Nacho Guadix en una imagen de archivo.

Nacho Guadix en una imagen de archivo. Cedida

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Nacho Guadix, responsable de Derechos Digitales de UNICEF: "[Internet] se aprovecha del débil para lucrarse económicamente"

El experto plantea si podemos educar en un bienestar que los adultos, atrapados también en la hiperconexión, no poseemos.

Más información: El 80% de los niños entre 10 y 12 años tiene al menos un perfil en redes sociales: "Estamos ante una cuestión de salud pública"

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Gran parte de la sociedad actual pasa la vida entre haters, scroll, redes sociales, correos electrónicos y mensajes de todo tipo. Da 'me gusta' a fotos de amigos, pero también de desconocidos y se compara con los creadores de contenido que muestran una vida perfecta, sin que se sepa realmente cómo es al apagar las cámaras.

Los españoles pasan de media más de cuatro horas diarias delante del teléfono móvil, una realidad muy relacionada con que el 55% manifiesta más estrés y ansiedad por el uso de los medios sociales.

Para hablar de ello, ING y Ethic han organizado en Madrid el encuentro 'Reconect@dos: Hacia un mayor bienestar, salud y ciberseguridad en la era de la hiperconexión'.

Un foro de debate que ha puesto sobre la mesa cómo el ecosistema digital actual no solo plantea desafíos en materia de salud física y psicosocial, sino también de seguridad, revelando que el 47,4% de los usuarios españoles ya ha sido víctima de alguna estafa digital.

Una de sus voces ha sido la de Nacho Guadix (Madrid, 55 años), responsable de Educación y Derechos Digitales de UNICEF España. Para el experto, la sociedad se enfrenta a un desafío estructural donde el dedo acusador suele apuntar erróneamente a un único lado, los menores y la labor de los padres.

"A esta generación de familias les ha tocado el reto de lidiar con lo digital y aprenden a base de prueba y error", advierte, equiparando este momento de transición con la reconversión industrial o las guerras del pasado.

Para él lo que hay que preguntarse es si estamos realmente preparados para educar en un bienestar que los propios adultos, atrapados en la misma rueda de la hiperconexión y la falta de autorregulación, no poseemos.

Solemos poner el foco de la adicción o la vulnerabilidad en los menores, pero el 23,7% de ellos afirma que sus padres usan el móvil habitualmente durante las comidas o cenas familiares. ¿Nos cuesta asumir que el problema de salud digital de la sociedad es, en realidad, un reflejo de nuestra propia adicción y falta de autorregulación?

Sí, pero es un tema complejo. Por un lado, hablamos de aparatos en los que hemos depositado toda nuestra confianza como usuarios y lo hemos dejado pasar incluso a sitios muy privados y muy íntimos. Por ejemplo, llevamos el móvil a la cama o al baño y es lo primero que miramos al despertar por la mañana.

El dato lo deja claro, casi el 24% de los padres cenan mirando el móvil. Ni siquiera dejamos ese momento para mirarnos a los ojos, preguntarnos y contarnos cómo nos ha ido el día.

Ese comportamiento que provoca más aislamiento y que volquemos esa necesidad de atención o afectividad en un aparato que siempre está listo para nosotros porque ya nos encargamos de que no se quede sin carga.

¿Estamos preparados para educar en un bienestar que nosotros mismos no tenemos?

Con comportamientos como estos es difícil que esa regulación que nosotros queremos proponerle a los chavales sea más efectiva. Somos los primeros que no le hacemos caso a los informes de consumo de nuestros móviles sobre cuántas horas hemos estado usándolos.

Tenemos que reconocer en ellos esa necesidad de conectividad, de conexión y de apertura a este mundo actual, pero también ser capaces de asesorarles para que no sean víctimas de aquellas cuestiones que más daño les hagan.

Sabemos que hay una parte de chavales que se está viendo afectado su bienestar emocional, pero no necesariamente es por la tecnología. Ya parten de algún tipo de problema y esta hiperconexión lo acentúa.

¿Es posible humanizar lo digital mientras la desconexión de los usuarios signifique pérdidas millonarias para las empresas?

Ese es el principal problema, los modelos de negocio. Si esto ocurriera en otro sector, como la aeronáutica, y nos dijeran que sería más rentable que los aviones fueran menos seguros o si se cayeran mucho más a menudo, nos echaríamos las manos a la cabeza.

