Nerea del Río tiene 33 años y es de Robladillo de Ucieza.

Nerea del Río tiene 33 años y es de Robladillo de Ucieza. Cedida

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Las nuevas generaciones luchan por defender las oportunidades que ofrece el campo: "No forma parte del pasado de España"

Agricultores, ingenieros y gestores están cambiando la forma de producir y de entender el medio rural sin renunciar al conocimiento heredado.

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El relevo generacional del campo no pasa únicamente por que los hijos continúen con las explotaciones familiares. También pasa por la llegada de jóvenes con formación, tecnología, capacidad de gestión y nuevas ideas.

Son perfiles que combinan el conocimiento acumulado durante generaciones con herramientas que permiten profesionalizar el sector y buscar nuevas oportunidades en el medio rural.

Nerea del Río tiene 33 años y es de Robladillo de Ucieza, un pueblo de Palencia que apenas supera la veintena de habitantes. De familia ganadera, estudió Bellas Artes en Madrid, una ciudad que "tenía idealizada", pero las condiciones laborales que encontró le hicieron replantearse su futuro.

Terminó apostando por la explotación familiar, convencida de que podía convertirse en su verdadera vocación.

Su llegada no supuso romper con el conocimiento de las generaciones anteriores. "Las ovejas no salen a pastar si hay rocío, el ordeño es sagrado y se realiza con puntualidad y limpieza, a los animales se les trata con el mayor de los respetos", explica.

La diferencia está en las herramientas: "La tecnología con la que contamos ahora es muy superior a la que se encontró mi padre en los 80".

La mecanización, los datos y la digitalización forman parte de su día a día y han sido fundamentales para hacer viable la explotación. Cuando su padre comenzó con la granja criaba unas 200 ovejas; ahora Nerea trabaja con 500. "Sin ayuda de tecnología sería simplemente imposible", asegura.

Su formación fuera del sector también le ha servido. De Bellas Artes ha conservado una vertiente creativa que aplica a la resolución de problemas y la divulgación, mientras que los dos cursos de Matemáticas le ayudaron a desarrollar "una mente analítica" para sistematizar cada parte del negocio y hacerlo rentable sin perder calidad de vida, ni ella ni sus ovejas.

Del Río considera que quienes quieran quedarse en el medio rural deberían conocer otras realidades antes de incorporarse. "Que se hagan un par de años como mínimo de formación fuera de casa", señala.

Nerea del Río estudió Bellas Artes en Madrid.

Nerea del Río estudió Bellas Artes en Madrid. Cedida

Reconoce que el relevo no es sencillo. Destaca la carga burocrática, la elevada inversión inicial, la "extrema presencialidad" que exige la ganadería y las dificultades para acceder a una vivienda en los pueblos.

"Sin acompañamiento es duro resistir", afirma. Por eso reclama facilidades para los nuevos profesionales: "Quien se incorpora ahora lo tiene muy muy claro y habría que ponerle las cosas fáciles".

Del Río ha abierto su explotación, Ovejas y Ríos, a visitas turísticas para mostrar al consumidor el proceso de producción y el conocimiento que hay detrás. Su objetivo es que quien compre un queso pueda comprender "el nivel de excelencia necesario" para su elaboración.

Cuando habla del futuro del campo repite una palabra: "Rentabilidad, rentabilidad, rentabilidad". Para esta joven, hacer de estas profesiones trabajos de prestigio pasa también por garantizar que sean económicamente viables.

Su deseo es que "no cierre una granja más sin relevo o al menos sin haberlo intentado". Porque, concluye, "este sector aún tiene mucho que dar".

Tradición y tecnología

La vocación de Antonio Manuel Conde, ingeniero agrónomo, nació del contacto con el olivar tradicional de la Sierra Sur de Jaén y del esfuerzo de su familia por sacar adelante cada cosecha. Su decisión de apostar profesionalmente por el campo llegó al comprender que "la agricultura no es solo tradición, sino una ciencia aplicada con un potencial enorme".

