre de 2025 todas sus cervezas producidas en España se elaboran con energía 100 por cien renovable.
Presumían de la descarbonización de todo el proceso, gracias a plantas fotovoltaicas, de biogás, a la biomasa, al biometano… Presumían, además, de que sus fábricas estaban consumiendo un 20 por ciento de energía. Y de ser el primer país productor de las cervezas de la compañía en conseguir este hito de ser cien por cien renovable. Y hay que aclarar que, si bien se producen en Sevilla, Madrid, Valencia y Jaén, siempre se considera como cervecera andaluza.
Quedó claro que la noticia que la compañía denominaba secreto no era fruto de un trabajo improvisado. Más de una década de pensar y actuar en verde lo precede. Más de una década de alianzas con otras empresas, como Iberdrola o Engie. Más de una década pensando y ejecutando acciones que afianzan territorio, talento y economía de kilómetro cero.
Quedó claro que la energía renovable es un factor de competitividad. Y, volviendo al interés de Andalucía, es relevante destacar cómo últimamente las grandes industrias de Huelva y Cádiz han reclamado el abaratamiento y estabilización del coste energético para impulsar el desarrollo industrial asociado al hidrógeno y a la descarbonización.
Y es que, por mucho que existan parques solares, se requiere una serie de condiciones que permitan seguir avanzando en la carrera de la transición verde. Por eso se reclaman contratos de suministro, subestaciones, almacenamiento y formación.
De hecho, en ese acto festivo de Heineken, tanto el consejero andaluz de Industria, Jorge Paradela, como el madrileño de Medioambiente, Agricultura e Interior, Carlos Novillo, solicitaron más inversiones y más redes, en presencia de la vicepresidenta tercera del Gobierno y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Sara Aagesen.
La ministra aseguró aspirar a un pacto de país contra la emergencia climática. Lo cierto es que, frente a ese imaginario colectivo que identifica transición energética con paneles solares o molinos de viento, los requerimientos son mucho más globales. Posiblemente y desde luego ese pacto al que Aagesen se refirió. Pero fundamentalmente una buena infraestructura eléctrica.
Según datos de Red Eléctrica, nuestra región más meridional acabó 2024 con una potencia renovable equivalente al 65,3% de la instalada, así como con inversiones en red y actuaciones destinadas a cubrir "crecientes demandas energéticas industriales". Por eso es fundamental la resiliencia de red y una planificación estructural que permitan el desarrollo adecuado.
Volvamos al principio. ¿A la borrasca? Más, más al principio: a la grave crisis climática. Y reconozcamos que, en efecto, cuando el agua cae con la violencia con que ha caído, actúa como un misil, destrozando todo lo que encuentra a su paso. Pero produce algo más: pone en evidencia la situación de las infraestructuras, delata la fatiga de los suelos, la vulnerabilidad de las ciudades y su ciudadanía.
En Andalucía se vive, en el mismo plano temporal, la cara más amarga del clima y la más esperanzadora de la transición sostenible. Ambas "Andalucías" son la cara y la cruz de una moneda. Una vez echada al aire, ya hay conciencia de que se impone un trabajo de luces largas y profundas, que pasa por la reordenación del territorio, la restauración de riberas, la adaptación urbana o el mantenimiento de carreteras. Y esto es urgente, porque no parece que la calma después de la tormenta vaya a ser eterna.