Abdullah Ibhais.

Abdullah Ibhais. Cedida

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Ibhais pasó 3 años en la cárcel por no ocultar las muertes de Catar 2022: "Si no obedecía, me condenaban a muerte"

El exdirector de comunicación del comité organizador del Mundial de Catar denuncia que fue perseguido y encarcelado.

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Mientras el mundo entero contemplaba a Leo Messi levantar la Copa del Mundo 2022 en Catar, Abdullah Ibhais, director de comunicación del comité organizador de dicho Mundial, observaba aquella imagen desde una celda compartida con otras 30 personas.

Su delito: negarse a encubrir las condiciones infrahumanas de los trabajadores que realizaron las obras del campeonato, y por las que muchos perdieron la vida. "Me dijeron que, si no obedecía, me enfrentaría a cargos castigados con la pena de muerte", revela Ibhais en una entrevista con ENCLAVE ODS.

Hassan Al Thawadi, el máximo responsable de la organización del Mundial, reconoció, una vez finalizado el torneo, la muerte de "entre 400 y 500" obreros migrantes durante los preparativos y la construcción de los estadios.

Esa es la versión oficial, sin embargo, el diario británico The Guardian estimó en más de 6.500 las muertes de trabajadores en Catar desde que obtuvo la sede en 2010 hasta 2021.

Por su parte, Amnistía Internacional denunció que Catar y la FIFA "evadieron sus responsabilidades para evitar pagar indemnizaciones a las familias", atribuyendo los fallecimientos a "causas naturales" en lugar de investigar las condiciones laborales extremas —con interminables jornadas a más de 45 grados— a las que fueron sometidos.

"Cuando vi a Messi levantar la copa, sentí una derrota absoluta. Catar ganó ante miles de millones de espectadores y nadie pareció inmutarse. La FIFA es máxima responsable. Solo querían proteger la imagen del Mundial, a cualquier precio, incluso si eso implicaba encarcelar personas o encubrir la explotación y la muerte de trabajadores", asegura a este medio el que fuera director de comunicación del comité organizador.

Durante tres años y medio, Ibhais permaneció encarcelado y castigado "por no querer callar la verdad". Hoy, su lucha continúa, a pesar de las consecuencias. "Existe una amenaza muy real de volver a prisión si no dejo de hablar. He sufrido consecuencias terribles, pero la verdad debe ser contada", expresa.

Esta es su historia.

Antes de que solicitara un puesto en el Comité Supremo que organizaba el Mundial, Ibhais ya llevaba años trabajando en el ámbito de las relaciones públicas en Catar. Como muchos profesionales árabes, veía el torneo como una oportunidad histórica para transformar la imagen internacional de la región.

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"Para muchos de nosotros en el mundo árabe, este era un acontecimiento único en la vida. Estábamos entusiasmados y creíamos sinceramente que el torneo podía servir como plataforma para promover la tolerancia y tender puentes entre Oriente y Occidente", explica.

Por tanto, trabajar para Catar 2022 era, para él, motivo de orgullo. "Era un torneo para todo el mundo árabe, una oportunidad de situar a nuestra región en el escenario mundial por motivos distintos a la guerra y los conflictos", dice.

Así, durante aquellos primeros años, Ibhais defendió el proyecto mundialista. Hasta que en 2019 tuvo conocimiento, a través de varios vídeos que circulaban por redes sociales, de una huelga de trabajadores migrantes en Al Shahaniyah, una localidad situada al oeste de Doha.

"Formaba parte de una maquinaria diseñada para ocultar la verdad"

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Entonces, la dirección del Comité Supremo del Mundial empezó a dar instrucciones claras sobre cómo afrontar esa crisis. "Teníamos que negar cualquier participación de trabajadores del Mundial en la huelga y proteger así la imagen del Comité Supremo", cuenta el exdirector de comunicación de dicha entidad.

Sin embargo, Ibhais decidió visitar personalmente a los huelguistas. La realidad que encontró allí fue radicalmente distinta a la narrativa oficial. "Encontré a cientos de trabajadores reunidos en condiciones desesperadas. Llevaban al menos dos días sin poder comprar comida. Juntaban las pocas monedas que tenían para comprar agua potable".

El motivo de la huelga: "No habían cobrado sus salarios durante un período de entre dos y seis meses", apunta.

Muchos desconfiaban de él. "Como yo era un empleado gubernamental que entraba en su campamento, no confiaban en mí. La mayoría se negó a hablar. Finalmente, algunos dieron un paso al frente y confirmaron que trabajaban en obras relacionadas con los estadios del Mundial", asevera.