La formación cambió su manera de mirar el territorio. "Dejas de ver un olivo como un árbol 'marginado' para entenderlo como parte de un ecosistema complejo", explica. La ingeniería le ha aportado un criterio científico-técnico para tomar decisiones basadas en datos y avanzar hacia una agricultura digital y eficiente.

Su generación, sostiene, no debe sustituir el conocimiento tradicional, sino complementarlo. "Mi familia trabajaba de forma incansable, pero basándose en las costumbres de la zona. Hoy aplicamos nuevas tecnologías para medir cada parámetro edafoclimático posible de nuestras fincas y optimizar cada operación agrícola".

Una de sus principales líneas de trabajo es la agricultura de conservación, con especial atención a la salud del suelo y las cubiertas vegetales en el olivar tradicional.

Para ello ha puesto en marcha la finca experimental 'Raíces del Olivar', un "laboratorio" a pie de campo en el que evalúa diferentes manejos de cubiertas vegetales, bioestimulantes, estrategias de poda adaptada y fertilizaciones mediante enmiendas orgánicas.

También apuesta por la digitalización y la divulgación a través de las redes sociales. Considera que las imágenes satelitales, los sensores de humedad del suelo y las aplicaciones móviles de gestión "ya son una realidad". Pero advierte que "la tecnología debe solucionar problemas reales, no crear nuevas complicaciones".

Antonio Manuel Conde, ingeniero agrónomo, nació del contacto con el olivar tradicional de la Sierra Sur de Jaén.

Antonio Manuel Conde, ingeniero agrónomo, nació del contacto con el olivar tradicional de la Sierra Sur de Jaén. Cedida

Para atraer talento joven también reclama reducir las trabas administrativas, facilitar el relevo generacional, ofrecer líneas de crédito adaptadas y garantizar precios justos en origen. "Si el campo demuestra ser un negocio rentable económica y socialmente donde aplicar conocimiento, el talento joven irá llegando solo", sostiene.

Su objetivo es convertir 'Raíces del Olivar' en "un centro de divulgación y transferencia técnica clave en la Sierra Sur de Jaén" y demostrar que tradición e ingeniería pueden convivir para que "el olivar tradicional siga vivo, sea rentable y deje un suelo mejor a las siguientes generaciones".

Talento más allá del campo

La relación de Mónica Tierno Díaz con el sector agroalimentario viene de familia, pero su formación y su trayectoria profesional aportan una mirada diferente. Estudió Relaciones Internacionales y posteriormente orientó sus estudios hacia la dirección de empresas.

Antes de asumir la dirección general de la Agrupación de Cooperativas Valle del Jerte trabajó en el departamento comercial, donde conoció el producto desde el mercado, los clientes y la competencia.

Con solo 26 años asumió la dirección de la organización. Una responsabilidad que le obligó a aprender deprisa y a tomar decisiones con impacto. "Dirigir no consiste en tener todas las respuestas, sino en saber hacer las preguntas adecuadas, escuchar a buenos profesionales, construir una visión propia y asumir la responsabilidad de decidir", afirma.

Mónica Tierno asumió la dirección de la organización con 26 años.

Mónica Tierno asumió la dirección de la organización con 26 años. Cedida

Su recorrido le ha permitido comprobar que el sector necesita perfiles muy diversos. "Necesitamos conocimiento agronómico, por supuesto, pero también profesionales de la gestión, la tecnología, las finanzas, la comercialización o la sostenibilidad".

Desde su experiencia, los jóvenes que llegan a la agricultura muestran interés por nuevas variedades, técnicas de cultivo, mecanización, automatización y digitalización. Muchos proceden de familias agricultoras, aunque algunos han estudiado o trabajado fuera. Después, regresan porque encuentran en el campo la posibilidad de desarrollar un proyecto propio y mantener su vínculo con el territorio.

Pero considera que "no podemos pedir a los jóvenes que se queden solo por tradición o apego al territorio; tienen que poder construir aquí un proyecto de vida con futuro", sostiene. La rentabilidad es, por tanto, una cuestión fundamental.

