Teresa López, presidenta de Fademur, en una imagen de archivo.

Teresa López, presidenta de Fademur, en una imagen de archivo. Cedida

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Teresa López, presidenta de Fademur: "El campo español no valora el trabajo de las mujeres"

Desde la Federación de Asociaciones de Mujeres Rurales, reivindica la necesidad de mejorar las condiciones de vida y las oportunidades en el entorno rural.

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Cuando pensamos en el mundo rural, muchas veces olvidamos el papel de las mujeres en él. Desde las que se dedican a la agricultura o la ganadería, hasta las que se quedan en sus pueblos para montar proyectos y negocios. Personas que en muchas ocasiones se enfrentan a una vida más complicada que quienes viven en una ciudad.

No es solo que su figura esté, en muchos casos, invisibilizada, sino que los cuidados siguen recayendo en ellas, pero en su caso pesan el doble. Cuando la consulta del médico cierra en un pueblo, no hay residencias de ancianos o escuelas, son ellas generalmente las que se ocupan de cubrir estas carencias, además de sus respectivos trabajos.

Así lo asegura Teresa López (Cabañas, A Coruña. 53 años), presidenta de la Federación de Asociaciones de Mujeres Rurales (Fademur). "Es prácticamente obligatorio porque la red de servicios sociales que existe [en el entorno rural] son las mujeres".

Aun así, la directiva de la entidad celebra que la tendencia está cambiando. Entre 2018 y 2025 se registraron más de 66.000 mujeres en los censos de población de municipios de menos de 5.000 habitantes, aporta López citando al Instituto Nacional de Estadística.

Su entidad lleva muchos años trabajando para eso, poniendo el foco en que las condiciones de vida y las oportunidades para las mujeres tienen que mejorar. Se ha avanzado bastante, pero queda aún más por hacer, insiste López en una conversación con ENCLAVE con motivo del Día Internacional de las Mujeres Rurales celebrado este 15 de octubre.

Pregunta: Teresa, cada 15 de octubre vuelven a salir a la calle para visibilizar a las mujeres rurales. Si tuviera que resumir en una sola demanda urgente e irrenunciable la lista de deberes para las administraciones este año, ¿cuál sería?

Respuesta: Es difícil resumirlo solo en una, pero lo primordial es que las condiciones de vida en los pueblos permitan que que cada persona pueda decidir libremente dónde, con quién y cómo vivir.

Durante demasiados años, no se ha hecho caso a las necesidades que teníamos las mujeres, no había oportunidades laborales ni servicios y las condiciones de vida en los pueblos pues eran cada vez más más complejas.

Si en el ámbito urbano, nosotras siempre nos ocupamos de los cuidados de una manera especial, en el ámbito rural muchísimo más. Eso al final acabó provocando que decidiéramos marchar y hacer nuestra vida en lugares en los que todo podía ser un poco más fácil.

P: La Ley de Titularidad Compartida nació para sacar de la invisibilidad a miles de mujeres que trabajaban en las explotaciones familiares sin derechos ni cotizaciones. Años después de su aprobación, ¿siguen existiendo mujeres invisibles en el campo español que trabajan sin derechos ni cotizaciones?

R: Esa norma es el mejor ejemplo de que igualdad legal no significa automáticamente alcanzar la igualdad real. Hay muchísimas explotaciones en España que cumplen con los criterios para que sean de titularidad compartida y todavía no están en esta en esta figura.

Nosotras creemos que cada una de las mujeres que están en las explotaciones de titularidad compartida son auténticas heroínas que han conseguido hacer todos los trámites para poder darse de alta, que no es fácil.

P: ¿Dónde está la barrera para que siga ocurriendo esto?

R: La falta de interés que hay en general de todas las administraciones por difundir la figura de la titularidad compartida. Cuando se aprobó la norma se había previsto una campaña de difusión y unos incentivos que se quedaron ahí.

Que 15 años después, casi siga sin conocerse la figura dice muy poco de la función de las distintas administraciones. Esto va de contarle a todo el mundo que esta figura existe, de facilitar el trámite, de hacerlo con una ventanilla única, que haya más incentivos y también reconocimiento por parte de las comunidades autónomas.