Ser testigo de aquella realidad le hizo abrir los ojos. "Me di cuenta de que formaba parte de una maquinaria de control narrativo diseñada para ocultar la verdad".

"Había dejado de ser una pieza útil para convertirme en un problema"

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Tras aquello, la dirección de la organización le pidió que emitiera un comunicado negando que hubiera trabajadores del Mundial entre los huelguistas. "Yo me negué. Pedí que se resolvieran los problemas de fondo, que se pagara a los trabajadores y que reconociéramos nuestras deficiencias".

Sin embargo, sus argumentos fueron recibidos "con respuestas frías y calculadas" por parte de la dirección. "Había creído que nuestra función era contar la verdad. En cambio, estábamos difundiendo mentiras para ocultar la explotación. Así que presenté mi dimisión, pero no fue aceptada de inmediato".

Tras negarse a colaborar, la situación cambió rápidamente. "Cuando comprendieron que no estaba dispuesto a obedecer, inmediatamente me trataron como una amenaza que debía ser neutralizada. Me dijeron explícitamente que habría consecuencias por mis actos", comenta.

Ibhais fue apartado entonces de funciones importantes. "Cuando insistí en dimitir, me dijeron que primero debía completar determinados hitos. Uno de ellos era un proceso de licitación para seleccionar empresas encargadas de producir contenido para redes sociales durante los tres años siguientes", cuenta.

Además, se le restringió su relación con periodistas internacionales y se le prohibió viajar con delegaciones oficiales. "Había dejado de ser una pieza útil para convertirme en un problema".

"Me dijeron que, si no firmaba, me enfrentaría a la pena de muerte"

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Dos meses después de presentar su dimisión, recibió una llamada de Recursos Humanos. Al acudir a la reunión, asegura que varios hombres vestidos con atuendo tradicional catarí lo esperaban en la oficina.

"Confiscaron inmediatamente mi teléfono. Me ordenaron recoger mi ordenador portátil de mi escritorio, me acompañaron hasta mi coche, registraron el vehículo y luego me trasladaron en su propio coche a un complejo de seguridad en la zona de Duhail, al norte de Doha", relata.

Lo que vino después, según denuncia, fue una campaña para obligarlo a incriminarse. Ibhais sostiene que nunca existió una investigación real. "Todo el proceso estaba orientado exclusivamente a obligarme a firmar una confesión falsa".

La confesión que debía firmar autoinculpándose sostenía que había conspirado con otras personas para adjudicar la licitación a una empresa no cualificada a cambio de un soborno.

"Era completamente falso. El informe técnico final había rechazado a todos los candidatos. Solicitamos repetir la licitación porque ninguna empresa cumplía los requisitos técnicos. Nadie recibió el contrato", detalla.

Entonces, llegaron las amenazas. "'¿Te crees que estás en una película de Hollywood? Si un abogado pisa esta sala le partiremos las piernas', me dijeron. También me amenazaron con transferirme a agentes de seguridad del Estado que, según afirmaban, sabían cómo hacerme firmar y mi familia no me encontraría. Era una amenaza clara de violencia física".

Al día siguiente, en la fiscalía de seguridad del Estado, donde fue trasladado, las amenazas se multiplicaron. "Me dijeron que, si me negaba a firmar la confesión, sería acusado de filtrar secretos de defensa y conspirar con países extranjeros contra Catar".

El fiscal le dio a elegir: "O firmaba el documento o me enfrentaría a cargos castigados con la pena de muerte o cadena perpetua".

Ibhais acabó firmando. "Bajo la amenaza de una condena a muerte, sentí que no tenía otra opción".

"La FIFA decidió no actuar: proteger la imagen del Mundial era su único objetivo"

Abdullah Ibhais

Durante las audiencias del tribunal de primera instancia y hasta la primera apelación, Ibhais guardó silencio. Todavía creía que podría obtener justicia mediante los tribunales. Pero durante la audiencia de apelación, entendió que no iba a ser así. "El juez pronunció mi nombre, me miró y dijo: 'Así que quieres enfrentarte al Estado, ¿eh?'".

A partir de ese momento decidió denunciar públicamente su situación. En septiembre de 2021, contactó con la FIFA, diferentes organizaciones de derechos humanos y medios internacionales.

Human Rights Watch denunció que la fiscalía no presentó elementos de prueba admisibles de que Ibhais hubiera cometido algún delito. El tribunal de apelación confirmó que la única prueba en la que se basaba era su confesión, de la que el acusado se había retractado durante el juicio alegando que se había obtenido mediante amenazas y coacción.