La tecnología está entrando en todos los eslabones de la cadena. Explica que en las centrales del Valle del Jerte se han incorporado sistemas de calibrado y selección óptica y se avanza en la automatización del envasado y la manipulación. En las explotaciones también crece el interés por la digitalización y la monitorización.

Sin embargo, Tierno Díaz considera que la tecnología debe complementar, no sustituir, el conocimiento del agricultor. Y reivindica también el papel del cooperativismo, que permite compartir "servicios, conocimiento, tecnología o capacidad comercial".

Además, advierte de que no todo joven tiene que convertirse en emprendedor. También hacen falta empresas, cooperativas y organizaciones capaces de ofrecer en el medio rural "empleo cualificado, responsabilidad y posibilidades reales de desarrollo profesional".

A los universitarios les recuerda que el sector agroalimentario es mucho más amplio de lo que se percibe desde fuera y reúne agronomía, ingeniería, tecnología, gestión, logística, sostenibilidad, calidad o mercados internacionales. "Para alguien que busque aprender continuamente y trabajar sobre problemas reales, me parece un sector apasionante".

Profesionalizar para crecer

A sus 26 años, José Ramón Díaz de los Bernardos es ingeniero agrónomo, enólogo y agricultor en la Sierra de Alcaraz. Para él, "el campo nunca ha sido un lugar al que volver, sino un lugar del que formar parte". Entiende la agricultura como una actividad que también permite cuidar el territorio, sostener una economía y mantener vivo un paisaje.

Su formación como ingeniero agrónomo le permite comprender y transformar el campo; la enología le aporta una mirada hacia la transformación y el valor añadido, mientras que su experiencia como agricultor le recuerda que las decisiones deben tomarse sobre el terreno.

Díaz de los Bernardos trabaja en un proyecto ligado al pistacho en la Sierra de Alcaraz y defiende que el cultivo puede generar actividad más allá de la propia producción. "Bien planteado, puede convertirse en una cadena de valor capaz de generar actividad alrededor de la agricultura: servicios técnicos, empleo, transformación, logística, comercialización, innovación y nuevas oportunidades empresariales".

José Ramón Díaz de los Bernardos es ingeniero agrónomo, enólogo y agricultor en la Sierra de Alcaraz.

José Ramón Díaz de los Bernardos es ingeniero agrónomo, enólogo y agricultor en la Sierra de Alcaraz. Cedida

Como Conde, considera que la nueva generación debe sumar tecnología y formación al conocimiento de quienes llevan décadas trabajando la tierra. "El agricultor que lleva décadas trabajando la tierra posee algo que ninguna universidad puede enseñar por sí sola: conocimiento acumulado del territorio".

A ese patrimonio, los jóvenes pueden incorporar análisis de datos, digitalización, mecanización, gestión económica, sostenibilidad, trazabilidad y planificación.

Para él, el medio rural puede ofrecer proyectos profesionales sofisticados, pero para que los jóvenes puedan construir allí su futuro no basta con pedirles que se queden. "Hay que crear las condiciones para que ese futuro sea económicamente viable, profesionalmente atractivo y personalmente posible".

Eso implica, además de rentabilidad y estabilidad, servicios, conectividad, vivienda, formación, movilidad y oportunidades. "Un joven no se queda en un territorio solo porque tenga trabajo: se queda cuando puede construir allí una vida completa".

También reclama una Administración que "facilite más y burocratice menos", financiación adaptada y un ecosistema capaz de conectar agricultores, empresas, cooperativas, centros de conocimiento y jóvenes emprendedores.

Pero el cambio también pasa por modificar el relato sobre el medio rural. Frente a la imagen basada únicamente en el pueblo que se vacía y el agricultor que envejece, reivindica contar las historias de quienes innovan, regresan, emprenden y transforman materias primas.

Considera que esta generación tiene la responsabilidad de demostrar que lo rural no es sinónimo de secundario. "El campo no es el pasado de España. Es una parte esencial de su futuro". Y ese futuro, concluye, necesita "ambición, no resignación".