Se debería exigir un trabajo conjunto, porque al final estamos hablando de igualdad de derechos ante el mismo trabajo. No puede ser que en el siglo XXI sigan existiendo obstáculos para que estos se desarrollen en el sector agrario.

P: ¿Creen desde Fademur que el campo español se está sosteniendo sobre el trabajo no reconocido o invisibilizado de las mujeres?

R: El campo español no reconoce el trabajo de las mujeres y no cuenta tampoco con los datos suficientes para hacerlo. Como ejemplo: en el último periodo de programación [de 2023 a 2027], la política agraria común (PAC) ha incorporado por primera vez la perspectiva de género.

Eso ha posibilitado que, si se documenta correctamente, se puedan poner en marcha ayudas diferenciadas para las explotaciones que lo necesiten. De 27 países de la Unión Europea, solo España e Irlanda han hecho el análisis riguroso que hace falta.

Solo nuestro país puso en marcha ayudas adicionales para las mujeres jóvenes que se incorporaban al sector primario. Lo que muestran esos datos de soporte de esas ayudas es que las mujeres están al frente de explotaciones que son más pequeñas en superficie, con menor dimensión económica y con más dificultades para obtener créditos.

A eso hay que sumar un menor acceso a la formación y a la tecnología, además de la sobrecarga de cuidados que asumen porque ellas se ocupan de todo lo que tiene que ver con la logística familiar. Si hay una desigualdad manifiesta, hay que dar una ayuda diferenciada.

P: Se habla mucho de la España rural, pero ¿se está vaciando este entorno por ser inhóspito o machista para las mujeres jóvenes?

R: La sociedad machista y patriarcal está en nuestro país y es algo que existe en el medio rural y en el medio urbano. La diferencia es que en el medio rural tenemos menos posibilidades para afrontar una vida en igualdad.

P: En su entidad también trabajan para ayudar a las víctimas de violencia de género en estos municipios. ¿Llegar tarde o no llegar a proteger a una mujer maltratada en un pueblo pequeño es también una forma de abandono institucional?

R: Es un fracaso del conjunto de la sociedad ocurra donde ocurra, pero es cierto que necesitamos más datos para saber cómo actuar y anticiparnos en el en el medio rural. No hay más violencia en uno o en otro, pero sí que hay menos percepción de ser víctima y más dificultades para acceder a los recursos en el segundo caso.

Sufrir violencia machista en municipios de este tipo significa enfrentarte a una serie de dificultades adicionales que hace que tardes más del doble que las ciudades de media en denunciar y eso es fruto del sistema en el que vivimos.

P: ¿Por qué tardan tanto en reconocerse como víctimas y denunciar?

R: Entre otras cosas, tienen más dificultad para acceder a los recursos manteniendo su anonimato. Ahí entran elementos como no contar con un buen servicio de transporte o que es difícil para ellas saber dónde pueden denunciar sin que se las identifique.

También hay que tener en cuenta la educación y que llega más tarde la sensibilización porque las mujeres no se sienten identificadas con las campañas tradicionales. Todo eso hace que comiencen más tarde el proceso de separación y comienzo de una nueva vida.

P: Desde FADEMUR siempre hacen hincapié en hablar de 'mujeres rurales', en plural. ¿Qué estereotipos o ideas preconcebidas de la sociedad urbana sigue costando más desmontar?

R: Muchas veces al pensar en el entorno rural nos vamos directamente a mujeres mayores, pero también hay muchas jóvenes absolutamente revolucionarias que están poniendo en marcha proyectos supermodernos en sus pueblos.

Por ejemplo, en Fademur hemos formado a 500 mujeres como pilotos de drones para poder mejorar la sostenibilidad de sus explotaciones agrícolas. Estas son realidades muy desconocidas normalmente para la gente que vive en las ciudades.

A pesar de que la mayoría viene de un pueblo, le han dado la espalda y siguen pensando en ese lugar como cuando lo abandonaron. La realidad ha evolucionado para todo el mundo: tenemos conectividad, utilizamos la tecnología y se ponen en marcha proyectos muy innovadores.