La primera respuesta de la FIFA llegó a través de Andreas Graf, que en aquel momento dirigía el departamento de derechos humanos de la organización. "Graf me pidió que presentara mi caso mediante su sistema de protección de denunciantes y que aportara todas las pruebas. Así lo hice", cuenta Ibhais.

Sin embargo, una vez que recibieron la documentación, la FIFA dejó de responder por completo. "Decidieron conscientemente no hacer nada. Proteger la imagen del Mundial fue el objetivo principal desde el principio", señala.

El encarcelamiento: "Estábamos más de treinta personas en una celda. Teníamos que dormir por turnos"

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Después, ante la impotencia de la injusticia que se estaba cometiendo sobre él, decidió contar su caso a periodistas internacionales. Entonces, fue detenido de nuevo, en su domicilio, a pesar de que estaba legalmente en libertad bajo fianza mientras esperaba la resolución del recurso de apelación.

También fueron arrestados los periodistas de un medio noruego que iban a entrevistarlo, aunque fueron liberados a las 36 horas, no sin antes confiscarles el material que poseían.

"Lo más significativo es que una entrevista que acababan de realizar a Hassan Al Thawadi, secretario general del Comité Supremo, fue borrada antes de que las autoridades les devolvieran el material y los expulsaran del país", apunta Ibhais.

Ibhais, sin embargo, pasó más de tres años encarcelado en condiciones infrahumanas. "Más de treinta personas estaban confinadas en una celda de menos de treinta metros cuadrados. Teníamos que dormir por turnos porque simplemente no había espacio suficiente", describe.

Huelga de hambre: "Un funcionario me dijo que no les importaba si moría. Que era mejor para ellos"

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Nada más ingresar en prisión inició una huelga de hambre que duró treinta días. "Sólo ingería agua y sal", dice, esta última indispensable para mantener la presión arterial, el volumen de sangre y el funcionamiento del sistema nervioso y poder sobrevivir sin apenas comer.

"Pero incluso me quitaron la sal", exclama. "Un funcionario me dijo que no les importaba si moría, mejor para ellos. Sus órdenes eran asegurarse de que permaneciera en silencio, no de que siguiera con vida".

Ibhais mantuvo la huelga hasta que se emitió oficialmente la sentencia del tribunal de apelación. "Una vez confirmada la condena, continuar la huelga dejó de tener sentido".

Poco después fue trasladado a otra prisión, donde asegura haber estado en "aislamiento en celdas extremadamente heladas". "Nunca debí haber estado allí", expresa.

Sin embargo, cuando se le pregunta qué fue lo más difícil de soportar, su respuesta no tiene que ver con el sufrimiento físico. Habla de su familia. "Estar separado de mi esposa y de mis hijos durante más de tres años fue una experiencia devastadora", dice.

Finalmente, la condena inicial de cinco años fue reducida a tres por el tribunal de apelación. Sin embargo, al no poder pagar una multa de 300.000 dólares, permaneció encarcelado seis meses adicionales.

La lucha continúa: "Podría volver a prisión si no dejo de hablar de esto"

Abdullah Ibhais

En marzo de 2025, más de tres años después de que Messi levantara el trofeo, Ibhais recuperó la libertad y regresó con su familia a su Jordania natal, donde vive ahora. Sin embargo, el sentimiento de justicia que lo arrastró hasta aquella cárcel continúa más vivo que nunca.

"Sigo buscando responsabilidad, justicia y reformas. Es una deuda que siento hacia los trabajadores que conocí en Al Shahaniyah, hacia mi familia y hacia mí mismo. Aún me queda una lucha por delante. Tengo que contar al mundo lo que he vivido…"

Por ello, mantiene una acusación frontal contra la FIFA, a la cual tacha de "máxima responsable". "Según sus propios estatutos y códigos, la FIFA tiene la responsabilidad explícita de proteger a los denunciantes y defender los derechos humanos. Sin embargo, permitió que se produjeran violaciones graves únicamente para salvaguardar sus márgenes de beneficio".

Según denuncia Ibhais, las autoridades han seguido intentando impedir que participe en foros internacionales o testifique en procedimientos judiciales relacionados con el Mundial. "Ahora me enfrento a nuevas amenazas de cargos en Jordania por, supuestamente, perjudicar las relaciones con un país amigo. Podría volver a prisión si no dejo de hablar sobre esto".

En el ámbito profesional, también ha sufrido estragos. "Nadie quiere contratar a un expresidiario por un tema tan polémico. Han destruido mi carrera profesional".

Hoy, con el Mundial de Estados Unidos, México y Canadá en marcha, Ibhais asegura no ser capaz de verlo ni relacionarse con él de la misma forma que antes. "No creo que nadie deba hacerlo después de conocer esto", concluye.