La economía digital nos ha permitido crecer y hacer desarrollos enormes en muy poco tiempo, pero eso no puede ser a cualquier precio. El primer internet nos ha salido regular y ahora debemos esforzarnos por hacer uno más humano.

Antes la brecha digital se medía por quién tenía acceso a internet. Hoy parece que el verdadero privilegio es poder desconectarse: las clases altas pagan por colegios sin pantallas y retiros analógicos, mientras que las clases vulnerables dependen de la hiperconexión para trabajar o como ocio barato. ¿Se está convirtiendo la salud digital en un artículo de lujo?

Si no se tiene la formación o las posibilidades, es fácil que las personas más vulnerables recurran a estos sistemas. Para cambiar esto hay que atacar muchos temas, como la conciliación familiar, para que haya adultos formados y presentes que no tengan que empalmar dos trabajos y llegar a casa agotados.

Por eso, soluciones maximalistas como prohibir o limitar sin tener una mirada fina nos pueden llevar a situaciones que no deseamos. El objetivo es dotar de recursos personales, culturales o económicos que permitan tomar la mejor decisión

¿El mayor riesgo actual no es que nos roben los datos, sino cómo se usan para manipular nuestra conducta, polarizarnos y alterar nuestra realidad?

Totalmente. En nuestro primer informe, en 2021, ya mencionábamos la desinformación. Un problema que está socavando el núcleo de nuestras democracias.

Esto nos pone contra la pared en muchas ocasiones porque no podemos hacerle frente a la misma velocidad que ocurre. La influencia que tenían antes los padres y la educación ha quedado relegada a otras figuras mucho más potentes como las que vienen a través de de redes sociales.

Hay que mantener las conversaciones difíciles y previas previas con los chavales. Tenemos que hablar de privacidad, incluso antes de que tengan su propio dispositivo electrónico.

Estamos ante un negocio que está aprovechando una vulnerabilidad para generar un beneficio y crear un lucro económico a costa de de lo que sea.

Vivimos en una dimensión donde lo digital ya es inseparable de lo real, y la IA generativa va a difuminar esa línea por completo. Como sociedad, ¿cuál es el derecho digital más urgente que debemos blindar ya mismo para no perder nuestra humanidad en los próximos cinco años?

La conectividad, que todo el mundo tenga acceso a internet. Cualquiera tiene que poder participar y tener una forma de llegar, de tener conexión que le sirva.

Tras el auge del teletrabajo y la digitalización laboral, el derecho a la desconexión está en la ley, pero rara vez se cumple. ¿Es la cultura corporativa actual el mayor enemigo de la salud mental de los ciudadanos?

No sé si el mayor enemigo, pero ya hay estudios que alertan sobre la hipereficacia que ha traído la Inteligencia Artificial. Ahora puedes hacer seis informes, en vez de solo uno, pero ¿a qué coste?

No podemos dedicarle la misma atención a una cantidad que a otra, porque si tenemos una mínima ética laboral, hay que revisar esos documentos y asumir la responsabilidad correspondiente. Algunas investigaciones ya han visto que las personas se queman antes en el trabajo por culpa de herramientas que, supuestamente, venían a facilitarles la vida.

Pasamos de media más de 5 o 6 horas al día mirando una pantalla. ¿Nos está volviendo la hiperconexión una sociedad más inmadura, impaciente y con menos capacidad de tolerancia a la frustración?

Está claro que hay una parte de mucha presión y otra de competición social. A veces hemos priorizado el tener mucha tecnología más allá de que tuviera un uso bien planificado. Leer un cuento en un PDF no tiene ningún sentido porque lo bueno es manipularlo, poder pasar las hojas, doblarlas y arrugarlas.

Creo que empezamos a ver que no todas las promesas que se habían hecho en el mundo digital se han cumplido y que igual debemos buscar otros aliados.

Eso sí, el cambio va a costar porque es difícil actuar contra compañías que tienen economías más grande que el PIB de muchos países juntos.

¿Qué le recomendarías a un ciudadano saturado si te pide un solo consejo que pueda aplicar desde ya en su casa para reconectarse con su salud y su vida analógica?

Quitarse las aplicaciones que le pongan de mal humor. Yo mismo me di de baja de una red social por ese motivo. Quien quiera conectar, informarse o busque otras cosas tiene más oferta.

Cuando estás 5 horas haciendo scroll, sin saber por qué, y encima te pones de mal humor, igual es mejor alejarse de ello. Tu vida ya es suficiente complicada, no vayas a buscar otro tipo de problemas.